Una reparación histórica para los sefarditas. Por Mario Cohen (VIDEO)

El poeta colombiano Germán Arciniegas señala: “España tiene una provincia andante. Una provincia sin tierra. Es su provincia hebrea, de una tradición tan honda, trágica y poética como pueden serlo Castilla, Galicia y Andalucía”. ¿A quiénes se refiere Arciniegas y por qué la llama “provincia andante”?

Ocurre que en 1492 los judíos de Castilla, Aragón y sus colonias fueron expulsados —de la noche a la mañana— luego de haber convivido en la Península Ibérica (en hebreo, “Sefarad”) durante un milenio. En sólo tres meses tuvieron que malvender sus bienes y marcharse.
Así lo narra el cronista oficial, Andrés Bernáldez: “Salieron (los judíos) de las tierras de sus nacimientos; chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros en asnos y otras bestias, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por donde iban los convidaban al bautismo”.
Entre 30.000 y 200.000 son los que eligieron marcharse (no hay acuerdo sobre el número entre los historiadores). ¡Un exilio dentro de otro exilio!
Los judíos españoles, llamados a sí mismos “sefardíes”, se refugiaron en casi toda la costa del Mediterráneo “como gotas de aceite en aguas extranjeras”, según expresara el historiador Fernand Braudel.
En la nueva diáspora, durante centenares de años siguieron –por diversas razones- fieles al idioma español, denominado “judeoespañol” o “ladino”, sumando los aportes provenientes de los lugares donde se asentaron. ¡Excepcional ejemplo de supervivencia de una lengua, lejos de su metrópoli cultural!
Queda una importante cuestión, atinente a España, y que se puede formular así: ¿Puede haber antisemitismo sin judíos? Lo cierto es que entre los siglos XVI y XIX no hubo judíos en España pero continuaron las expresiones y actitudes antijudías; algunas se han mantenido en el lenguaje hasta el día de hoy. Inclusive en nuestro presente, en el que hay una pequeña comunidad judía en España, allí el antisemitismo no se ha podido desterrar.
A principios del siglo pasado, a partir del libro “Los españoles sin patria y la raza sefaradí”, publicado en 1905, del senador español Ángel Pulido, comienza hacia el orbe sefardí un movimiento de simpatía, llamado “filosefardismo”.
Así llegamos a junio de 2015 —a 523 años de la Expulsión— cuando el Congreso español con el apoyo de todos los partidos políticos, reconoce la filiación de los descendientes de los judíos sefarditas y determina que se les conceda la nacionalidad española. Portugal se adelantó en algunos meses en el mismo sentido. Si bien en la decisión influyen razones prácticas como el deterioro de la economía, y se establecen algunos requisitos difíciles de cumplir, igualmente nos hallamos ante un hecho histórico de enorme dimensión.
Saludamos a la nueva España que redescubre hoy su propio pasado. La historia comienza a brotar. A la verdad tapada, se le quita la cobertura, se la “descubre”. Las joyas del pasado, ocultas bajo la alfombra, vuelven a relucir.

Autor:Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Fuente: Clarín

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here