Panorama Medio Oriente: Putin va por mas y Siria e Israel se amenazan.

Por Damian Szvalb.

En las últimas semanas sucedieron en Medio Oriente dos hechos de enorme trascendencia política que pueden impactar fuertemente en el futuro de la región en el mediano plazo. El primero fue la escalada de tensión entre Israel y Siria que incluyó disparos desde ambos lados. El segundo fue el involucramiento cada vez mayor de Rusia en el conflicto entre israelíes y palestinos, un tema, hasta ahora, casi exclusivo de Estados Unidos que siempre Putin miró de costado.

La escalada de la tensión con Siria abrió el interrogante sobre una posibilidad que parecía lejana tan solo un mes atras: que Israel se involucre militarmente en la guerra siria.  Nadie perdió la oportunidad de intentar marcar la cancha con declaraciones. Desde el gobierno de Al Asad advirtieron a Israel que responderán lo que ellos consideran una agresión. Rusia salió a respaldar a su socio sirio y le pidió calma a Israel. Hezbollah también amenazó con acontecimientos “graves” para Israel y Estados Unidos. El Ejército israelí justificó su respuesta militar afirmando que si bien los impactos sobre el territorio bajo su control fueron producto de la guerra civil, responsabiliza al Gobierno de Damasco de todas las acciones armadas que proceden de Siria. Por eso respondió.

Más allá del incidente y de las declaraciones, parece poco probable, al menos en el corto plazo, que esta escalada se transforme en un involucramiento militar israelí en la guerra siria. Ninguno de estos actores parecería tener interés de que esto suceda. Por lo menos por ahora.  Sobre todo Putin, que sabe muy bien que esa posibilidad podría cambiar absolutamente la relación de fuerza en esta compleja disputa. Por ahora viene manejando la agenda política y militar más o menos a su gusto. Si se mete Israel podría complicarle los planes. Sabe el alcance que puede tener una intervención militar liderada por el gobierno de Netanyahu. Nunca pasa inadvertido.

Más aun después de la firma del millonario acuerdo militar entre Netanyahu y Obama para intentar garantizar la defensa militar de Israel en los próximos diez años.  Este acuerdo marca un acercamiento entre estos dos líderes que se detestan personalmente. El miércoles se verán las caras en Nueva York para sacarse una foto y ratificar la alianza que Obama calificó de ”indestructible” más allá de las serias diferencias en relación al conflicto con los palestinos.

Putin seguramente está atento a esta “tregua” entre Washington y Jerusalén porque también puede empañar su movida más arriesgada de los últimos días: haber intentado realizar una cumbre en Moscú entre Abbas y Netanyahu para intentar reflotar las negociaciones entre israelíes y palestinos. Ese rol siempre lo ocupó Estados Unidos, por lo menos en los últimos 40 años. Tanto Bibi como Abbas se mostraron predispuestos, a tal punto que se estableció una fecha para la cita que luego fue descartada por problemas de agenda.

Con esto, Putin demuestra que no tiene límites a la hora de intentar posicionarse como el actor más importante en la región. Primero fue su decisivo intervención militar y política en la crisis siria para sostener a Al Asad. Desafió a un Estados Unidos que prefirió no molestarlo demasiado. Obama solo piensa en seguir “desenganchando” a su país del Medio Oriente. Ahora Putin parece querer lograr algo que Obama trata de hacer sin ningún éxito diplomático desde hace años: que Abbas y Netanyahu se sienten en una misma mesa.

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