Pacto con Irán: el contenido de las escuchas telefónicas que complican al Gobierno

«La información es muchísima, impresionante. A mí me sorprende la impunidad con la que hablaban, la impunidad de decir ‘a mí no me va a pasar nada'». Así resumió Alberto Nisman el contenido de las escuchas telefónicas que forman parte de su acusación contra funcionarios del gobierno nacional por la supuesta elaboración de una estrategia para desligar a Irán de la responsabilidad por el atentado contra la AMIA.

En su presentación, el fiscal federal reveló parte de las conversaciones grabadas que -entiende- son fundamentales para sostener la imputación de Cristina Kirchner, Héctor Timerman, Andrés Larroque, Luis D’Elía y Fernando Esteche. A todos los responsabiliza por haber participado en la supuesta elaboración de un pacto que apuntaba a «lograr la impunidad de los acusados iraníes» en la causa del ataque a la mutual judía.

Según la acusación, el primer acercamiento entre ambas naciones se produjo en la ciudad siria de Alepo durante 2011. Los protagonistas fueron el canciller Timerman y su par iraní Ali Salehi., quienes dialogaron en pos de dar un paso hacia un acercamiento geopolítico y lograr el restablecimiento de plenas relaciones comerciales entre los dos países.

Luego de ese approach comenzaron a sumarse elementos recogidos en escuchas que «comenzaron por casualidad, en un teléfono que estaba intervenido porque por ahí hablaba Mohsen Rabbani», uno de los presuntos responsables del atentado, contó Nisman.

En mayo de 2013 D’Elía se comunicó con Jorge Alejandro «Yussuf» Khalil, quien en la denuncia es señalado como el contacto local entre el régimen islámico y el gobierno de Cristina Kirchner.

«Acá hay urgencia energética. Están dispuestos a mandar a la gente de YPF con nosotros a hacer negocios allá (a Irán)», dice el dirigente social. «Están muy interesados en cambiar lo de aquellos (el petróleo) por granos y carne (…) La reunión fue porque lo pidió la Jefa, eh… Estamos al más alto nivel», destaca el hombre del kirchnerismo.

Ese mismo día, el referente comunitario iraní le informó al gobierno islámico de las negociaciones: «El tema que necesita Argentina es petróleo… petróleo a cambio de granos. Hay un verdadero interés para empezar y entablar las relaciones comerciales de gobierno a gobierno, con funcionarios del gobierno de acá, una delegación de allá viajaría a Caracas o al Golfo, o a Beirut mejor… para empezar las relaciones directas de funcionario a funcionario».

Las charlas se llevaban a cabo con suma cautela debido a la condena internacional contra Irán por sus vínculos con el terrorismo. Y en un momento la negociación se estancó: el desarrollo del intercambio comercial entre ambas naciones quedó supeditado a que se ratifique el Memorándum de Entendimiento, al que Nisman califica ahora como un «pacto de impunidad» para desligar a Teherán de la responsabilidad del ataque a la AMIA.

«Hay un problema político, necesitan que se apruebe el memorando», le informa D’Elía a su contacto. Y Khalil, para explicar los motivos por los que el gobierno islámico dilataba la aprobación de ese acuerdo, responde: «Timerman no cumplió con algunas cosas, esto es así de claro, no cumplió con algunas cosas…».

Sin embargo, luego el nexo iraní se comunicó con las autoridades de su país: «Acá hay luz verde para hacer las operaciones. El tema es que quieren que se apure el memorándum. Que se firme para hacerlo de Estado a Estado, porque por ahora los únicos que están trabajando son los privados».

«Sheik, quédese tranquilo que yo hoy a la noche, cuando llego a mi casa, le mando un informe de todo lo que estoy haciendo», apunta Khalil en un diálogo con Mohsen Rabbani, acusado por la Justicia de la Argentina de ser el organizador y el cerebro del ataque terrorista más grave que sufrió el país durante toda su historia.

En base a esos elementos (y varios más que recogió posteriormente), Nisman entiende que el acusado estaba mejor informado que familiares y víctimas del atentado. Y deduce que, mientras Cristina Kirchner y Héctor Timerman defendían el memorándum y aseguraban que todas sus acciones apuntaban a la búsqueda de la Justicia, el gobierno negociaba la impunidad iraní con uno de los imputados, a través de intermediarios y de canales ocultos.

Al mes de firmarse el memorándum de entendimiento, un agente de inteligencia de Presidencia le comunica a Khalil: «Tengo un chisme, me dijeron que ahí en ‘la casa’ (por la secretaría de inteligencia)… Interpol va a levantar el pedido de captura de los amigos (en alusión a los prófugos iraníes) lo va a levantar ahora».

El gobierno argentino necesitaba que sus pares islámicos anunciaran la aprobación del memorándum. Y se los hizo saber a través de D’Elía: «Tengo un mensaje urgente para pasar allá, estoy en la Casa de Gobierno. No hay asunto más importante que éste, creeme. Necesito que hables con el sheik de allá (en referencia a Rabbani), mirá que es muy groso lo que tengo, eh».

El pedido era que las autoridades islámicas anunciaran públicamente, aunque fuera mentira, que habían aprobado el memorándum. Y lo justificó diciéndole a su contacto que, si accedían, «le demostramos a Interpol que esto avanza y bajan las circulares rojas».

La negativa de la Organización Internacional de Policía Criminal a dar de baja las notificaciones rojas se convirtió en un escollo inesperado y provocó que el parlamento de Irán no tratara el acuerdo con Argentina. «Hay un poquito de desazón allá, hay desazón. Me parece que el ruso de mierda este (discriminatoria alusión a Timerman) se mandó alguna», le comunicó Khalil a sus nexos en el país. «Alguien va a salir con la cara manchada de acá», advirtió en otra ocasión.

Para describir mejor el escenario, Nisman detalló que «había tareas de campo que solo las podía hacer D’Elía, quien en casi todas las conversaciones se definía como un soldado de la Presidente». «Yo hago y no pregunto», comunicaba. «Le decían ‘tenés que reunirte con el delegado iraní’, y lo hacía corriendo».

«Hay pruebas, no sólo las escuchas: todo lo que ocurrió después va en consonancia con estos elementos», agregó el fiscal. «Irán dijo que todo fue aprobado, pese a que era mentira. Todo era mentira para aparentar avances», sentenció.

«Las escuchas datan del año 2008, no es que esto se hizo ahora por una interna de los servicios de inteligencia. La documentación y las charlas telefónicas son tremendamente contundentes y voluminosas», destacó el fiscal, que, asombrado todavía por la tranquilidad con la que operaban los acusados, reflexionó: «‘Un profesor de la facultad me dijo una vez, ‘Nunca descartes la estupidez humana’. Y acá es así…».

Fuente: Infobae

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