Inauguraron los tres murales en el Hospital de Clínicas en homenaje a las víctimas de la AMIA

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Con la presencia del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodriguez Larreta, la subsecretaria de Derechos Humanos Pamela Malewicz y el presidente de la AMIA Ariel Eichbaum se se completó esta tarde  el «Corredor de la Memoria» que recuerda el atentado a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994, con la inauguración de tres murales gigantescos pintados por artistas callejeros en el Hospital de Clínicas, donde fueron atendidas la gran mayoría de las víctimas el día de la explosión, que dejó 85 muertos y más de 300 heridos.

Todos sentimos lo mismo, dolor, indignación y queremos que haya justicia para las 85 víctimas y sus familias. Renovamos nuestro compromiso como ciudad de una sociedad libre de violencia. Es un compromiso que tenemos que asumir todos, para las próximas generaciones, los valores que queremos para nuestro país y nuestra ciudad, valores de respeto a la diversidad y de tolerancia cero a ningún tipo de violencia».

Ariel Eichbaum, dijo a su turno: «Es conmovedor, a pocas horas de cumplirse 25 años del atentado, inaugurar estos tres murales», y agregó: «La memoria debería ser un homenaje, pero en este caso es también un reclamo de justicia».

«El ejercicio de la memoria es la lucha constante por traer algo del pasado y hacerlo significativo en este presente», dijo el curador del «Corredor de la Memoria», Elio Kapszuk, uno de los oradores de la inauguración, realizada en la porteña Plaza Houssay.

Los tres murales, de 50 metros de alto por 14 de ancho cada uno, fueron pintados sobre las paredes laterales del hospital que dan a la calle Uriburu.

El primero de ellos y el más cercano a la avenida Córdoba, realizado por Mariano Antedoménico, muestra una cadena humana rescatando víctimas entre los escombros del edificio de la AMIA, retratando así una de las primeras imágenes que difundieron los medios después de la explosión, ocurrida a las 9.53 de la mañana en la calle Pasteur 633 de la Ciudad de Buenos Aires.

La segunda obra, pintada en escala de grises por Martín Ron, es un homenaje a los trabajadores del hospital y muestra a un grupo de médicos trasladando camillas con heridos.

Por último, en el mural más cercano a la calle Paraguay, realizado por Mariela Ajras, se ve el rostro de una mujer, que representa a la justicia, tiene los ojos vendados y está encerrada en un reloj de arena, en una alegoría a los 25 años «de impunidad» transcurridos desde el atentado hasta hoy.

«El Corredor de la Memoria no podía concluir sin una intervención en el Hospital de Clínicas, sin el reconocimiento a la hermandad que nos une hace 25 años y el compromiso por la vida asumido por todos los trabajadores del hospital», expresó Kapszuk.

Por su cercanía con la AMIA, el Hospital de Clínicas, que depende de la Universidad de Buenos Aires, recibió el 18 de julio de 1994 a la gran mayoría de los heridos por el atentado.

«Esa tragedia marcó nuestras vidas. AMIA todavía nos duele», dijo durante la inauguración el médico Luis Sarotto, quien era jefe de guardia del hospital al momento del atentado.

Y agregó: «Estos murales nos llenan de felicidad porque nos recuerdan el lazo indestructible que nos une a la AMIA, nos recuerdan que hay que luchar para que algo así no vuelva a ocurrir y además reconocen el trabajo de todos los que ese día dejaron sus manos, sus horas y su corazón».

El Corredor de la Memoria es una «intervención en el territorio» que busca «dejar huellas y marcas para que nadie pueda tener la sensación de que en Pasteur no pasó nada», afirmó Kapszuk.

El primer punto de este «corredor» es la estación del subte B «Pasteur-AMIA», que fue intervenida por más de 30 artistas con obras de arte que representan el «reclamo de justicia», describió el curador.

Luego, a lo largo las cinco cuadras de la calle Pasteur ubicadas entre las avenidas Corrientes y Córdoba, se plantaron 85 árboles con los nombres de cada una de las víctimas.

Otro «hito del corredor» se encuentra en el nuevo edificio de la AMIA, que fue construido sobre los cimientos del anterior, pero unos metros «retirado de la línea de edificación», dejando libre una medianera que tiene «las dos únicas huellas del viejo edificio: dos vigas adheridas a la pared».

En esa medianera, el artista Martín Ron pintó la obra llamada el «Muro de la Memoria».

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