La mejor jugadora argentina no quiso que la obligaran a jugar con velo y no fué al Mundial de Ajedrez de Irán

Carolina Luján es una de las nueve mujeres que decidieron bajarse del certamen. «Solo quiero tener la libertad de elegir», dice la argentina que hoy podría estar en Teherán para participar en el Mundial de Ajedrez, inaugurado ayer.  Desde Montevideo, donde compite en un Abierto Internacional, llegó tras decidir que no jugaría en un lugar donde le impusieran la cultura, en el cual el uso de la hiyab (el velo con el que las musulmanas se cubren la cabeza) fuera una obligación.

Ella decidió ir. La ajedrecista qatarí Kholoud Al-Khelaifi es una de las 64 participantes del campeonato. (Foto: David Llana)

Luján -31 años- es una de las nueve clasificadas que, según informó en enero Emil Sutovsky, presidente de la Asociación de Profesionales de Ajedrez (ACP), decidió no participar en Irán, donde hasta el 3 de marzo compiten, con 450 mil euros de premios en juego, 64 ajedrecistas (la argentina Ayelén Martínez ocupa la plaza dejada por su compatriota). La china Hou Yifan, campeona defensora, se bajó por diferencias con la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) -quiere torneos mixtos. El resto objetaba la elección de la sede y los distintos manejos del país. «No había otra sede que se postulara», fue el argumento de la federación.

“Lo mío no es un boicot”, aclara Luján. “Algunos dicen que tengo algo contra el Islam, pero solo quiero tener la libertad de elegir”, agrega.

– ¿Hubiera sido distinto si, en vez de obligarte, te decían que, por respeto, tendrías que usar el velo?

Sí, muy distinto; el principal conflicto es no poder elegir. En la sala de juego no deberían haber imposiciones. A una iraní que viene a jugar a la Argentina no le diría que se saque el velo.

A fines de septiembre se señaló a Teherán como sede. Carolina -católica no practicante- comenzó a leer sobre Irán. «La teocracia está por encima incluso de los extranjeros», resume.

Luján escribió a la FIDE para manifestar sus inquietudes y pedir garantías. La respuesta fue el silencio. «La indiferencia». En diciembre, la federación le pidió que confirmara su asistencia para enero. «La decisión fue paulatina», pero para entonces ya estaba tomada.

– ¿Te costó?

– Trato de estar tranquila con mi conciencia, de actuar acorde a lo que pienso. No es el primer torneo que me quedo con ganas de jugar. Renuncié a campeonatos argentinos tan mal organizados que desprestigiaban al ajedrez femenino.

Además del código de vestimenta, las ajedrecistas debieron considerar otras normas islámicas, como no poder estar en una misma sala sola junto a un hombre que no sea su esposo. Un problema si ese hombre fuera su entrenador, como en el caso de Luján. También, la inquietaba que, por desconocer alguna norma, terminara por quebrarla.

Carolina aclara que no coincide con la estadounidense Nazi Paikidze, una de las desertoras, quien considera que usar un velo es «apoyar la opresión de mujeres». Sí cree que su posición «deja un mensaje»: que el respeto al otro es la norma suprema.

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