Discurso completo de la Juventud Sionista: «Donde hay humanos, hay Auschwitz»

Federico Treguer y David Dolensky fueron los oradores que representaron al Consejo Juvenil Sionista- Juventud Macabea y NOAM en el acto de Iom Hashoá, que se realizó en el Centro Cultural Kirchner. Fueron ovacionados en varias oportunidades. La primera vez fue cuando Federico trajo a la memoria de los presentes que la frase «Nunca Más» de la Conadep fue idea del rabino Marshall Meyer. Y la última fue cuando David les pidió a Jorge Knoblovits, presidente de la DAIA, a Sergio Pikholtz, presidente de la Organización Sionista Argentina, y a Ariel Eichbaum, presidente de la AMIA, que no permitan que los movimientos juveniles se debiliten, porque si eso pasa, el que se debilita es el pueblo judío. David y Federico representaron a toda la juventud (NOAM – CJSA – JUVENTUD MACABEA)

Discurso completo

Aquellos que hayan leído historia reciente de nuestro país, recordarán una foto histórica, la del escritor Ernesto Sábato entregándole al presidente Raúl Alfonsín el informe de la CONADEP, titulado Nunca Más. Ese lema, frase inmortalizada en el ideario democrático argentino, fue idea del rabino Marshall Meyer, integrante de esa comisión, inspirado, entre otras cosas, en los jóvenes que habían resistido el nazismo.

Hoy, en la joven democracia argentina, resuenan tres valores fundamentales. Valores que son el faro moral que ilumina la milenaria tradición judía, Memoria, Verdad y Justicia.

La memoria está presente en cada kadish, en cada nombre de las seis millones de víctimas. La verdad aparece en el relato oral, en el testimonio de todos y todas las sobrevivientes que se animan a contarnos qué pasó y que confían ciegamente en la juventud para que guarde y comparta su historia. La justicia es lo que nos moviliza a seguir denunciando el antisemitismo y toda opresión, a cualquier pueblo o identidad alrededor del mundo. Nosotros que fuimos extranjeros y esclavos en la tierra de Egipto no podemos ni debemos ser indiferentes a lo que sucede a nuestro alrededor.

¿Pero qué es lo que hay a nuestro alrededor? Las palabras de Ka Tzetnik, sobreviviente de la Shoá y testigo en el juicio a Eichmann, nos dan una respuesta: «Donde hay humanos, hay Auschwitz»

Lamentablemente, no es fácil hoy extrañarse de tal frase, en un contexto en el que en muchas partes del mundo parece volver a levantar la cabeza el más crudo de los racismos, el antisemitismo, la islamofobia. En un contexto en el que crueles guerras y hambre se llevan puestos a pueblos enteros y entre las naciones en gran medida prima la indiferencia. Definitivamente, hay rastros de Auschwitz vivos en la humanidad.

Pero en este mundo oscurecido en el que vivimos, hay una luz que siempre mantuvo viva y ardiente la llama de la esperanza y la determinación: los movimiento juveniles.

Los movimientos juveniles nos mostraron que de la misma forma que donde hay humanos hay Auschwitz, también donde hay humanos hay escuelas clandestinas, como la Gimnasia Hebrea de Dror del Gueto de Varsovia, donde se estudiaban los contenidos de la escuela secundaria polaca, y cultura e historia del pueblo judío.

Donde hay humanos hay aquellos más de setenta comedores públicos que funcionaron en el gueto de Varsovia y hay Brit Ivrit el coro hebreo que entonaba canciones pioneras, textos bíblicos y melodías jasídicas, en el gueto de Vilna.

Donde hay humanos hay rincones infantiles, donde por la noches en el gueto de Varsovia, más de ocho mil jóvenes organizados bajo los movimientos juveniles se hacían cargo de niños huérfanos, les ofrecían actividades culturales, conversaban sobre problemas de actualidad y cantaban en hebreo.

Donde hay humanos hay Oneg Shabat, el archivo secreto del Gueto de Varsovia, donde decenas de jóvenes se reunían secretamente los sábados por la tarde para recabar toda clase de testimonios, colecciones de periódicos clandestinos, diarios, cartas, y efemérides de tipo cultural o religioso que narraban la tragedia que vivían los judíos.

Los movimientos juveniles comprendieron que si hay Auschwitz alrededor nuestro, debemos ser Irena Sendler, enfermera, trabajadora social, polaca, católica, y justa entre las naciones, que salvó a más de dos mil quinientos niños judíos.

Si hay Auschwitz alrededor nuestro, debemos ser Jaika Grossman, mensajera, que viajaba entre las ciudades y aldeas de Polonia, día a día expuesta al peligro de la muerte, con certificados falsos, llevando periódicos, información, alimentos y armas.

Si hay Auschwitz alrededor nuestro, debemos ser Frumka Plotnitzka comandante de la rebelión armada del gueto de Bedzin, que ante la pregunta de por qué luchaba contesto, “lucho por el honor del pueblo judío y por la independencia del Estado polaco, por la libertad del hombre y de la humanidad.”

Si hay Auschwitz alrededor nuestro, y lo hay también en nuestro país, en Argentina, debemos ser Sara Rus y Rosa Tarlovsky, madres, abuelas y bisabuelas, sobrevivientes de la Shoá y la Dictadura, y defensores incansables de la memoria, la verdad y la justicia.

Los jóvenes nos sentimos con todo derecho los herederos de esto. Somos los que llevamos en nuestra militancia comunitaria el mandato de nuestro pueblo, Shamor veZajor, recordar y guardar lo pasado para cambiar el presente y tener un futuro mejor. En cada acto, en cada peulá que damos, estamos haciendo una tarea que parece pequeña, pero que en realidad, es enorme. Como herederos de esas tradiciones, los jóvenes judíos y argentinos decimos, bien fuerte como los partisanos, “mir zainen do”, ¡Estamos acá!

Hace un año, en este mismo lugar, y con muchos de ustedes presentes, los movimientos juveniles le hicimos un pedido a quienes dirigían las instituciones centrales de la comunidad, y hoy, volvemos a renovar ese pedido y repetirlo frente a los que ahora nos representan.

Por eso a los dirigentes actuales, Jorge Knoblovits, Presidente de la DAIA, Sergio Pikholtz presidente de la Organización Sionista Argentina, Ariel Eichbaum, presidente de la AMIA: les pedimos a ustedes, al igual que hicimos hace un año, NO permitan que los movimientos juveniles se debiliten, porque si eso pasa, el que se debilita es el pueblo judío.

Y a los madrijim y madrijot. A las hanagot y las hanalot. A los directores y directoras. A los jóvenes en general. Nosotros los líderes de la juventud judía argentina le pedimos que continuemos por este camino. Estamos acá para educar a la resistencia. La resistencia a vivir rodeados de Auschwitz. Estamos acá para educar en valores humanos, en pluralismo, en respeto, en convivencia con la bandera de la memoria, la verdad y la justicia, las que les dimos a la Argentina para superar su propio Mitzraim. Las mismas que enarbolamos hoy en este acto. Las que nos dejaron las generaciones pasadas, las que le vamos a dejar a las generaciones futuras.

¡Mir Zainen Do! ¡Estamos acá!

 

Foto Gentileza: Nicolás Kremenchuzky

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