Estado Islámico, Hizbollah y Hamasson grupos terroristas eliminacionistas

El género humano está atravesando uno de los momentos más dramáticos desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. Tiene que ver con la proliferación de grupos yihadistas que aprovechan la bonanza económica de sus benefactores y sostenedores y, con consignas políticas y religiosas, atropellan a los individuos o a los grupos minoritarios que se encuentran bajo sus dominios territoriales.

Desde la irrupción de Estado Islámico (Isis o Daesh) en el orden internacional, en Oriente Medio la violencia se tornó un mecanismo para dirimir arcaicos conflictos interétnicos entre chiítas y sunitas que datan del siglo XII.

Lógico, los propios sunitas que no aceptan la violencia desplegada por Estado Islámico fueron sus primeras víctimas.

Luego se sumaron los chiítas, los yazidíes-kurdos, católicos-cristianos, disidentes políticos, homosexuales, el Vaticano (destruir el crucifijo y al papa Francisco) y el Estado de Israel, prometiendo hacer flamear la bandera negra sobre la Basílica de San Pedro y el Kotel.

Ahora bien, no pueden omitirse los tristes atentados de Beirut, previos al hecho múltiple de París, y el estallido del avión ruso sobre el 
Sinaí.

Todo demuestra el largo alcance del grupo terrorista, que supera el vasto poder territorial en el neocalifato, el cual ya es hora de detener.

El embajador del Líbano en Argentina, Antonio Andary, realizó un interesante análisis de la cuestión educativa en determinadas mezquitas.

Relata que allí les hacen a sus jóvenes verdaderos lavados de cerebro, lo cual los lleva a un yihadismo brutal que no contempla la vida propia ni la ajena.

Lamentablemente, equivoca el rumbo al involucrar al Estado de Israel como agresor. Y sostengo con firmeza esta crítica, porque Andary parece olvidar que Israel es un Estado democrático que tiene derecho, por normas internacionales, a la autodefensa, y que las pone en práctica en respuesta a los ataques misilísticos realizados desde la Franja de Gaza por el grupo fundamentalista Hamas.

En dos oportunidades tuve que protegerme en un refugio. Luego me enteré de que en uno de los ataques perdió la vida Daniel Tragerman, de 4 años, hijo de un argentino.

Una de las principales premisas fundacionales de Hamas es eliminar de la faz de la Tierra al Estado de Israel y sus habitantes judíos. De por sí, esta ideología se traduce en episodios criminales masivos e indiscriminados, los cuales constituyen crímenes contra la humanidad o, en lo potencial, en un genocidio (tipificado legalmente como tal), con base territorial en la Franja de Gaza.

Flagelo

Asimismo, cabe recordar que Argentina sufrió dos bárbaros atentados terroristas: en 1992, con la voladura de la Embajada de Israel (estuvo entre los asesinados Francisco Mandaradoni, un italiano, lo cual habilitaría por jurisdicción universal que la República de Italia abra su propio proceso), y en 1994, con la Amia.

En ambos hechos, todavía en investigación, están involucrados miembros libaneses pertenecientes a otro de los grupos terroristas, llamado Hizbollah, justamente con base territorial en Líbano.

Diferentes entre ellos, estos tres grupos que cometen en forma sistemática crímenes contra la humanidad y –en fase de investigación– genocidio (según tipología del Estatuto de Roma) son el verdadero flagelo por contener por propios y ajenos. Es decir, los sunitas de bien, que no admiten los crímenes contra la humanidad del Estado Islámico, los libaneses de bien, que no quieren que Hizbollah amenace con eliminar a sus vecinos israelíes, y la Autoridad Nacional Palestina, que debe imponer su presencia contra el grupo Hamas, genocida en potencia, que amenaza desde su carta fundamental con eliminar a los habitantes judíos de un Estado reconocido desde su misma creación en 1948.

Hamas lo hace con hechos criminales acreditados, que van desde utilizar a los propios palestinos como escudos humanos hasta atacar en forma sistemática y despiadada con misiles a los habitantes de su Estado vecino, y luego tratar de victimizarse ante los organismos internacionales.

En apariencia, tras los ataques certeros de células internas en Beirut, París y Egipto, comienzan estos organismos a comprender la irracionalidad de estos grupos criminales, con los cuales no se puede negociar ningún tratado de paz. Sirvan como ejemplos los tratados firmados con el Tercer Reich (Munich y Ribbentrop-Molotov), que luego fueron ultrajados.

La única posibilidad que queda con vistas al futuro es educar con valores humanos, que fomenten la tolerancia y eviten la imposición de ideas sectarias y radicales, a fin de lograr una verdadera y pacífica convivencia de los pueblos.

Por ello, resulta repudiable introducir de forma solapada cuestiones antiisraelíes, con todo el peligro que ello conlleva.

Por Franco Fiumara /Juez en lo criminal, doctor en Ciencias Jurídicas y en Ciencias Políticas
Fuente: La Voz

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