Fue hallada muerta en su casa Brunhilde Pomsel, la «secretaria del Nazi Goebbels»

Brunhilde Pomsel, la ex secretaria del jefe de propaganda nazi Joseph Goebbels fue encontrada muerta en su casa de Munich a los 106 años. La mujer trabajó como asistente del criminal y hombre de confianza de Adolf Hitler entre los años más oscuros del siglo XX.

Pomsel fue la última persona del círculo más íntimo de Hitler que aún permanecía con vida. Y hasta 2011 se había mantenido en una total oscuridad, hasta que un diario alemán publicó su vida. A partir de ese momento, un documentalista se interesó por su vida. Fue así que surgió A German Life.

En 1942, cuando tenía 31 años, Pomsel comenzó a trabajar como secretaria de Goebbels, a quien asistiría cada día hasta que el ideólogo asesinara a sus seis hijos y se suicidara junto con su esposa en el bunker de Hitler en Berlín. Era 1945 y la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin. A partir de entonces, la mujer desapareció.

En el  documental, Pomsel habla abiertamente sobre sus días al lado de los personajes más siniestros de la historia de Alemania y Europa: «No me veía como culpable. A menos que se culpe a toda la población alemana por permitir que hayan tomado el control. Fuimos todos. Incluyéndome a mí», relata la mujer frente a cámara.

En mayo de 1945, ella era una de las pocas personas que estaban en el búnker de Berlín, donde se encontraban los personajes más importantes de la cúpula nazi, incluidos Hitler y su jefe directo, Goebbels. Durante esos días, se le había ordenado suministrar alcohol a todos los presentes allí para que perdieran un poco la consciencia de que Alemania estaba cayendo a manos de los aliados.

Antes de trabajar para Goebbels, Pomsel tuvo un pasado laboral paradójico. Aprendió algunas artes domésticas con una mujer judía y trabajó para Hugo Goldberg, un asegurador de esa misma religión. Tiempo después, cuando este jefe suyo abandonó Alemania por el ascenso de los nazis, trasladó sus tareas junto al autor Wulf Bley, muy conectado con el nuevo régimen.

Poco tiempo después. logró trabajar en la Radio Pública de Alemania y se afilió al partido nazi. Era una auténtica «alemana» de época. Allí conoció a Goebbels, el siniestro jefe de propaganda que pasaba horas frente al micrófono destilando odio y lavando la cabeza del pueblo germánico. Al poco tiempo, sería contratada como su secretaria personal.

A Hitler lo llamaba «el jefe» y siempre intentó disculparse sobre su cercanía con la cúpula alemana. «Era una estúpida».

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