Conversando con Torcuato Di Tella sobre peronismo, socialismo y el kibutz

Di Tella

Raanan Rein, historiador y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, recuerda su estrecho vínculo con el célebre sociólogo Torcuato Di Tella, recientemente fallecido.

Mi primer encuentro con Torcuato Di Tella fue a fines de los ochenta. Yo era por aquel entonces un joven doctorando, que había llegado por primera vez en mi vida a la Argentina desde Israel, con el castellano algo macarrónico que aprendí durante mis estudios en la Universidad de Tel Aviv. Lleno de temores, antes de la entrevista concedida preparé mi tarea para el hogar y leí detenidamente sus trabajos de los años sesenta y setenta sobre el sistema político, la clase obrera y el socialismo en la Argentina. Entré a su despacho en la Fundación Simón Rodríguez, donde lo encontré rodeado de documentos y periódicos vinculados a la historia del movimiento obrero de su país.

Di Tella me recibió con cordialidad y fue generoso en el tiempo que dedicó a su charla conmigo sobre los orígenes y los inicios del movimiento peronista en la década de 1940. Su mirada del peronismo desde la izquierda me fascinó, aunque la conversación, que se prolongó más allá de lo que esperaba, tuvo varias digresiones a otros temas de los que se podía inferir su inmensa curiosidad intelectual y la amplitud de sus horizontes. Uno de los asuntos que lo fascinaban trataba sobre el desarrollo del movimiento kibutziano (con su vida comunitaria) en Israel, antes y después de la creación del Estado en 1948. Di Tella quería comprender mejor las raíces ideológicas y organizativas de dicho movimiento y su éxito en el cumplimiento de un papel tan significativo durante varios decenios. Tuve que acudir a mis recuerdos de infancia, cuando pasé veranos enteros en el primero de los kibutzim, Degania (establecido en 1910), a orillas del río Jordán y del Lago de la Galilea. A eso sumé  mis conversaciones con uno de mis docentes en la universidad, el profesor Iaacov Oved. Uno de los fundadores del kibutz Palmahim en 1949, a orillas del Mediterráneo, donde aún vive, Oved, fue también quien me abrió las puertas hacia la historia argentina. En el subsuelo de la biblioteca central de la Universidad de Tel Aviv pude revisar microfilms de La Protesta que estaban allí gracias a sus investigaciones sobre el movimiento anarquista.

Hacia el final de esa conversación, Torcuato me recomendó la lectura de las entrevistas con los líderes obreros incluidas en el archivo de historia oral del Instituto Di Tella que había comenzado a forjarse con las grabaciones que realizaron en los años setenta Leandro Gutiérrez y Luis Alberto Romero. Pasé varios días enfrascado en leer los textos de las entrevistas con sindicalistas y con políticos peronistas, tras los cuales volví a encontrarme con Di Tella en una conversación que comenzó con alusiones a José Domenech y la Unión Ferroviaria y siguió con la exposición de nuestros puntos de vista sobre los antagonismos que despertaba el peronismo entre los dirigentes socialistas, todo ello salpicado con el sentido del humor que lo caracterizaba.

Según el testimonio de Domenech, ex presidente de la UF y ex secretario general de la CGT, peronista de la primera hora que pronto se fue alejando del movimiento, «la UF fue la base del peronismo en el país. Porque yo tengo que decirlo con franqueza, diciendo absolutamente la verdad, que el 99% de los dirigentes de la UF, todos se hicieron peronistas. [Juan Atilio] Bramuglia fue el jefe, digamos así, el jefe que aconsejó a todos los demás miembros de la Comisión Directiva y a todas las Comisiones Directivas y los llevó a todos al peronismo».

Por aquel entonces y en mis visitas siguientes a Buenos Aires, en nuestras conversaciones se sembraron las semillas de varios de los trabajos que después publiqué. Uno de ellos fue una biografía política de Bramuglia, un abogado socialista que se plegó al peronismo en sus mismos inicios, comenzando por el Departamento de Trabajo, que devino en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social a finales de noviembre de 1943 (por un decreto del gobierno militar que redactó el propio Bramuglia). Se desempeñó después como interventor federal en la Provincia de Buenos Aires y como presidente de la Junta Nacional de Coordinación de los partidos y las organizaciones que apoyaron la candidatura de Perón en las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Fue después canciller del primer gobierno peronista, con una exitosa actuación, en su calidad de presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como mediador entre los bloques liderados por la Unión Soviética y por los Estados Unidos, durante la crisis de Berlín en 1948.

La biografía de Bramuglia, de su papel a la hora de movilizar apoyo al peronismo y de modelar su doctrina, me llevó a escribir sobre la segunda línea de la dirigencia justicialista y su rol de mediación entre el carismático líder y las masas.

En una oportunidad, charlando entusiasmado con Torcuato sobre Bramuglia, me hizo prestar atención a la figura de Luis Gai, el dirigente telefónico cuyas memorias sobre el vertiginoso ascenso y la no menos vertiginosa caída del Partido Laborista fueron publicadas por la Fundación Simón Rodríguez en 1999.

En 1991 comencé a enseñar historia latinoamericana en la Universidad de Tel Aviv y me alegró el hecho de que varios de los trabajos de Torcuato fueron traducidos al inglés, comenzando por su History of Political Parties in Twentieth-Century Latin America, lo que me permitía utilizar el material en los cursos de estudiantes de pregrado, que tienen dificultad para leer en castellano. Uno de los temas centrales en mis cursos fue el populismo en esa región, de lo cual el peronismo clásico es un ejemplo vívido. El punto de partida de Di Tella para examinar el fenómeno populista continua siendo válido: «un movimiento político que goza del apoyo de la masa de la clase obrera urbana y/o del campesinado, pero que no es el resultado del poder organizativo autónomo de ninguno de estos sectores. También es apoyado por sectores de clases no trabajadoras que sostienen una ideología que se opone al status quo». Su artículo en el libro recopilado por Claudio Véliz, Obstacles to Change in Latin America, publicado en 1965, era el texto favorito de mis discípulos.

Su matrimonio con Tamara fortaleció el interés de Torcuato por Israel y por la constante tensión entre su régimen democrático y el control que ejerce su gobierno sobre población palestina que vive bajo la ocupación en Cisjordania. Una de sus visitas particulares a Israel fue para celebrar el bar mitzvá de su hijo Sebastián.

La última vez que disertó en la Universidad de Tel Aviv, su ponencia despertó gran interés porque había sido hasta poco antes el Secretario de Cultura de Néstor Kirchner y su renuncia estuvo vinculada al debate sobre la importancia de la cultura en un país que debe hacer frente a abrumadores retos económicos y sociales. Di Tella no reveló ante los presentes las razones de su alejamiento del kirchnerismo, pero dejó una profunda impresión por sus críticas al neoliberalismo. Como me dijo después uno de los participantes: «Si bien había nacido y vivido en ‘cuna de oro’, miraba mucho más allá de eso». Otro aspecto que no dejo indiferente a nadie fue la independencia de sus posturas y los enunciados provocativos de un librepensador.

Saludé a Torcuato Di Tella cuando fue designado como embajador en Italia, pero los últimos años no mantuve el contacto. Su obra intelectual y cultural nos seguirá acompañando, no solo a orillas del Plata, sino también en Israel, a orillas del Mediterráneo.

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