»Guerrillero y Soldado». Mucho más que una autobiografía. Análisis de Lic. Eduardo Chernizki

Editorial Milá, de la AMIA, acaba de presentar en la Feria del Libro un texto autobiográfico de David Horacio Nillni titulado “Guerrillero y Soldado”, cuyo subtítulo se refiere a dos momentos culminantes en la vida de quien en las últimas décadas ha sido un responsable  azkan (dirigente comunitario): “Un vida entre La Plata y Bersheva”.

Pariendo de la historia de sus ancestros, que reconstruyó hasta el momento de su nacimiento, llegados a la Argentina como otros miles de inmigrantes judíos que buscaban un mejor porvenir para ellos y sus descendientes, relata luego como fueron sus años felices integrado a los grupos juveniles de la hoy Organización Hebrea Argentina Macabi, los avatares de su vida como empleado de la empresa familiar en remplazo de su padre fallecido, para pasar a detallar con lujos de detalles los sentimientos que lo llevaron a cambiar radicalmente de vida al decidir estudiar medicina en la Universidad Nacional de La Plata, su casamiento con Inés María Pedemonte y su involucramiento, al igual que miles de jóvenes en las luchas sociales que se desarrollaron en el país en los años ’70 del siglo pasado, sus diversos trabajos en el área de sanidad del Servicio Penitenciario, el nacimiento de su hijo Sergio, el miedo que sintió a partir de la acción de la Triple A, su alejamiento de la militancia y la posterior desaparición de su esposa, como gracias a la ayuda brindada por Dany Recanati z’l y la Agencia Judía pudo llegar junto a su hijo a Israel, su adaptación a la vida israelí que lo llevo a cumplir con su servicio militar en el estado judío, su ruptura con los grupos de exilados que por los mismos motivos que él habían tenido que abandonar la Argentina, su segundo casamiento y finalmente su regreso a la Argentina por motivos familiares, y su reintegro a la vida comunitaria judeoargentina.

De lectura ágil, pero sumamente interesante, cada una de esas etapas de su vida no son sólo un relato autobiográfico sino páginas de la historia de la historia comunitaria judeoargentina, que pueden considerarse un documento, si bien individual, de situaciones que debieron atravesar muchos jóvenes judíos, y también no judíos, en los trágicos años de la década del ’70 del siglo pasado.

Pero también es muy interesante, e importante, la defensa que realiza del Estado de Israel, que como bien da a entender en el prólogo Marcelo Birmajer no ha sido muy común en muchos de quienes salvaron su vida gracias al accionar de la Agencia Judía como brazo ejecutor de una política gubernamental israelí de aquellos años.

Birmajer plantea que “Quizás haya sido su atadura imperecedera a lo judío, desde siempre y para siempre, lo que le haya permitido sobrevivir. Sin duda marcó lo mejor de su destino (…) Cualquiera puede deducir que David y yo pensamos muy distinto. Pero su testimonio es un tesoro. Forma parte de ese tesoro que acumulo con codicia para manufacturar en cada una de mis ficciones: el de la historia de los judíos. Y además es verdad”.

Conocí a David Nillni cuando el mayor de mis hijos comenzó a jugar al futbol en uno de los equipos juveniles de Brit Hajim que participaba en los torneos de FACCMA, pues él era uno de los dirigentes de la federación de instituciones sociodeportivas comunitarias y nuestra relación fue fugaz, y por lo tanto desconocía su pasado, que tan bien relata en “Guerrillero y Soldado”, pero por deformación profesional – las biografías y autobiografías me interesan de sobremanera – me comprometí a leerlo y comentarlo.

En ese momento ignoraba el tenor del mismo, pero ahora, luego de haberlo leído detenidamente, pues – como digo más arriba – lo considero un documento histórico de invalorable valor, por lo que recomiendo su lectura.

Pero también deseo resaltar un aspecto que David Nillni casi no desarrolla en este libro, el de su actuación comunitaria como dirigente de FACCMA al reinsertarse en la vida comunitaria judeoargentina, sobreponiéndose a los trágicos momentos que le tocó vivir luego de su regreso al país. Personalmente considero que ser azkan implica un gran compromiso dirigencial con las diversas facetas del judaísmo, y creo, al igual que Marcelo Birmajer que su “atadura imperecedera a lo judío” no sólo “le permitió sobrevivir” sino también dedicarse con pasión a colaborar con la comunidad desde su lugar de azkan.

Por Lic. Eduardo Alberto Chernizki

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