EEUU-Irán: escenarios de una compleja negociación nuclear. Por: Gabriela Esquivada

La voluntad del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, de llegar a un acuerdo con Irán que limite su programa nuclear enfrenta varios problemas.

En el plano doméstico, el Congreso pasó una ley para que cualquier pacto sea sometido a la aprobación —o desaprobación— del Senado. En el plano internacional, los movimientos contradictorios de Irán: anunció su rechazo a inspecciones internacionales, brindó ayuda a los hutíes en Yemen y volvió a amenazar al Estado de Israel. Pero existe otro plano complejo, el histórico: es imposible saber si todavía es posible lo que aspira a hacer el mandatario que se dispone a salir de la Casa Blanca.

«Lo que Obama pueda hacer, si a esta altura puede hacer algo, es bueno», dijo a Infobae América Christine Sixta Rinehart, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Carolina del Sur en el Condado de Laurens (USC) y del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP). «Pero hay una gran diferencia entre estar construyendo un arma nuclear y tener una», agregó.

En uno de sus cursos de 2008 utilizó un libro, The Iran Threat (La amenaza de Irán), del técnico iraní exiliado en los Estados Unidos Alireza Jafarzadeh, quien sostenía que Teherán se hallaba a dos o tres años de conseguir un arma nuclear. «Creo que hoy la pregunta es: ¿tiene Irán armas nucleares?», agregó Rinehart. «Nadie quiere que Irán tenga armas nucleares, en ningún lugar y en ningún momento; nadie en Medio Oriente salvo quizá el Líbano. La pregunta es: ¿qué tiene Irán realmente? Y nadie parece saber la respuesta.»

Si Irán tuviera un arma nuclear, ¿dónde la iría a lanzar? «Israel», dijo Rinehart. «[El líder supremo ayatollah Ali] Khamenei ya ha hablado de dispararle a Israel. E Israel irá contra ellos. O no. Depende. Pero eso podría desatar una guerra enorme, acaso mundial.»Ella se cuenta entre los que miran el acuerdo con escepticismo[R1] .

«Ya ha habido tratados de no proliferación con Irán, en particular mediante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de las Naciones Unidas, e Irán los ha roto de una manera u otra», ilustró. «Es bueno para la región que el presidente Obama lo intente, pero veo poco espacio para creer que Irán va a respetar su parte. Inclusive a la OIEA le decían que podían hacer una inspección, pero solamente un día determinado a una hora determinada. Y cuando la OIEA llegaba le decían que en ese momento no, que después. Tenían una instalación presuntamente capaz de crear un arma nuclear y movían material bajo tierra, sacaban cosas del complejo donde se iba a examinar si había rastros de uranio.»

Otros miran las conversaciones con optimismo. El profesor de Sociología y Estudios Religiosos Mark Juergensmeyer, director del Centro de Estudios Globales e Internacionales Orfalea de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) por ejemplo: «Las negociaciones actuales con Irán son muy significativas por varias razones», dijo a esta web, «entre las cuales no es menor la probabilidad de un acuerdo que limite la proliferación de instrumentos nucleares en la región y disminuya las posibilidades de una guerra que involucre a Irán».

O la antropóloga social Narges Bajoghli de la Universidad de Nueva York (NYU), becada para su doctorado por el Instituto Estadounidense de Estudios Iraníes, entre otras instituciones: «Lo que un pacto hace es mostrar que Irán no tomará el camino de las armas nucleares, más que otra cosa. Pero otros en la región ven que el acuerdo señala más que también que Irán podrá vender su petróleo libremente, lo cual implica que la economía crecerá y habrá más espacio para las empresas en la región, porque en este momento Irán, aislado del modo en que ha estado, ha disminuido su papel y permitido que emergieran otros países, como Arabia Saudita. Para mí no es tanto una cuestión de armas nucleares como una cuestión de normalización de las relaciones y las posibilidades que vienen con eso».

Ese mismo punto destacó el profesor Juergensmeyer, experto en violencia religiosa —publicó, entre muchos libros, Global Rebellion: Religious Challenges to the Secular State (Rebelión global: desafíos religiosos al Estado secular) y Terror in the Mind of God: The Global Rise of Religious Violence (Terror en la mente de Dios: el ascenso global de la violencia religiosa)—: «El acuerdo también señala la voluntad del gobierno de Irán para negociar y comenzar a conversar con Europa y los Estados Unidos, y para abrirse a una interacción mayor con el mundo».

Bagoghli agregó: «Hay mucha desconfianza en ambos lados, pero también creo que ambas partes se han dado cuenta, en particular desde el escenario mundial post 11 de septiembre, que se necesitan mutuamente, pero aunque los Estados Unidos no estén de acuerdo con algunas políticas de Irán en la región y del lado iraní también se sienten amenazados por las ramas sunitas del extremismo, aun si no están de acuerdo con lo que sucede en Siria apoyan al [presidente Bashar] al Asad porque se oponen al extremismo islámico que está peleando allí».

El peligro y la promesa, en la región y en Washington

Irán y Arabia Saudita compiten la influencia regional. La idea de un acuerdo histórico entre Irán y los Estados Unidos como parte del Grupo 5+1 (Francia, China, el Reino Unido, Rusia y Alemania además) ha molestado al reino, que además es sunita mientras que su competidor es chiíta y apoya a Hezbollah, por ejemplo. La casa de Saud ya ha hablado con Pakistán sobre la compra de armas nucleares. Muchos creen que también Turquía y Egipto querrán hacerlo en caso de un acuerdo: es decir que una medida positiva podría provocar consecuencias negativas y peligrosas.

Irán y Arabia Saudita compiten por la influencia regional

«Arabia Saudita es uno de los mejores aliados de los Estados Unidos», recordó Rinehart, también miembro de Sixta Consulting, Inc. «Pero todo el mundo quiere tener un arma nuclear si puede, y creo que Arabia Saudita va a conseguir una».

Bagoghli quien es, además, documentalista (su película The Skin That Burns —La piel que arde—, sobre los sobrevivientes de las armas químicas en Irán, se proyectó en diversas ciudades del mundo, de Hiroshima a La Haya, de Teherán a Nueva York), cree que «un acuerdo nuclear no va a traer proliferación». Va a permitir una cierta normalización de las relaciones entre Irán y Occidente, argumentó, «y eso potencialmente amenaza la posición de Arabia Saudita en la región, pero no creo que en el aspecto nuclear sino en el aspecto de la cooperación en la religión y de las guerras que suceden ahora en Siria y Yemen».

Juergensmeyer (ganador de los premios Grawenmeyer y del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, además de haber sido elegido como investigador por el Wilson Center y la Fundación Harry Frank Guggenheim Foundation, entre otras instituciones) tampoco ve ese riesgo: «La negociaciones son una muestra de madurez de Irán como país y como miembro de la comunidad global que traerá numerosos beneficios en el futuro».

Al contrario, el profesor de UCSB distingue un beneficio: «Una de las consecuencias más inmediata será la cooperación mayor entre los Estados Unidos e Irán con respecto al ISIS y la necesidad de que los gobiernos en Bagdad y Damasco —ambos apoyados por el gobierno de Teherán— cambien sus políticas y se vuelvan más abiertos a la participación sunita en la vida política de Irak y de Siria respectivamente».

Por eso, cree el experto, «las oportunidades son considerables y las negociaciones en sí tienen importancia histórica». Bagoghli —quien escribe en The Guardian y The Huffington Post entre otros medios— considera que existe la posibilidad de que el acuerdo no se firme. «Pero creo que el gobierno de Obama ha puesto mucho en esta negociación para lograrlo, a este punto, como para que lo deje caer completamente», especuló.

«Aplaudo a Obama por buscar el acuerdo, pero no sé qué se puede hacer hoy», desarrolló Rinehart, autora de Volatile Social Movements and the Origins of Terrorism (Movimientos sociales volátiles y los orígenes del terrorismo). «Como Obama tiene una política exterior muy débil y pobre, creo que está tratando de hacer de esto una suerte de legado. Creo que continuará intentándolo. Obama le escribió una carta al ayatollah Ali Khamenei que fue básicamente ignorada, pero él parece muy decidido a tratar de sacar esto adelante. Pero soy muy escéptica sobre la posibilidad de que se llegue a un pacto en la fecha establecida [del 30 de junio]. Y uno puede preguntarse qué va a hacer el Congreso luego.»

—¿Qué opinión tiene de la norma aprobada para que aun si se logra el pacto, el Congreso pueda congelarlo durante 30 días, mantener las sanciones, y evaluarlo para aprobarlo o rechazarlo?

Bagoghli: «Creo que es algo más bien de la situación interna de los Estados Unidos, la oposición republicana mayoritaria en el Congreso, pero creo que dado el enorme potencial económico [de Irán] importa la normalización de lazos, en especial a medida que Medio Oriente se vuelve más y más complicado en lo político. Va a tomar tiempo pero creo que al final, aun con el control republicano del Congreso, se podrá encontrar un camino.

Rinehart: Si observamos la Constitución, el presidente tiene un papel importante en la política exterior para la creación de tratados, pero luego el Senado aprueba esos tratados. Desde un punto de vista no partidario, aunque el Congreso tiene derecho a aprobar pero el pacto que el presidente tiene derecho a hacer, parece que están tratando de desviarlo. Porque, ¿qué daño puede causar el hecho de que Obama intente lograr un acuerdo de no-proliferación de armas nucleares con Irán? No apruebo la política exterior de Obama, pero me resulta confuso por qué [los legisladores] hacen esto, es algo muy menor a esta altura.

Presidente demócrata, Congreso republicano, acuerdo nuclear fallido… en 1994

En su artículo «The Myth of a ‘Better’ Iran Deal», el ex asistente especial del Presidente y coordinador de Medio Oriente, África del Norte y la región del Golfo Pérsico para la Casa Blanca, Philip Gordon, escribió:

«Considere este escenario. Un gobierno estadounidense demócrata, en tarea unida con socios claves internacionales, negocia un tratado de no-proliferación nuclear con un estado rebelde adversario. (…) Se elige entonces un Congreso nuevo, cuya mayoría republicana rechaza de modo vociferante «el premio a la mala conducta» y se opone al acuerdo. (…) El acuerdo, previsiblemente, se cae; la intensificación de las sanciones de los Estados Unidos no consigue el efecto deseado, la opción militar resulta inviable y el estado rebelde avanza con su programa nuclear, y finalmente prueba y acumula un número creciente de armas nucleares.»

Rinehart, también experta en terrorismo femenino y resolución de conflicto internacional, opinó que se trata de una buena comparación. «Entonces nadie en la zona [Japón, Corea del Sur principalmente] quería que Corea del Norte tuviera armas nucleares», señaló. «Si bien son dos culturas muy distintas, también hay similitudes: son dos países rebeldes que hacen lo que quieren, nada les importa y constantemente causan problemas, y promueven el terrorismo.

Bagoghli —quien pasó tres semestres realizando tareas de investigación en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad de Teherán gracias a la Beca Susan Knafel— disintió: «No creo que esas situaciones sean comparables. Dentro de Irán hay una enorme presión, desde todos los sectores sociales, para normalizar las relaciones económicas con el resto del mundo. La situación económica es muy mala y hay una sociedad de consumo muy fuerte, algo que lo hace muy distinto a Corea del Norte en 1994. Del lado de los Estados Unidos, dada la situación en Medio Oriente, Irán sería una suerte de nuevo aliado estable; y aun si no fuera un aliado sería un país estable en muchos niveles, que juega un papel importante en la región».

La experta de UTEP y USC cree que el aislamiento económico es un punto: «Irán necesita terminarlo. Pero Irán va a hacer lo que quieran hacer con las armas nucleares. La razón por la que continúan negociando es porque quieren obtener todos los beneficios que puedan. Por ejemplo, si consiguen el levantamiento de las sanciones económicas, los ayudaría económicamente».

Y allí se agota la voluntad de cambio según Rinehart: «Si observamos el régimen, desde [el ayatollah Ruholla] Khomeini hasta su sucesor Khamenei, nada ha cambiado. Quizá los iraníes quieren un gobierno más democrático, aunque lo que eso significa para ellos es muy distinto de lo que significa para Occidente: es otra perspectiva. Cuando Mahmud Ahmadineyad fue elegido en 2009 hubo denuncias de fraude, y en todo caso el ayatolá decide las candidaturas presidenciales [el Consejo de Guardianes de la Constitución, encargado de eso, está compuesto por doce miembros, seis de ellos designados por el ayatolá]. Básicamente nada ha cambiado y no creo que cambie».

Como Gavin Serkin, el economista de Bloomberg que escribió su libro Frontier sobre los mercados fronterizos, los emergentes entre los emergentes, Bagoghli cree que, si saliera del aislamiento, Irán se revelaía como un país interesante para la inversión. «Tiene una población grande y un mercado muy consumidor. Como es una economía petrolera la gente tiene dinero en sus manos. Tiene un potencial grande. También es una población educada, actualizada en lo que pasa en el mercado de Internet, y ha desarrollado un mercado interesante aun estando aislada. Creo que el algo a observar», dijo.

Lecciones de la historia

«Las relaciones entre los Estados Unidos han sido complicadas desde la década de 1950 en adelante, pero en especial desde la guerra de Irán-Irak se complicaron más», dijo la profesora de NYU, en referencia a la participación del gobierno de Ronald Reagan en la guerra Irán-Irak.

«Una de las cosas que más pesa es el apoyo estadounidense a Saddam Hussein y, en relación con eso mismo el apoyo y la provisión de armas químicas que se usaron extensamente durante la guerra de Irán e Irak», detalló, con conocimiento de causa: su documental se basa en una extensa investigación entre las víctimas. «Hay 100.000 sobrevivientes de las armas químicas en Irán hoy. Eso ha jugado un papel enorme, que en Occidente se ha olvidado pero en Irán se recuerda a diario. El hecho de que se hayan usado armas químicas, según reconocieron las Naciones Unidas, y que no se hubiera tomado ninguna medida, sigue jugando un papel en la psiquis del país pero sobre todo de los líderes militares y políticos. Así persiste un nivel muy alto de desconfianza entre los países por estas cosas que sucedieron durante la guerra de Irán Irak».

Rinehart observa un punto del conflicto de la década de 1980 que conviene revisar hoy. «Irán tiene uno de los ejércitos más poderosos de Medio Oriente, son un poder regional», dijo. Pero no uno como los que se esperaría: «Entender el modo en el que libran una guerra, como hicieron en la de Irán-Irak; enteder su concepto del valor de la vida humana, que es muy diferente del estadounidense, importa mucho. Irán sacrificará gente en tanto pueda ganar. Una guerra con ellos sería muy traumática. Tenemos que prestar atención a su modo de ser».

Mientras muchos celebraban que a Ahmadinejad en 2013 lo sucediera Hassan Rohani, descrito como más moderado, Rinehart no compartió el entusiasmo: «Hubo un pequeño cambio en el régimen, pero no mucho. No hay nada democrático en una teocracia. La gente espera el cambio, pero nada ha cambiado. Rohani habla bien, pero no sé si es realmente diferente de Ahmadinejad. Y además el poder pertenece al ayatollah, el presidente tiene poco poder. Por eso para analizar el escenario de hoy es muy importante entender el pasado».

Fuente: Infobae

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