Relato del horror en el Super Kosher, en primera persona

“Uno de los rehenes intentó salir y le disparó por la espalda”. Así recuerda Sophie, uno de los rehenes cautivos por Amedy Coulibaly en el supermercado kosher de Porte de Vincennes, al este de París. En el ataque, Coulibaly mató a cuatro personas y luego fue abatido. Mientras tanto, las fuerzas de seguridad buscan a su pareja, Hayat Boumeddiene, que habría participado de la toma y luego huido a Siria.

El terrorista, que horas antes había participado en el atentado al semanario ‘Charlie Hebdo’, mató a cuatro rehenes. Sophie relató a Europe 1 las horas de horror que vivió allí dentro.

«Cuando llegué a la tienda me encontré con el cuerpo de una persona, sentado, con la cabeza hacia abajo. Tuve la impresión de estar en una película de terror», contó Sophie, una cliente de la tienda, a la cadena francesa Europe 1.

«Cuando entré me di cuenta de lo que estaba pasando. Miré hacia arriba y el terrorista me dijo: ‘Usted, venga inmediatamente’. Estaba armado hasta los dientes. Yo no podía dar marcha atrás, estaba en la entrada de la tienda, tenía que ir», explicó.

La mujer también contó que otro de los rehenes intentó neutralizar al secuestrador. En un momento, «Coulibaly soltó una de las armas. El joven que estaba frente a él tomó el rifle e intentó dispararle, pero el secuestrador fue más rápido y le disparó en la garganta. El pobre hombre cayó…», relató llorando.

Fue a ella a quien Coulibaly designó para que fuera al sótano a buscar rehenes. Allí estaban los clientes que un empleado, Lassana Bathily, musulmán practicante, había refugiado en las cámaras frigoríficas después de desconectarlas. «Por desgracia había un padre con su hijo de 3 años. Me dije a mí misma que no podía hacer salir a un niño de 3 años, es un horror. La otra cámara no la pude abrir, nadie respondía dentro. Así que me dije: ‘Los dejamos abajo, diremos que no hay nadie'», contó.

La rehén también relató que impidió que el padre del niño intentara actuar contra el secuestrador. «En la escalera, tenía un extintor de incendios y me dijo que iba a golpearlo. Yo le contesté: ‘No hagas nada. Acaba de matar a alguien delante de mí. No hagas nada».

Cuando a las cinco de la tarde irrumpieron las fuerzas de seguridad «todos se apresuraron a tratar de esconderse en algún sitio. Yo me dije: ‘hay que irse de aquí'».

Fuente: Europe1/Perfil

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