Lisandro Glocer: “El Programa Naale cubrió las expectativas en todos los aspectos”

Lisandro Glocer: “El Programa Naale cubrió las expectativas en todos los aspectos”

Vis á Vis dialogó con Lisandro Glocer, padre de una familia que vivenció con un hijo egresado (y otro cursando actualmente) el programa Naale Elite Academy.

El Programa Naale busca atraer a adolescentes judíos de todo el mundo a estudiar y obtener un diploma en algunas de las mejores escuelas secundarias israelíes durante tres o cuatro años y es patrocinado por el Ministerio de Educación de Israel y la Agencia Judía para Israel.

¿Dónde vivís junto a tu familia y cómo se conforma?
Somos una familia un poco fuera del modelo corriente o habitual, en el sentido de que no vivimos bajo el mismo techo, ni siquiera en el mismo país. Digamos que somos una familia internacional. Esto, sin embargo, no impide que se mantengan los lazos familiares en tiempos donde existe la intercomunicación por internet, que ayuda muchísimo. Ezequiel, mi hijo mayor, vive en los Mehonot de la Universidad de Bar Ilan en Tel Aviv, y ya terminó hace un año Naale Aniers. Y Ariel, mi segundo hijo, vive en Nahalal, un Moshav en el norte de Israel, y comenzó el plan hace casi un año. Tamara, mi tercera hija, mi esposa Daniela y yo vivimos en Rosario, Argentina. Mi hermana Laura con su marido e hijos viven en Tzur Itzjak, cerca de Kfar Saba. Una vez me gustó una definición de familia, no sé de quién, que la define en términos de una generación que cuida de otra. Me parece un concepto extraordinario y que lo abarca todo: el afecto, el aspecto económico, cultural, la solidaridad, la libertad, el sentimiento de apoyo y seguridad, preparar al otro para su independencia a través de la educación en un sentido amplio. Es un concepto que sobrepasa lo sanguíneo y con el dinamismo de quién cuida a quién en distintos momento de la vida. Tenemos varios amigos en Israel a quien incluyo en este concepto de familia.

– ¿Cómo y cuándo llegaron a contactarse para que tus hijos participen en el programa?
Escuchamos sobre los dos planes, Naale (secundaria normal de Israel) y Naale Aniers (más técnico), por los Shlijim y la Sojnut que lo publicitaban, pero nos parecía que eran muy chicos para irse con 15 o 16 años. Pero, un Sheliaj que estuvo en Rosario y que volvió a Israel, nos informó específicamente sobre Naale Aniers, nos envió información, vimos el énfasis en matemáticas, computación y física, para este caso de Aniers, y además nos dijo que lo conocía muy de adentro porque su suegro trabajaba en Nahalal en aquel entonces, lo cual nos dio seguridad y tranquilidad. Por otro lado, el nuevo Sheliaj que estaba en Rosario, y el responsable de Naale en ese momento, nos ayudaron mucho también a conocer más y tomar la decisión. Igual, por la decisión tan importante que era, busqué por internet más información, videos y comentarios. Después de que mi hijo mayor, Ezequiel, ingresara al plan de Naale Aniers en Nahalal, a pesar de que se extraña, pudimos interiorizarnos más de cómo funciona, cómo los Madrijim y todo el sistema los cuidan, están pendientes de ellos, de qué necesitan, les dan actividades y también les enseñan normas de conviviencia ya que reciben alumnos de distintas culturas y países muy diversos. Y decidimos que también iría mi segundo hijo Ariel, que ahora está allá.

– ¿Cómo fue el proceso previo?
Fue un proceso de entrenamiento en todos los aspectos. A pesar de que nos dijeron que no había que estudiar nada, ya que los exámenes eran en relación a los que todo chico de esa edad debía saber, mis hijos se esforzaron igual para poder ingresar al proyecto, pusieron mucha voluntad, incluso dejando de lado actividades placenteras o sobrecargando su agenda diaria para poder estudiar y estar mejor preparados, desde el hebreo que no era un requisito pero sí les iba sin duda a facilitar su integración a la sociedad israelí, hasta matemáticas, física e inglés. Fue algo que se ganaron. En la medida que los veíamos a ellos estudiar para lograr su meta, nosotros como padres también nos íbamos convenciendo de que era lo correcto también. No era necesario prepararse, pero ellos querían asegurarse el entrar. Cuando fuimos con Ezequiel a Buenos Aires al examen, el cual rendimos todos siempre digo, porque evaluaba tanto las capacidades aptitudinales de Ezequiel como psicológicas de estar tan lejos de su familia y nosotros como padres de estar tan lejos de él, conocimos una familia de Bahía Blanca que viajó porque rendía su tercer hijo para Naale. El escuchar la experiencia vivida con sus dos hijos mayores y que en ese momento estaban intentando que su tercer hijo también participara del plan, además de que nos contaron con qué nivel educacional y humano vivieron sus hijos la experiencia, fue algo que indudablemente nos motivó como padres y nos hizo sentir que estábamos haciendo las cosas bien, que no nos estábamos equivocando. Más allá de que cada uno vive las experiencias de modo individual, particular, conocimos una familia que había vivenciado el proyecto y estaban sumamente conformes y satisfechos, habiendo cumplido todas sus expectativas.

– ¿Se sintieron apoyados en la etapa previa con las inquietudes que siempre surgen ante eventos que uno desconocen?
La información previa nunca alcanza, es muy difícil imaginar lo que te explican y te cuentan, más bien fue gracias a lo que te comenté antes, que el suegro del anterior Sheliaj de Rosario nos contó, que sentíamos nos daba información fehaciente. Además, la información complementaria que encontré en internet, y también confiamos en el plan, creíamos en el plan aún sin conocerlo demasiado ya que está la Sojnut de por medio. Obviamente nuestros hijos sabían que se podían volver a Argentina si lo deseaban, si sufrían, si no se adaptaban, y les dijimos que era una experiencia más. Tenían libertad para elegir lo que para ellos fuera mejor, y se animaron a probar algo nuevo y mejor. Los dos han sido muy valientes. Era obviamente más fácil quedarse en Rosario, donde sus necesidades estaban más que satisfechas, con sus afectos. Como se dice ahora, quedarse en el área de confort. El hecho de que hay un pasaje de vuelta a disposición tranquiliza mucho, no por el costo sino por la libertad de la toma de decisión.

– ¿Qué expectativas tenían?
El plan cubrió las expectativas en todos los aspectos. Obviamente siguen extrañando a la familia, los amigos, los asados, el fútbol, la idiosincrasia argentina, pero puedo decir que se han adaptado y se siguen adaptando, aún con las dificultades que siempre las hay, a la idiosincrasia israelí. No puedo dejar de nombrar el apoyo que hemos recibido de todos los amigos que tenemos en Israel. Eso nos dio una gran tranquilidad como padres. Y sin ellos no hubiera vivido este proceso como lo vivimos tanto nosotros como padres y Tamara, como Ezequiel y Ariel. A Ari le tocó vivir tanto el proceso de tener a su hermano mayor viviendo en Israel, y también ser él quien se va a Israel y que sus amigos y resto de la familia estén en Argentina.

– ¿Cuándo lo realizaron? ¿Podés contarnos de qué se trató esa experiencia?
Se fueron ambos con 15 años y medio, en un plan para terminar la secundaria en Israel, con un nivel excelente, donde en cada materia se los divide por niveles, tienen compañeros israelíes, tienen profesores, tutores, clases de consulta, ayuda de todo tipo para que les vaya bien en los estudios, Madrijim y Shinshinim (jóvenes israelíes voluntarios) en lo que llaman la escuela de borde fuera del horario escolar. Realizan muchos paseos en los cuales conocen Israel. Viven en una Pnimia (internado). Cada chico tiene también que ocuparse de la limpieza, lavado de su ropa en lavarropa automático, manejan su dinero (reciben un apoyo económico mensual para sus gastos personales menores), rinden las Bagruiot (exámenes finales de la secundaria de Israel, que son de reconocimiento internacional), y luego, si quieren, se quedan en Israel y hacen Aliá, o vuelven a su país de origen, ya que durante todo el plan siguen siendo extranjeros en Israel. Nuestro hijo mayor se quedó, pidió la ciudadanía Israelí y hoy está en la Universidad en Israel. En realidad es algo que a mí personalmente siempre me hubiera gustado hacer, pero por circunstancias de la vida no pude. Mi hermana Laura que sí hizo aliá en 2006, y hoy ella, junto a su marido Offir, y familias muy amigas, son también quienes ayudan a mis hijos. Por eso me gusta esta definición de familia en términos de una generación que cuida de otra. Pero, por si otra familia lee este reportaje, les comento que si no tienen familia y amigos en Israel, el plan les asigna una familia adoptiva, especialmente para salir los fines de semana de la Pnimia. Es importante entender que los chicos después de la escuela tienen muchas actividades, y la palabra internado parece dura, pero para los chicos es una vida entre jóvenes de su edad.

– ¿Cómo vivieron el proceso?
Con mucha valentía. Indudablemente tienen mucha fuerza para estar lejos de sus padres donde todo era más fácil, pero también disfrutando de la experiencia. Siempre les digo que vivan esto como una gran aventura y una gran oportunidad. Este proceso les ha permitido crecer, ser más independientes (obviamente sabiendo que nos tienen a nosotros como su espalda), aprender a tomar desde un colectivo hasta decisiones, a relacionarse sin que sus padres estemos cuidándolos todo el tiempo. Les surgen oportunidades y posibilidades que aquí no hubieran ni imaginado. Ari, por ejemplo, se enganchó en una materia optativa en la cual cultivan frutas y verduras que consumen en el comedor. El proyecto cumplió ampliamente nuestras expectativas, sin dudas. Estamos muy agradecidos por todo lo que los cuidan, educan, los llevan de paseo, les dan actividades, tienen la vivencia de las tradiciones judías dentro de Israel, los hacen de a poco ir insertándose en la sociedad israelí sin darse cuenta y aprenden el hebreo sin dificultades. Está muy bien pensado y llevado adelante el proyecto.

– ¿La experiencia vivida por tu familia, puede representar que otro hijo participe del programa? ¿Lo recomendarías?
Obviamente que lo recomiendo para nuestra hija menor Tamara, pero también ella tiene que querer, y lo sugeriría a otras familias. Estoy a disposición para contar nuestra experiencia y dar sugerencias a otros que los puedan ayudar a elegir este proyecto.

– ¿Algo más que quieras agregar?
Sí, que más allá de que este proyecto depende del Ministerio de Educación de Israel, de la Sojnut, de la ORT (para el caso de Aniers), recibe un apoyo espectacular de la WIZO, y merece la WIZO un gran reconocimiento. Una propuesta mía es que después de que los chicos terminan Naale al finalizar secundaria en Israel sería bueno que, para aquellos chicos que se quedan a vivir en Israel, el plan se asegure su integración a la vida diaria israelí, ya sea a realizar un terciario, Universidad o la Tzavá (ejército) por medio de un seguimiento personalizado con un tutor asignado, ayudándolos a insertarse y acompañándolos en las dificultades que pueden encontrar, trámites a realizar, etc. Los cuidan tanto mientras están en el plan que después, por lo menos para mi hijo mayor lo fue, les es difícil no tener a mano esa ayuda que tenían día a día. Creo que el éxito final del plan se lo puede medir, ya sea en que los chicos que vuelvan a sus países de origen estén conformes y contentos con la vivencia realizada en Israel o para quienes se quedan a vivir en Israel se inserten bien sin mayores dificultades y con ayuda, aunque sea por el primer año.

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