María Kodama, la escritora, traductora y quien fuera la compañera y esposa de Jorge Luis Borges, estuvo presente en el 3° Desayuno por el Día de la Mujer organizado por la DAIA en el Hotel Alvear de la Ciudad de Buenos Aires.
Dialogó con Vis á Vis sobre su presencia en el evento, la cultura japonesa con respecto al lugar del hombre y la mujer y las enseñanzas de su padre que la marcaron para toda la vida.
- ¿Qué significa para usted estar presente en el Desayuno organizado por la DAIA por el Día de la Mujer?
«Es una idea muy excelente y es muy interesante todo lo que se refiere a la cultura judía porque es el centro y el principio de nuestra propia religión. Yo siempre digo que las enseñanzas de Jesús son las ideas que después distorsionó el poder civil de lo que es el comunismo; no como partido político sino como enseñanza de vida en el sentido de compartir, de hacer amigos y de una igualdad entre las distintas personas y las distintas religiones».
- ¿Cómo ve estos cambios que vienen sucediendo con respecto a la mujer?
«Fui educada por mi padre que nació, creció y se educó en Japón. Cuando era muy chica un día quería aprender Kendo (arte marcial japonés). Entonces mi abuela dijo ¡No! es un deporte de hombres y no de mujeres. Mi padres estaban separados y entonces ese fin de semana me dijo que no contradijera a mi abuela, que no le hiciera preguntas que no debía y me dijo algo que fue interesantísimo, yo tendría 5, 6 años en ese momento. Me dijo mi padre: «No hay absolutamente ninguna diferencia entre un hombre y una mujer, absolutamente todo lo que hace un hombre puede hacerlo usted». «A medida que crezca yo le voy a decir lo que para mí no es conveniente que usted haga. Ahora bien si usted quiere hacerlo y no es por capricho o para contradecirme y me doy cuenta que eso es escencial en su vida, voy a respetarlo hasta el día de mí muerte». Así que para mí no hay diferencias, no hay hombre, mujer, oposición. Además, la mayoría de mis amigos son hombres».

