Yael Lubin, paramédica en la delegación israelí en Nepal: »Me siento privilegiada de haber podido ayudar»

Poco después de finalizar su servicio militar obligatorio en Israel, como paramédica en una unidad de Artillería y luego como Comandante del curso de Paramédicos militares, Yael Lubin decidió pasear por India y Nepal, antes de abocarse de lleno a sus estudios universitarios, con el sueño de hacer la carrera de Medicina.

«ME SIENTO PRIVILEGIADA DE HABER PODIDO AYUDAR»

El sábado hace casi tres semanas, el terrible terremoto en Nepal la sorprendió durante el paseo. Pocos días después, se había sumado a la delegación de ayuda israelí, la más grande que llego al país para prestar asistencia humanitaria.

Yael es nieta de uruguayos de ambos lados y también su madre nació en Montevideo. Su abuelo paterno es el muy querido y respetado Profesor Ernesto Lubin y su esposa Flora. Lubin, una de las figuras más apreciadas de la comunidad uruguaya en Israel, mantiene una estrecha relación con colegas en el Hospital de Clínicas.

Este es el diálogo mantenido con Yael, a la distancia, entre Israel y Nepal.

Yael, me dirigí a ti para realizar esta entrevista, dado que el reciente terremoto en Nepal te sorprendió allí durante tu paseo. Pero me gustaría, ante todo, que nos cuentes de tu ligazón con Uruguay.

Mi mamá nació en Uruguay y su familia se radicó en Israel cuando ella tenía 10 años. Mi papá nació poco después que sus padres emigraron a Israel. El idioma español y las historias sobre Uruguay, fueron una parte inseparable de mi niñez. Cuando yo tenía 14 años viajé con mi familia a un paseo en Sudamérica y eso incluyó por supuesto un viaje en búsqueda de las raíces , a Montevideo. Visitamos las casas en las que crecieron mis abuelos e inclusive en la tumba de mi abuelo Aharon. Para mí, aquello fue una experiencia muy emocionante.

Y hablando de emociones, aunque por cierto de otro tipo..¿Qué es lo que viviste cuando la tierra comenzó a temblar?

El terremoto ocurrió un día después de mi regreso de un paseo por el hermoso Circuito de Annapurna. Fueron dos semanas impresionantes pero también muy intensas y cansadoras. Ya estábamos esperando ansiosos el momento de llegar a Pukara y descansar en la ciudad. Fue un sábado de mañana, nos sentamos a desayunar en un restaurante en Pukara que todos los israelíes que pasean por allí conocen bien. De repente sentimos que la tierra tiembla. En segundos, la dueña del lugar gritó «¡terremoto!! y todos corrimos hacia afuera.

Fue sin duda un gran susto pero unos minutos más tarde, todo había vuelto a la normalidad. Es que esa localidad, Pukara, quedó intacta. Recién unas horas más tarde comenzamos a recibir informaciones desde Israel y fue ahí que comprendimos la dimensión de la catástrofe que nosotros, desde donde estábamos, aún no habíamos visto. Durante unas horas el internet no funcionó y recién de noche entendí que en Israel estaban preocupados por nosotros.

¿Es demasiado dramático preguntarte si uno ve la muerte frente a sus ojos? Aunque con lo que ya aclaraste, que el lugar en el que estabas cuando el terremoto, casi no fue afectado, responde por supuesto a la pregunta.

Así es. Yo no sentí en ningún momento que mi vida corría peligro. En efecto Pukara no fue dañada, aunque sí se dio también allí el fenómeno de algunas personas que optaron por pasar la noche a la intemperie temiendo que haya otro terremoto y las casas se desmoronen.

El terremoto duró aproximadamente un minuto y muy poco después hubo otro, más corto y menos potente. Nos reíamos diciendo que nuestros padres seguramente se pondrían nerviosos al leer sobre el terremoto en internet, pero en ese momento no nos imaginábamos que el terremoto, en otras zonas, había sido de tal intensidad que había cobrado la vida de miles de nepaleses. Recién un día después el cuadro se nos aclaró totalmente y comprendimos que no podríamos seguir el paseo de acuerdo al plan original.

¿Cómo fue tu conexión con la delegación israelí?

Apenas comprendí la envergadura de la catástrofe, estaba segura que en cuestión de pocos días llegaría una delegación de ayuda israelí. Mi servicio militar fue en las filas de la Medicina militar y por lo tanto conocía muy bien la capacidad de su gente y su disposición a ayudar, cuando hay necesidad, también a países lejanos geográficamente.

Cuando me enteré de que se había abierto el camino a Katmandú, me uní a otros dos israelíes que estaban paseando por la zona y que habían hecho su servicio militar en el Frente de Defensa Civil, y juntos fuimos a la capital. Llegamos unas pocas horas luego del aterrizaje de la delegación y ayudamos a establecer el hospital. Me ubicaron en el departamento de traumatología y al día siguiente ya comenzamos a recibir pacientes y atender heridos que llegaron en enormes cantidades.

¿Dirías que allí hiciste algo muy parecido a lo que aprendiste en tu servicio militar como paramédica?

No exactamente, ya que yo me dedicaba al tema de medicina de emergencia, y en Nepal, dado que el hospital comenzó a funcionar pocos días después del terremoto, era otro tipo de trabajo y lesiones. Pero aprendí mucho y hacía de todo, tanto lo que me encomendaron en el departamento traumatológico, como ser colocar yeso a un paciente, o cambiar la bolsa de basura cuando se precisaba. Estaba para ayudar y aportar, sea lo que fuere.

Más allá de la cantidad de civiles atendidos en el hospital israelí, de los resúmenes de cuántas operaciones se hicieron allí y cuántos bebés nacieron ¿qué podrías contarnos sobre el trabajo de los equipos israelíes, sobre el ambiente, sobre lo que tú sentiste trabajando allí?

El hospital israelí que se instaló en Katmandú se destacaba no solamente por el tamaño de la delegación sino también por la calidad de los equipos médicos de avanzada que la delegación trajo consigo y ante todo, por la gente elegida para ser parte de esta misión. Participaron en la delegación varios de los mejores médicos de Israel en sus distintas disciplinas. Había otras delegaciones de ayuda, no muchas, y todas mucho más pequeñas que la israelí.

Pero te diría que se destacaba no sólo lo profesional del trabajo sino también el trabajo en un ambiente y una vivencia muy especiales. Los médicos en el departamento traumatológico me recibieron con los brazos abiertos y me enseñaron mucho, con una paciencia extraordinaria. De noche nos sentábamos todos juntos, los médicos, enfermeros, enfermeras, paramédicos, a conversar sobre lo que había pasado en el curso del día, a compartir enseñanzas e impresiones sobre casos médicos interesantes y también a tocar guitarra y cantar juntos.

Para mí fue una vivencia muy singular, siempre en una atmósfera de entrega interminable. Me sentí muy afortunada de participar en una delegación así, cuya meta era prestar ayuda médica y humanitaria a todo aquel que llegara al hospital.

¿Cómo reaccionaban los nepaleses?

Apenas se abrieron las puertas del hospital, numerosos ciudadanos locales comenzaron a llegar, sin cesar. Y a pesar del obstáculo evidente del idioma, sentíamos su agradecimiento en sus miradas. Trabajamos en cooperación con un hospital local, que también nos expresó su gran aprecio por lo que estábamos haciendo.

Yael, me imagino que viviste no pocos momentos difíciles y también emotivos..quizás alguna historia puntual, un recuerdo, puede completarnos el cuadro…

Puedo contarte, por ejemplo, que uno de los heridos que llegó a recibir tratamiento era Rusan, un niño de 12 años, con una fractura abierta en el brazo. Vino al hospital muy dolorido y atemorizado. Yo tuve que quitarle los vendajes improvisados de su brazo y cambiarlos por otros nuevos. Eso le dolió mucho y aunque yo lo hice con gran delicadeza, él lloraba en estado de histeria. Yo lloré junto con él. Y luego, cuando ya pasó la operación, era emocionante verlo sonriente y feliz. Era toda una atracción en el hospital. No se podía creer que ese niño que había llegado tan triste al hospital unos días antes, era el mismo niño contento y sonriente que daba vueltas por el hospital y hacía reír a todo el mundo. Su sonrisa me acompañará por muchos años, estoy segura.

¿Cómo era tu contacto con tus padres, con toda tu familia, durante esos días de trabajo en Nepal? Me atrevo a adivinar que estaban muy orgullosos de ti.

Mis padres me apoyaron mucho y estuvieron muy de acuerdo con mi decisión de unirme a la delegación y trabajar en el hospital. Y creo, sí, que estaban orgullosos. Hablé con ellos por teléfono algunas veces. Yo tengo una relación muy estrecha con mi familia y los extraño mucho. Cuando se abrieron líneas telefónicas con Israel en el hospital, enseguida los llamé para ponerlos al tanto, y también para desear shabat shalom a mis abuelas y a mi abuelo.

La capacidad de aportar y dar de uno mismo, viene del carácter que uno tiene y por cierto de los valores en base a los cuales uno es educado. Tu abuelo paterno, Ernesto Lubin, aporta de su tiempo y sus conocimientos al Hospital de Clínicas en Montevideo, viajando periódicamente por varias semanas para trabajar voluntariamente, y me dijo una vez que es lo mínimo que puede hacer para devolver a Uruguay lo que le brindó desde que él llegó de niño, de Alemania, donde nació. ¿Cómo ves tú este tema?

Mi abuelo siempre fue para mí, y sigue siendo, una figura inspiradora. Gran parte de mi deseo de estudiar Medicina, viene de él, o sea de lo que él me inspira. Yo valoro profundamente todo lo que él ha hecho y hace tanto en Israel como en Uruguay. Y no puedo dejar de decir que más allá de su condición de médico, de los más profesionales en su área, es ante todo un abuelo que nos da a todos los nietos mucho amor e irradia siempre calidez. Sé que la sensibilidad y la forma que tiene de actuar con nosotros, sus nietos, son características también de su trabajo profesional.

Tienes toda la razón del mundo. Yael ¿quisieras agregar algo para terminar?

Quisiera recordar que este martes hubo un nuevo terremoto en Nepal. Esta vez estaba más cerca del epicentro y lo sentí muy fuerte. Afortunadamente también esta vez salimos ilesos junto a mis compañeros. Nepal es un país hermoso y hospitalario. Mi esperanza es que se recupere pronto de la situación actual y vuelva a atraer rápidamente a numerosos turistas del mundo entero. Me alegra haberla conocido antes del terremoto pero también estoy agradecida por el privilegio de haber participado en la delegación de ayuda de Israel.

Por Ana Jerozolimski
Fuente: Uypress

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here