Van a cumplirse 32 años del atentado a AMIA. 32 años en el que el mundo sigue andando entre celebraciones como el Campeonato Mundial de Fútbol, los terremotos en Venezuela, la guerra rusa-ucraniana, los acuerdos dudosos de paz de Israel con el Líbano, las amenazas de destrucción de Irán a Israel y el terrorismo sigue vigente.
Las “Piscinas reflectantes del Memorial Nacional 11 de Septiembre”, donde estaban las Torres Gemelas Norte y Sur en el Word Trade Center en Nueva York, siguen reviviendo con sus cascadas los 2938 nombres de las víctimas del atentado de 1993, las del Pentágono y de los socorristas. 32 años de más brutales atentados como terremotos de una ideología suicida y dictatorial y el mundo sigue andando.
Y sigue la lista de lugares y víctimas a manos de extremistas islámicos. Y continúan para imponer una Sharia universal para gobernar a la humanidad a través de sus incursiones, asesinatos, destrucciones, guerras y capturas de rehenes para canjearlos por sus pares encarcelados. Y siguen al ser liberados para invadir, matar, hacer estallar bombas y dejar ruinas y gente entre los escombros. Algunos camuflados han encontrado refugio en occidente mezclándose con la gran población musulmana que llegó al viejo continente escapando por repudio a otras ramas religiosas también considerados infieles. Y como confesaron los que padecieron sus torturas de sus manos sin ser juzgados…”Los criminales caminan y viven entre nosotros”.
Este mundo dividido por las grandes potencias por ideas políticas o religiosas para imponerse realizaron incursiones y conflictos armados que han costado tantas vidas, tantas familias diezmadas, tanto cementerios militares, tantas fosas comunes, tantos enemigos, tantos destrozos de monumentos y edificios, tanta gente paria, tanto guerrilleros vengativos, tanto soldado al servicio de una patria, tantos museos con demostraciones de lo que puede llegar el odio, tantos libros con historias terribles, tantas películas para reflexionar… pero de nada ha servido. El camino del mal atrae para castigar y provocar y si se trata de los judíos más, porque son los culpables de todo debido al slogan infernal que ha quedado penetrado en las entrañas de generaciones tras generaciones a través de los siglos.
El terrorismo cambió el orden de la vida cotidiana. Nadie sabe dónde se esconde el que toma decisiones. Nadie sospecha cuándo será el momento y el lugar en el que alguien decida si vivirás o morirás. Pero se sabe que en algún momento saldrán de sus escondites como salieron de los túneles el 7/10, y no importa que caiga quien caiga basta cumplir el mandato: matar al enemigo directo o indirecto incluida la ofrenda de vida como las de los conductores suicidas. Tal cual fue el atentado a la Embajada de Israel en 1972 y luego a la AMIA en 1994, con coche bomba, en ambas, hubo 29 muertos y más de 200 heridos en el primero y 85 muertos y 300 heridos en el segundo. Y los daños colaterales de edificios vecinos, transeúntes, madres, hijos, padres, ciudadanos, vendedores y todo aquel que entre paredes y calle hacía su camino.
Han pasado 32 años del Atentado a AMIA y el mundo sigue andando inundado de fanáticos con banderas vociferando cánticos y aplaudiendo a asesinos que invierten en armas en vez de progreso para su puebloproponiendo que Israel desaparezca del mapa. Intentos y logros el terrorismo han demostrado el peligro que es y sin embargo a pesar del alto costo de inseguridad ha aumentado el antisemitismo. Parecería que el mundo no ha tomado conciencia del valor de la democracia y las consecuencias de la discriminación.
Han pasado 32 años… y pasar delante del nuevo edificio de AMIA con su muralla con los nombres de los asesinados por el ataque del 18 de julio de 1994 estremece el alma.
Gracias al reciente Juicio en Ausencia quizás algún día los fantasmas de los acusados prófugos, atribuidos por la justicia argentina a Irán y Hezbollah, algún día serán de carne y hueso ante los ojos agotados de llorar de los deudos por sus seres queridos.
Martha Wolff

