«Curar al enemigo», por Delfina Korn

Alejandro Roisentul es el director de la Unidad de Cirugía Oral y Maxilofacial del Ziv Medical Center, ubicado en la ciudad de Sefad, en el norte de Israel. Desde febrero de 2013, heridos del conflicto civil sirio –en el que varios grupos rebeldes están enfrentados al régimen de Bashar al-Assad- comenzaron a ser tratados en el Ziv Medical Center. Llegan a Israel en las peores condiciones, con un papelito en el que un paramédico al otro lado de la frontera les escribió un diagnóstico apurado. A veces los papelitos con los diagnósticos hasta llegan manchados de sangre. Una vez curados, los pacientes sirios son enviados de nuevo a su país (o a otro si no desean volver a Siria).

Alejandro y sus colegas del Ziv Medical Center dedican sus días a curar pacientes sin importar que provengan de un país enemigo de Israel. Tampoco saben exactamente de qué lado del conflicto sirio están: “Nosotros no sabemos quién es el bueno, quién es el malo, porque, ¿quién es el bueno?”, se pregunta Alejandro, que nació en Argentina. Él visitó nuestro país a fines del año pasado y fue a dar una charla en el centro comunitario Ioná, organizada por el think-tank Shagririá, en la que contó su experiencia tratando pacientes sirios. Luego lo entrevisté y aquí está plasmado lo que me contó.

¿Cuándo fue la primera vez que llegó un paciente sirio al Ziv Medical Center?

-Nos llamaron un día en febrero del 2013 y nos dijeron: hay 7 heridos en la sala de trauma, son sirios. A uno de ellos le sacamos la ropa que traía puesta y tenía granadas adentro. No los habían revisado. Estaban inconcientes. Llamamos a seguridad y fue un exaltamiento. Son cosas que uno no predice antes. Fue algo sin precedentes y que no volvió a pasar.

-Y cuando se despertaron, ¿cómo fue el momento?

-El momento no sé cómo fue. Ellos están tratados con psicólogos, con trabajadores sociales. Nosotros los médicos no tenemos grandes charlas con ellos. Ellos tratan de evitarlas porque somos un país enemigo y ellos no se abren demasiado, tienen miedo de hablar, no sé si confían plenamente en hablar de lo que ellos piensan, de cuáles son sus planes. Es una relación amistosa pero no hay una amistad.

-Y los niños, ¿también se dan cuenta de que están en un país enemigo?

-Ellos saben, saben.

-¿Tampoco hablan mucho?

-No.

-¿Cómo se comunican con los pacientes sirios? ¿No es el idioma un problema?

-No. Hay en el equipo médico, para-médico y sanitario, gente de habla árabe y si es necesario les pedimos a ellos que nos traduzcan.

-Ustedes saben sobre las personas que tratan, ¿de qué lado del conflicto están?

Nosotros suponemos que estamos hablando de los rebeldes, los que están en contra de Assad porque a los que están con Assad, los llevan a Damasco a atender.

-¿Alguna vez atendiste a uno que fuera de alguno de los grupos rebeldes más violentos como ISIS?

-Nosotros calculamos que uno de ellos pudo haber sido parte, no sé si de ISIS pero de alguno de los grupos más violentos, pero yo calculo que el ejército, que los trae, debe saber de dónde vienen.

-¿Con qué ropa llegan?

-Ellos llegan con la ropa que tienen puesta y reciben una bolsa llena de ropa nueva: pijamas, pantalones, chancletas o zapatillas, cepillo de dientes, afeitadora si se afeitan (la mayoría no se afeita). Reciben absolutamente todo nuevo y sin cargo.

-¿Te da la impresión de ser gente pobre?

No. Me da la impresión de ser gente de pueblo, de provincia, de campo. Gente que vive en las afueras de Damasco, en pueblos más sencillos, más precarios. Y en ningún momento ellos muestran odio hacia nosotros. Lo que siempre se siente es que muestran respeto hacia nosotros, y también gratitud.

-¿Son personas religiosas en general? ¿Rezan?

-Yo no veo que recen.

-¿Entre ellos hacen amistad?

-Hay 3 o 4 por habitación y se nota que charlan entre ellos.

-¿Los notas afligidos?

-Muchos quieren volver, tienen ganas de que los curemos porque dejaron sus familias allá, sus hijos. Algunos te muestran las fotos y tienen 3, 4 u 8 chicos, y la mujer está sola allá. Quieren volver a seguir haciendo lo que estaban haciendo, y a estar con sus amigos.

-¿Hay casos de algunos que no quieren volver a Siria?

-Nosotros no recibimos ninguna información (de hacia dónde van una vez que están curados). Por rumores hemos sabido que hay casos en que no vuelven a Siria pero no tenemos la menor idea de a dónde van. No se quedan en Israel, eso seguro. Calculo que algunos se irán a Jordania o algo así.

-¿Hubo alguna vez algún conflicto con alguno de ellos?

-Hubo una vez un caso de alguien que se portaba mal, contestaba mal. Pero de 700 casos que vinieron, creo que ese fue el único que hacía lío. Lo sacaron, se lo llevaron. Pero si vamos a ver el porcentaje de gente judía-israelí que hace lío en los hospitales, calculo que lo sobrepasa. (…) Ellos vienen de la nada y están súper agradecidos.

-¿Llegan con algún diagnóstico?

-A veces hay enfermeros o paramédicos que los atendieron allá, en algún hospital precario que quedó por ahí, entonces les hacen los primeros auxilios con alguna sutura primaria y después escriben en un papel lo que les hicieron y nos piden que lo sigamos. Hace poco tuvimos un caso de un chico joven: un médico le había hecho un tratamiento de una fractura de mandíbula (producto de un bombardeo). Le habían puesto un clavo provisorio para fijar la mandíbula. El tratamiento era bueno pero precario: estaba hecho con alambres porque seguramente no había otra cosa. Nosotros lo tratamos, le sacamos el clavo, le hicimos todo lo que había que hacer. Pero no todos los heridos llegan en ambulancias graves. Algunos vienen en forma electiva, porque no tienen a dónde ir. A veces vienen 2 o 3 veces para hacer un tratamiento por etapas. (…) Los médicos sirios ya casi no existen. Hace poco destruyeron el último hospital que quedaba, en Halab. Hoy en día no tienen a dónde atenderse. Y por supuesto que no pueden ir a un hospital de Damasco.

-¿Cuál es la persona más joven que llegó de Siria?

-Cuatro años. Más chicos también porque 15 bebés sirios nacieron en Israel. La semana pasada atendimos a una nena de cuatro años que sufre de diabetes juvenil. La mamá la trajo de Siria para atenderse a Israel. No llegó herida. Vino enferma muy grave de diabetes, no tenían insulina y la nena estaba muy mal. Decidieron venir a la frontera e Israel los entró. (…) Y la nena recibió una donación, una computadora, lo más avanzado que hay en el mundo en lo que es computadoras de diabetes. (…) Ella vino padeciendo abscesos dentales, por la precariedad de la vida de ella, nunca se atendió y tenía abscesos graves de los dientes. Le hicimos una anestesia general, le sacamos los dientes que estaban mal. Fue súper delicado por el asunto del azúcar de ella. Hicimos todo eso gratis.

-¿Cómo son las heridas con las que llegan los pacientes?

-La mayoría de la gente que llega está inconsciente y no sabemos qué le pasó y en general necesitamos hacerle una tomografía computada de todo el cuerpo, que generalmente está todo lleno de esquirlas de los pies a la cabeza. En general son producto de las bombas, a veces también de las balas, y a veces hay ambas cosas. (…) Con la tomografía vemos si hay balas, si hay esquirlas, si hay fracturas. (…) Hay historias de chicos que vienen sin los padres, con algún hermano mayor o tíos o directamente solos. A veces alguien los lleva heridos hasta la frontera esperando que los vean y los lleven. Están atendidos social y psicológicamente por el grupo del hospital.

-¿Qué hace el estado cuando los pacientes ya están curados?

-Cuando se decide dar de alta a un paciente, nosotros los médicos no sabemos a dónde van. A veces pedimos que vuelvan en 2 meses para seguir el tratamiento. Hubo un caso de uno de ellos que llegó de un año exactamente, que había recibido un tratamiento primario. Nosotros pedimos que vuelva a seguir tratándose y volvió al cabo de un año.

-Qué increíble, ¿no?

-(Risas) “Tengo turno con el doctor Roisentul en enero de 2017”.

¿Lo que hacen está contemplado en alguna regulación o es “contra las reglas”?

-No son cosas lógicas. Siria e Israel son enemigos, no hay embajadas de Siria en Israel ni viceversa, no está declarada la paz entre Siria e Israel. Assad cuando puede lo dice, que quiere recuperar sus tierras (el Golán).

-¿Alguna vez se te cruza por la cabeza: esta persona que estoy atendiendo puede venir de matar a una persona?

-Seguramente mató a alguien. Es un guerrero o guerrillero, como lo quieras llamar. Hay mucha gente inocente también que fue atacada en ciudades o campos: niños de 4, 6, 8, 10 o 15 años que vienen heridos, que estaban trabajando en el campo y de repente los bombardearon. Nosotros no podemos saber quién es guerrero y quién no. ¿Cómo lo definís? No vienen con armas. (…)

-¿Es parte del juramento médico, la obligación de salvar una vida…?

-Es más que eso. Va por el hecho de que somos un pueblo, el pueblo judío, que de forma natural siempre va a ayudar al necesitado, nunca va a dejar de ayudar. En el Holocausto, la mayoría del mundo nos cerró las puertas, nos dejó morir o ayudó a que nos maten. Cerraron las ventanas para no ver cómo mataban a los judíos. Nosotros justamente tenemos que dar el ejemplo, como pueblo que va más allá de esas cosas y que tiene la alteza de atender al que sea, médicamente o de otra manera.

-Incluso al que sabes que por ahí mañana va a ser tu propio enemigo…

-No, yo calculo que es mi enemigo ahora también. Cuando lo estoy atendiendo, yo sé que él es mi enemigo. No es mi amigo en ese momento. Está en una situación en la que él no quiso estar. De repente quedó herido, quedó refugiado y pidió ayuda. Sin embargo, yo estoy totalmente convencido de que él como persona no es mi enemigo. Él es de un país que es enemigo. Las personas no son enemigas, como dijo Shimon Peres. Los niños no son enemigos, yo no soy enemigo de esa persona. Cuando vuelva, su situación es que él es parte de un país enemigo. Aunque queremos pensar que esa persona cuando vuelva, se acuerde de Alejandro que lo atendió y diga: hay gente buena. Por esa razón nosotros no les demostramos hostilidad, al contrario, les demostramos amabilidad.

-¿Cómo es la reacción de ellos cuando se despiertan, después de una cirugía, y ven que están siendo atendidos en Israel? El shock debe ser muy fuerte.

-Sí. A veces es muy loco porque el hospital está situado enfrente de Siria. Las ventanas de algunas habitaciones dan hacia Siria. Entonces ellos están acostados mirando hacia su país. Es como de película. Ellos toda su vida nos habían mirado como el diablo, como los malos que había que destruir, y de repente se encuentran del lado de Israel, en un hospital atendido por israelíes, dándoles el mejor tratamiento y la mejor atención, y mirando a su país que está en guerra, en dónde su propio Gobierno los quiere matar, no importa por qué. Nosotros no entramos en temas de si tienen razón o no, quién empezó y quién terminó. Para nosotros son personas y la relación con ellos es muy amigable de los dos lados. Nos dicen gracias, nos dan la mano. No se siente hostilidad en absoluto.

-¿Desde el hospital se ven las bombas…?

-Se escucha. Se escucha todo.

 

Entrevista: Delfina Korn

Exclusivo Vis a Vis

2 COMENTARIOS

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