Sucedió en Hilversum, Holanda. Una esvástica fue pintada en un auto que pertenece a una empresaria judía.
Según Antisemitism, la dueña del vehículo solicitó preservar su identidad, aunque contó que cuando estaba llegando a su coche para irse a trabajar encontró las ruedas pinchadas, rayones en la chapa y, precisamente, había una esvástica como si fuera la firma de quien cometió el ataque.

