De Tel Aviv a Eilat: recorrido por las zonas más sorprendentes de...

De Tel Aviv a Eilat: recorrido por las zonas más sorprendentes de Israel

Israel es una belleza de país de norte a sur y de este a oeste, desde sus playas fantásticas para hacer surf o submarinismo, como Eilat; hasta oasis como el del kibbutz Ein gedi, con un jardín botánico donde se trabaja desde años el ecoturismo en pleno desierto de Judea.

Tel Aviv, su capital más cosmopolita

Cuando hace calor, puedes caminar por sus 2km de playa hasta la zona del puerto, con sus cafés, restaurantes, chiringuitos y night clubs con terraza chill out, y tiendas de ropa deportiva y acuática… Además, en verano, se celebran, festivales y teatros callejeros en su plataforma de madera. Pasarás por la Marina, muy concurrida de embarcaciones y con una playa privada con un beach club llamado Topsea, “Una isla de salud en la ciudad”, ideal para tirarte en sus sofás rodeados de plantas a tomar un vinito israelí. Para hacer shopping, son muy recomendables los mercadillos de Karmel Market, de la calle King George, de Sheinkin y de la calle Dizengoff.

La Ciudad Blanca, un conjunto de más de 4.000 edificios de estilo Bauhaus, fue declarada en 2003 Patrimonio de la Humanidad.
La Ciudad Blanca, un conjunto de más de 4.000 edificios de estilo Bauhaus, fue declarada en 2003 Patrimonio de la Humanidad.

A la hora de culturizarte y probar la gastronomía kosher, Neve Tzedek es el barrio que no te puedes perder, por sus encantadores restaurantes, cafés, yogurterías y boutiques de diseñadores de ropa y joyas; sus casas restauradas por los arquitectos y diseñadores de interiores que habitan en la zona, junto a otros muchos bo-bos (bohemios y burgueses) que se sientan plácidamente en sus patios interiores ajardinados, en los rincones con bancos para columpiarse mientras toman una cerveza y llenan de creatividad sus centros culturales…

Dos mares a elegir

Desde Tel Aviv puedes hacer una excursión al mar de Galilea, que en realidad es el lago de agua dulce más bajo del mundo y el segundo punto más bajo de la Tierra después del mar Muerto, a 421 metros bajo el nivel del mar. Nada más que por su fama y por flotar un poco, ya merece la pena atravesar el desierto de Judea, con sus cuevas y formaciones saladas; y subir a la montaña de Sdom (sí, la de Sodoma y Gomorra) para arribar a sus playas y tirarte bocarriba en sus densísimas aguas saladas. La piel se te queda irreconocible, gracias a que la mineralización del agua genera un aceite que las fábricas de cosmética colindantes aprovechan para comercializar sus productos. En la de Ahava te dan tickets de acceso a su playa privada, Mineral Beach, para que remates untándote de barro negro.

Del lodo negro al mar Rojo, a bucear

Israel, una belleza de país de norte a sur.
Israel, una belleza de país de norte a sur.

Tras atravesar todo el desierto de norte a sur, llegas a Eilat, creada no hace ni ochenta años a orillas del mar Rojo. Por cierto, este toma su nombre de las montañas circundantes, cuyo alto contenido en hierro le confiere un color negro y rojo a la tierra y, al reflejarse en el mar, lo hace parecer rojo, pero de cerca es azul verdoso. Y lo mejor es sumergirse en sus profundidades, haciendo submarinismo por la barrera de coral, cuya riquísima fauna y flora también puedes contemplar en el Observatorio marino subacuático (Underwater Observatory Marine Park).

La erosión como técnica artística

Si te da tiempo, escápate al Timna Park, un inmenso parque geológico en el desierto del Negev donde antiguamente se encontraban las minas de cobre. Allí es posible hacer trekking para observar de cerca las formaciones causadas por la erosión en las arenas rojas, como el Mushroom, o los Pilares de Salomón, tres pilares rocosos que forman parte del cortado natural, así como el lago artificial que hay junto al Tabernáculo, una reproducción del auténtico Tabernáculo Sagrado.

Fuente: eldiario.es

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