Sol Gabetta: Un viaje por la música judía

No alcanza con ser una consumada chelista dotada de las mejores técnicas y una sensibilidad especial. Al menos para Sol Gabetta. La gran artista cordobesa acaba de editar Prayer, un compacto tan original como conmovedor que impone una mirada y un análisis diferentes, por fuera de ciertas rutinas propias de la crítica discográfica de música clásica en las que lo habitual es observar las capacidades interpretativas de un músico determinado. En este álbum, lo sorprendente es el repertorio y la sucesión de tracks que, uno a uno, van llevando la tensión y la atención hacia el destino final, como un guión de una película, como un libreto de ópera. Si alguien optara por apretar la tecla random y escuchar este álbum de modo aleatorio se perdería la posibilidad de admirar la continuidad y el crescendo sin pausa hasta el colofón genial que concluye la aventura.
El universo de Prayer es el de la música judía ashkenazí, a través de una serie de obras de dos compositores que, desde diferentes posiciones, abrevaron en esa cultura tan peculiar. El viaje comienza con obras de Ernest Bloch, todas en arreglos para chelo y cuerdas. Con la colaboración de la Amsterdam Sinfonietta, dirigida por Candida Thompson, se suceden De la vida judía, un tríptico cuyo primer movimiento es, precisamente, «Prayer», la plegaria que da título al disco. Luego, «Nigún», de la trilogía Baal Shem, y, finalmente, Meditación hebrea, todas ellas escritas, originalmente, para violín y piano o para chelo y piano. Las transcripciones funcionan fantásticamente bien y la comunión entre el canto sensible de Sol y las cuerdas del ensamble es total.
El periplo continúa con una nueva sorpresa, el arreglo para chelo y cuerdas de cuatro de las canciones que integran De la poesía popular judía, la antología de canciones orquestales de Shostakovich. Una vez más, la mutación funciona a las maravillas y, por supuesto, Sol, una Midas cordobesa rediviva, sigue convirtiendo en oro todo lo que toca. Si Bloch era un compositor judío que conocía de primera fuente los misterios y los componentes propios de una cultura singular, Shostakovich emprendió la composición desde la observación de la cancionística de la judeidad rusa. Lo deslumbrante es que, en uno y otro caso, Sol Gabetta se integra a un mundo judío que podría serle ajeno con una solvencia y una musicalidad admirables. Concretamente, su espiritualidad derrumba cualquier hipotética frontera.
Este avance sostenido de pequeños pasos a través de Bloch y de Shostakovich es un ingreso práctico a las sonoridades del universo de la música judía y, a su vez, es el modo que Sol planteó como necesario para arribar al verdadero objetivo de este viaje, «Schelomo», la rapsodia para chelo y orquesta que Bloch compuso para ponerle sonidos a los pensamientos del bíblico rey Salomón. Con una expresividad intensa, Sol Gabetta interpreta a la perfección el larguísimo monólogo del chelo. Acompañada por Leonard Slatkin y la Orquesta Nacional de Lyon, el «Schelomo» de Sol es tan íntimo como personal. En el final del álbum, después de transitar por las emociones mayormente dolientes de la vida judía, Sol cierra el recorrido con «El canto de los pájaros», una canción tradicional catalana que Pau Casals transformó en un himno libertario. Su inclusión en este programa es, sencillamente, magistral, ideal.
Por último, una serie de nimiedades que no hay que dejar de consignar: el sonido del compacto es óptimo, la afinación de Sol Gabetta es impecable y la gran artista argentina aplica las mejores y más sabias inflexiones y fraseos para que cada obra alcance su mejor expresión.
Fuente: La Nación

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here