Ciudadano argentino-ciudadano alemán. Por Martha Wolff

Willi tuvo que renunciar a su ciudadanía alemana para hacerse argentino. Se lo exigían las leyes de ambos países. Willi vivía en la Argentina, estudiaba en la universidad, trabajaba y sentía que debía ser argentino para ser un ciudadano con todos los derechos y las obligaciones y guardaba rencor a los alemanes por haber tenido que renunciar a su ser alemán, hecho que había comenzado cuando por la persecución antisemita su familia pudo huir a Holanda. Allí vivieron hasta el año 39 emigrando a la Argentina para radicarse en la Colonia Avigdor, última colonia que fundó la Jewish Colonization Association para refugiados judeo-alemanes.

Pasó el tiempo pero no el olvido de lo que significó emigrar por el nazismo. Ellos se salvaron pero la mayor parte de sus familiares murieron en las cámaras de gas. Lejos quedaron sus raíces y su tierra natal, la tumba de sus antepasados de más de tres siglos con un árbol genealógico entre disgregado por el mundo y los que nunca volverían a ver por el Holocausto. Tuvo que adaptarse a una nueva tierra, al aprendizaje de un nuevo idioma y nuevas costumbres sin dejar las propias y su judaísmo.

En un determinado momento de su vida hizo tramitaciones con cartas y alegatos muy fuertes en la Embajada de Alemania para recuperar su ciudadanía, habiéndosele denegado. Se asesoró, escribió cartas con opiniones muy críticas sobre antisemitismo y justificó siempre ante las autoridades porqué quería tenerlo. Decía que era su derecho a rescatarla porque lo habían expulsado y se sentía fuerte de reclamarlo como judío. El ingreso de Alemania a la Comunidad Europea, las entradas a los países en los que tiene vigencia y poder dársela también a sus hijos y nietos lo fogueaban para seguir insistiendo. Pero no fue ese el camino por el cual la obtuvo. Fui yo, su esposa, quien se la consiguió, por la jus soli, por la ley de la tierra donde nació, pero ni mi nuera, ni mi yerno ni yo la conseguimos porque no rige para nosotros la jus sanguinis, la ley de la continuidad sanguínea, pero sí para nuestros hijos y nietos.

La historia de su ciudadanía alemana tuvo lugar cuando yo trabajaba como periodista y conductora radial en Radio Jai, la Radio Judía Latinoamericana. Alemania en pleno ejercicio de la democracia posterior a la finalización de guerra, estableció relaciones diplomáticas con Israel y relaciones bilaterales económicas, políticas y culturales con las comunidades e instituciones judías del mundo y entre ellas estaba la radio. Además otorgando indemnizaciones a los judíos alemanes.

Las invitaciones que recibíamos a la Embajada de Alemania a sus eventos hicieron que conociera al agregado cultural y tanto el dueño de la radio, el Licenciado Miguel Steuermann como yo, fuimos becados a conocer la vida judía de ese país. Fue un viaje excepcional, transmitía a diario para la emisora, fui corresponsal, escribí notas, di conferencias al regreso. Y mi amistad con el agregado cultural se afianzó con su participación de un Shabat al que lo invité a mi casa. Fue un viernes diferente, porque para él mi casa fue la primera casa judía que visitaba, el primer Shabat que festejaba, la primera kipá que se ponía y la primera que tendría, ya que la pidió para conservarla. Personalmente, no me llamó la atención su falta que no conociera judíos en Alemania, porque cuando la visité como periodista me informaron que la comunidad judía aniquilada por el nazismo iba creciendo por la cantidad de judíos que provenían de la ex-Cortina de Hierro, que pedían occidentalizarse por un acuerdo de reivindicación histórica razón por la cual pasaban a Alemania con grandes ventajas como casa, salud y educación por ser judíos con deseos de volver a serlo plenamente. Y comprobé que los puestos en instituciones judías en su mayoría no eran empleados judíos, respuesta a su exterminio y emigración los que pudieron salvarse. Ese agregado cultural fue recibido varias veces más en mi casa con encuentros con grandes personalidades de nuestra comunidad y por un ascenso pasó a ser cónsul. Y fue nuestra amistad y su nuevo puesto el momento para explicarle que no sólo a mi esposo le gustaría volver a ser alemán como muchos que lo estuvieron tramitando y que consideraron que era una obligación devolverles lo que les habían quitado. Este es un punto muy discutido pero que depende de cada uno. A mi esposo tener su pasaporte alemán lo gratificó. A mí me gratificó habérselo conseguido.

Después de esa experiencia supe que en varias embajadas europeas se tramitaba la devolución de nacionalidades. Fue cuando decidí ir a la Embajada de Polonia con la documentación de mi familia, pero no pude llegar a tenerla porque mi mamá se había casado con un ucraniano y según las leyes polacas había dejado de serlo. También en esa acción yo estaba reclamando lo que le habían quitado a mi familia y a los judíos más su posterior asesinato.

En un libro que escribí en su memoria “León de Judea” explico el tiempo que me llevó llegar a comprender a los judíos alemanes y a entender entre tantas cosas lo que significó para él, como a muchos, que le devolvieran lo que le habían quitado por haber sido judíos. ¿Quién iba a pensar algún día iban a ser restringidos sus derechos y que de la vida plena sufrirían lo mismo que los judíos del Este?

Marta Wolff

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