
EUROPA Y EL FIN DE LA ERA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO
Europa, que después de la Segunda Guerra mundial se había transformado en el mejor lugar del mundo para vivir, está siendo sacudida por el embate de veinte millones de refugiados llegados de África y Medio Oriente, en su gran mayoría musulmanes.
La política de diversidad cultural y racial con fronteras abiertas e inmigración indiscriminada propiciada por los socialdemócratas ha causado un daño muy grave a la sociedad europea, que tal como lo reflejan las últimas elecciones, ha despertado de su letargo y ha comenzado a reaccionar dejando de lado lo políticamente correcto, y reemplazándolo por lo políticamente urgente e imprescindible.
Los principales países europeos han recibido durante años con los brazos abiertos a millones de refugiados musulmanes, que han llegado huyendo de la guerra civil siria, y que aún siguen llegando al igual que tantos otros que arribaron huyendo del hambre y la miseria africana.
A resultas de esa política humanitaria de puertas abiertas, Europa hoy se ve envuelta en flor de embrollo, con un aumento dramático de las tasa de rapiñas, agresiones, violaciones y crímenes, perpetrados por ese elemento humano que llegó de afuera careciendo de las mínimas normas morales y de civilidad.
La mayoría de esa gente profesa la fe islámica, que habilita sin más a golpear a las mujeres, violar aquellas que no sean musulmanas, y asesinar a los cristianos, o a los apóstatas que renieguen del Islam.
La mayoría esos inmigrantes vive de la asistencia social, recibiendo un subsidio mensual que ronda los 600 euros, con más unos 250 euros adicionales como ayuda para alquilar vivienda y otros adicionales para la niñez. Eso hace que la inmensa mayoría de esa gente no trabaje y la pase vegetando a costa de fondos públicos, invadiendo los espacios comunes y molestando a los ciudadanos.
Esa asistencia le cuesta a los diez países europeos más importantes en cuanto a número de inmigrantes, la friolera de más de 130.000 millones de euros al año, un monto equivalente al superávit comercial de todo un año de esos mismos países, con lo que Europa trabaja exclusivamente para sus refugiados, que devuelven el favor mordiendo la mano del que les da cobijo y alimento.
Porque a los musulmanes no les basta con que les den refugio y alimento, quieren que Europa se transforme en Eurabia y adopte el Islam: de continuo se pueden ver marchas y manifestaciones del colectivo musulmán, reclamando el establecimiento de la ley islámica, la Sharía, que entre otras barbaridades habilita a ejecutar por lapidación a las mujeres que hayan cometido adulterio, o a amputarle las manos a los ladrones. También reclaman se legalice el casamiento con niñas menores de edad, incluso de 6 o de 7 años, un verdadero bacanal de pedofilia. Reclaman la enseñanza del Islam en las escuelas públicas, algo que contradice los principios laicos republicanos, y también reclaman el cierre de las iglesias o la demolición de monumentos católicos, porque consideran que su sola presencia ofende al Islam.
Pero los reclamos de los musulmanes no se quedan solo en manifestaciones pacíficas, los militantes del Islam Radical han protagonizado durante los últimos años desmanes callejeros y actos de vandalismo, con destrozo de vehículos y de la propiedad privada, cometiendo innumerables atentados terroristas, asesinando gente inocente, golpeando y violando mujeres, en Italia, Francia, España, Alemania, Suecia y Holanda.
Esa es la verdadera naturaleza del Islam, que llega a un lugar haciéndose el “buenito”, pero que una vez que sienta reales, muestra su verdadera cara de odio, desprecio por la vida, menosprecio de la mujer, intolerancia religiosa, falta de libertad de pensamiento y negación de los principios democráticos.
Otro problema no menos grave causado por la invasión de refugiados es el de las así denominadas “no go zones” es decir “zonas liberadas” impenetrables para los europeos, donde no entra ni siquiera la policía.
Los refugiados se han ganado en algunas zonas de las ciudades europeas, en determinados barrios, donde se han atrincherado, causando todo tipo de penurias a los vecinos, la mayoría de los cuales hizo abandono del barrio mudándose a otro lugar.
Esas “no go zones” son hoy por hoy moneda corriente tanto en Alemania como en Francia, Suecia o en Italia. Cabe destacar en particular la ciudad sueca de Malmo, en la que hoy mismo reina el caos causado por los inmigrantes.
Pero haciendo honor a la verdad, la culpa no es del chancho sino del que le da de comer: muchos de los supuestos “refugiados” no son tales sino vivillos que se aprovechan de la buena voluntad y de la humanidad europea, y que vinieron a Europa para vivir “de arriba”, ya que en sus propios países musulmanes jamás recibieron ayuda de ningún tipo. Si Europa suspendiera el subsidio a sus refugiados, con seguridad que no solo que va venir ninguno más, sino que la mitad va regresar a sus países de origen.
El problema con los musulmanes radica en que a diferencia de los fieles de otras religiones como el cristianismo o el budismo, ellos no se contentan con practicar su religión y sus costumbres en sus casas o en sus centros de reunión, templos, mezquitas o como se los quiera llamar. Ellos pretenden imponer su religión y sus costumbres al resto de la gente donde quiera que vayan, y no van a detenerse hasta que el último rincón del mundo se haya convertido al Islam. La ideología del Islam se quedó anclada en el ” Yihad”, la Guerra Santa de la Edad Media.
El musulmán es por naturaleza prepotente e intolerante mal, con todo aquel que no sea musulmán, no le basta que su mujer ande por la calle tapada de negro de la cabeza a los pies, sino que pretende que todas las mujeres anden ataviadas del mismo modo. No tolera ver una mujer occidental con el cabello suelto, o vestida con un short o una falda corta, o que vaya por la calle sola, o que maneje un automóvil.
Para un musulmán, aunque sea moderado (de hecho no existe tal cosa como el “islam moderado” porque el Islam es uno solo) todo aquel que no profesa su religión es considerado un “infiel” o dimmi, algo así como un ciudadano de segunda categoría, y para poder vivir como cristiano, judío, budista o ateo en un país musulmán, está obligado a pagar un impuesto adicional por ser un dimmi, impuesto que se agrega al resto delos impuestos normales que paga el resto de los musulmanes. Pero el pago de ese impuesto a la “dimmitud” no le asegura una vida tranquila, podrá ser excluido de ejercer cargos públicos, del ejército, de las profesiones liberales, o de estudiar una carrera universitaria. Podrá ser golpeado, vejado, podrán quemar su iglesia, o incluso podrá ser asesinado sin que nadie mueva un dedo, y no podrá reclamar justicia.
Así es la vida de un “no musulmán” en un país donde impera el Islam, dondepor lo general la vida no vale nada.
Pero como dijimos al principio, la reacción de los europeos no se ha hecho esperar. Europa está despertando de su letargo “políticamente correcto”, y en las últimas elecciones de Italia, Austria, han triunfado partidos que quieren poner fin a la inmigración irrestricta, a la islamización y al caos en que se tornado la vida europea.
Por su parte en Alemania, otro de los países con más inmigrantes musulmanes de Europa, se ha producido un notable avance de la derecha que ha complicado y demorado durante meses la formación de un nuevo gobierno.
En Francia ganó las elecciones Macron, que todavía le hace reverencias al Islam, pero de seguir agravándose la situación, es casi seguro que en las próximas elecciones triunfará la derecha de Le Pen, y las cosas comenzarán a cambiar.
Europa se cansó de sus refugiados y de sus musulmanes, ha dicho basta, no los soporta más, y prueba de ello son los resultados de las últimas elecciones en que triunfaron partidos de derecha y antisistema, que quieren cerrar las fronteras y expulsar inmigrantes, además de cortarles la ayuda monetaria.
Puede que estos cambios políticos marquen un antes y un después, revirtiendo el sombrío panorama que ha creado el Islam , poniéndole coto a esa gente que ha confundido gordura con hinchazón, aprovechándose de la buena voluntad y de los avanzados sistemas de seguridad social europeos, abusando de ellos.
Autor: Daniel Lerner
