El Rey del Once: volver al punto de origen. Por Eduardo Chernizki

El estreno de la película dirigida por Daniel Burman, quien además es el autor del guión, fue precedida por una intensa campaña publicitaria gráfica que mostraba al protagonista del film manejando un viejo Citroën 2CV por una de las calles del Once, sin ningún otro vehículo ni personas rodeándolo,  que seguramente sorprendía a casi todos los que en forma regular recorremos ese sector del la ciudad de Buenos Aires.

Esa sorpresa, a muchos nos llevaba a detenernos y leer el cartel, y quizás preguntarnos “¿Una nueva película de Daniel Burman sobre temática judía?, y decidir ir a verla teniendo en cuenta sus éxitos «El abrazo partido» y «Derecho de familia», y quizás también «Esperando al Mesías».

Estrenada el pasado 11 de febrero, y presentada días después en el Festival Internacional de Cine de Berlín, “El Rey del Once” no defrauda, no sólo porque está muy bien filmada, sino también porque muestra un aspecto sobre el que muchos habla y pocos conocen, como se instrumenta la ayuda social a los miembros carenciados de la comunidad judía, que es una especie de telón de fondo para que Burman plantee, nuevamente, la difícil relación entre un padre y su hijo, a la vez de que revela como ciertas tradiciones y costumbres judías van acentuando la identidad del protagonista.

A partir de que Ariel (Alan Sabbagh) recibe en Nueva York un llamado de su padre encargándole que compre un par de zapatillas especial hasta el momento en que culmina la película transcurren 81 minutos en que la acción no deja de mostrar situaciones misteriosas, en la que un padre físicamente ausente, Usher, hasta minutos antes del final, está permanentemente presente mediante instrucciones que realiza por intermedio de teléfonos celulares, tanto al personal de la fundación de ayuda social que lidera como a su hijo.

El otro personaje protagónico, Eva (Julieta Zylberberg), una joven mujer judía observante que por propia decisión no habla, un misterio en sí misma, que impacta a Ariel no bien la conoce, y que al seguirla una madrugada lo lleva a relacionarse con un grupo de miembros jasídicos que lo introducen en dos ancestrales tradiciones judías: colocarse Tefilim (filacterias) y la Tevilah (el baño ritual por inmersión).

Toda la película transcurre en una semana, la previa a la festividad de Purín, en la que Burman nos muestra tanto el ajetreo que se observa en las arterias comerciales de “El Once” durante las horas de actividad comercial como la soledad y el silencio que las invaden no bien cae la noche, y que Ariel recorre caminando o conduciendo el Citroën 2CV.

Otro aspecto que deseamos resaltar es la caracterización de quienes son beneficiarios de la Fundación que lidera Usher, personas que tienen el derecho de recibir la ayuda que se les brinda, debido a que la tradición judía establece la obligación de la Tzedaká (palabra hebrea que significa solidaridad y tiene su origen en la raíz de la palabra hebrea justicia), una obligación ética que cada judío debe realizar sin menospreciar al receptor de la misma, porque no se los ayuda por piedad o bondad sino porque es una mitzva (mandamiento) hacerlo.

Al seguidor de la obra fílmica de Daniel Burman seguramente se le planteara la pregunta de por qué ha vuelto a la temática judía y al Once. En una nota de Paulo Pécora, de Telam, publicada en el diario “La Capital” de la ciudad de Rosario, el director explica «Esta película [El Rey del Once] es un nuevo comienzo para mí, porque llegué a un punto de mi vida profesional en que me había abandonado el entusiasmo y esa emoción infantil de hacer cine. Por eso decidí volver a esa inconsciencia y frescura que tenía cuando empecé. O dejaba de hacer cine o volvía a este tipo de películas», agregando más adelante «Ante la pérdida de rumbo lo mejor es volver al punto de origen”.

En un momento de la película vemos como Ariel asume el rol de su padre, y decide qué debe hacerse para responder a la ayuda que un judío se le plantea a la Fundación. Qué lo lleva a actuar así cuando sólo vino a Buenos Aires por unos días, es uno de los misterios, pero también puede ser un aspecto del mensaje de “El Rey del Once”.

Decíamos más arriba “que la acción no deja de mostrar situaciones misteriosas” y debemos agregar que varias de ellas se aclaran a lo largo del film, por ejemplo el por qué de la decisión de Eva de no hablar, mientras que otros no, por ejemplo la mencionada en el párrafo anterior, lo que genera la necesidad de pensar cuál ha sido el mensaje que Burman quiso trasmitir, además de “volver al punto de origen”.

Creemos que el no haber develado o explicado el sentido de algunas tradiciones judías, por ejemplo la Tevilah, pueden llegar a confundir a quienes no tienen conocimientos sobre las mismas, y posiblemente sea esta la única critica que podemos realizarle a esta película, que no sólo consideramos buena, sino que recomendamos verla, y luego analizarla, café de por medio o en la sobremesa, para tratar de dilucidar su mensaje, que para nosotros se relaciona con “volver al punto de origen” del protagonista, que a nuestro entender no es al que se refiere Burman, y que es una disyuntiva que todos enfrentamos.

Lic. Eduardo Alberto Chernizki

1 COMENTARIO

  1. Fui a ver la pelicula la semana pasada, realmente no me gusto, sin guion, sin historias, exagerando las situaciones,
    para mi nada de nada

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