Eurovisión, el concurso de la libertad. Por Alejandro Mellincovsky

Pasó una nueva final de eurovisión y me encanta este concurso. Porque es el certamen de la libertad. Porque las naciones se juntan para cantar. Porque así la música trasciende fronteras. Porque el arte le gana a la política. Porque a Europa se le fue de las manos este concurso en el que se desdibujó Europa y ganó la gente.

Eurovisión, se inició en 1956 en Lugano, Suiza, donde participaron los 14 países de la Europa no comunista ni musulmana. Con el tiempo se fueron sumando los que estaban del otro lado de la cortina de hierro para ser los 37 que están participando este año.

También se incorporó Turquía, que se ausentó en 1979 porque ese país musulmán no se bancó que se realice en Jerusalén, la capital de Israel, sede obligada porque la canción que representaba al Estado Judío ganó el certamen el año anterior.

Eurovisión fue el evento de donde salieron a la fama cantantes como Domenico Modugno con “Volare” en 1958 o Cliff Richards con “Congratulations” en 1968.

Julio Iglesias, quien luego de haber sido arquero del Real Madrid, compartiendo vestuario con Di Stéfano, apareció con su faceta de cantante en este concurso en 1970, entonando “Gwendolyne”, que no era un 5 de Racing, sino una gran canción, que si bien no obtuvo el primer lugar, fue el puntapié inicial para su aún vigente carrera.

Allí fue donde Abba partió desde Suecia y saltó al mundo con “Waterloo” en 1974, el tema que junto con Aleluya, son los lanzados en el certamen que más ingresos lograron por regalías.

Corría 1972 y cuando parecía que Europa comenzaba a incorporar las lecciones del Nazismo, parecería que hasta ese entonces no habían aprendido nada, ya que la mismísima Alemania albergaría el peor atentado de la historia olímpica en Munich, cuando la organización terrorista Septiembre Negro asesinó a 11 atletas Israelíes.

Lo que no pudo, no supo o no quiso hacer el deporte, lo hizo la música. Solo un año después de esa masacre, al unirse a la Unión Europea de Radiodifusión, el pequeño Estado de Israel trae la cuota de libertad que le hacía falta a este certamen y hace su primera aparición cuando la cantante Ilanit interpreta “Ey sham” en la minúscula Luxemburgo, en 1973.

No tardó en llegar el primer trofeo para Israel, cuando en 1978 el cantante israelí Izhar Cohen llegó con el grupo Alphabeta cantando “Abanibí”, y sin que sus tendencias sexuales sean un teme en el país que representaba, destacándose por su interpretación de la canción del gran poeta Ehud Manor, se transformó en el primer israelí en ganar Eurovisión.

Al año siguiente, en Jerusalén, de local, Gali Atari & Jalav Udvash, quienes representaban a Israel, se consagraron al entonar “Aleluya”, a esta altura, uno de los himnos del concurso.

Pasaron 20 años para que Israel gane nuevamente, y lo hizo en 1998 con la voz de Dana International, la primer transexual de la historia en ganar el certamen.

No fue la única, ya que Conchita Wurst, la representante austriaca en 2014, ganó Eurovisión gracias la brillante interpretación de “Rise like a phoenix”. Conchita, quien obtuvo el galardón por sus condiciones artísticas, nació en Austria al igual que Hitler, que esperamos se revuelque en su tumba al ver a esta talentosa artista que obtuvo el máximo reconocimiento a la música de Europa luciendo sus curvas y su barba, orgullosa de lo que eligió, y a su vez, de lo que la naturaleza le dio.

Y la gran ganadora de esta edición es Neta Barzilay, la cantante israelí que trae la canción “Toy”, lista a transformarse en un emblema musical contra la violencia de género. Esta mujer le deja claro al hombre que “no soy tu juguete”, pero no se aleja, le dice “te llevaré ahora”. Lo quiere, pero no necesariamente lo sigue ni lo condice, porque llegó el tiempo en el que la iniciativa sea de ellas.

2 COMENTARIOS

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here