“Otra vez». Por Martha Wolff

25ª Aniversario del Atentado a AMIA

A pocos días de la recordación de la fecha del atentado a la AMIA sigue vigente aquella segunda explosión.

La primera fue contra la representatividad de un país como Israel que legitimó ante el mundo el derecho de ser judíos libres.

La segunda fue contra nuestra comunidad de ciudadanos argentinos de religión judía. Fue repetir con su estruendo, destrucción, asesinato volver a condenar a fosas comunes a los judíos. Fue el estrellarse con dinamita para actuar sobre el punto de equilibrio edilicio y derrumbar su estructura dejando entre escombros los cuerpos sin vida de gente que en paz trabajaba, estudiaba, pasaba por ahí, iba a buscar empleo, cultura, recibía ayuda social y demás beneficios como miembros de la colectividad. Y qué mejor que haber repetido el irresuelto atentado a la Embajada de Israel para atacar nuevamente de la mano del odio antisemita a una comunidad organizada para desmoralizarla. Pero no fue solo eso, fue también atacar a la DAIA y a su representatividad política, a sus archivos, a sus denuncias, a sus relaciones nacionales e internacionales.

Fue un reguero de sangre y muerte para volver a matar a miembros de una comunidad que en su mayoría tienen en su historia personal familiares muertos por los pogroms, el comunismo, el nazismo, el fascismo, la dictadura militar en el álbum de sus corazones con los que podrían haber compartido la vida.

Cada judío que camina por este país y por el mundo recuerda su historia personal que es la Historia grande de las persecuciones y las matanzas, las separaciones y las distancias, las desapariciones y desconocimiento de sus tumbas, de sus destinos, de vivir dispersos en diferentes países sus seres queridos que pudieron huir y salvarse de las barbaries y del odio racial y de muchos han quedado huérfanos de todo.

Fue el atentado a la AMIA otra vez una fosa común para matar judíos en plena ciudad, en pleno barrio judío a plena luz del día como las fosas comunes de los fusilamientos de nuestros enemigos hacia nuestros hermanos. Hoy continúa la lucha para homenajearlos porque fueron asesinados sin poder defenderse.

Hasta hoy sus almas no callan y quieren saber los nombres y apellidos de sus perpetradores, filiación política, direcciones, países y demás, pero han pasado 25 años y como deber moral y con nuestro espíritu de resiliencia también hay una nueva generación con el ADN de Justicia reclamando impunidad para revivirlos por haber sido judíos argentinos al servicio de toda la sociedad.

“Otra vez”, dijo mi madre cuando estalló la AMIA, y esa “Otra vez sigue doliendo…

Martha Wolff

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