Director ejecutivo de B’nai B’rith para Latinoamérica sobre el antisemitismo: «No podemos decir que no pasa nada en América Latina»

Eduardo Kohn, director ejecutivo de B’nai B’rith para Latinoamérica, reconoce crecientes niveles de discriminación hacia los judíos en la región, y vislumbra un 2020 «muy difícil para la política internacional»

La lucha contra el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, la defensa de los derechos humanos, la ayuda, el apoyo al Estado de Israel, así como la preservación y la enseñanza del Holocausto han sido los pilares fundamentales de B’nai B’rith, una de las organizaciones judías más reconocidas a nivel global, y cuyos orígenes se remontan al año 1843.
Eduardo Kohn, director ejecutivo de esta ONG para Latinoamérica, señala en diálogo exclusivo con Ynet Español que el ejercicio de su cargo implica “coordinar acciones políticas”. Ello representa generar “entrevistas con autoridades en el seno de la OEA, de la ONU, del Consejo de Derechos Humanos, de UNESCO, así como también organizar actividades que podamos llevar adelante en la región, tal como ha sucedido en los últimos tiempos con la situación que le toca vivir a Chile”.

Kohn explica que “Chile vive desde hace mucho tiempo una situación muy particular, su colectividad judía ha sido hostigada fuertemente por la comunidad palestina, generándose preocupantes situaciones de antisemitismo. En este caso, sin pasar por encima de lo que las autoridades comunitarias puedan decidir, coordinamos con el país la defensa de la colectividad ante este tipo de ataques”.

“Sucedió también en Venezuela”, agrega Kohn. “Mucha gente no entendió en su momento el primer mensaje de Chávez. Él habló –en vísperas de una Navidad- de “aquellos que mataron a Cristo” y dos organizaciones judías (B’nai B’rith y el Centro Wiesenthal) de inmediato reconocimos un claro contenido antisemita. Me comuniqué de inmediato con los embajadores de Venezuela acreditados ante distintos países latinoamericanos y empecé a descubrir que las cosas estaban cambiando, y que se aproximaba un nivel de antisemitismo que acabó siendo un antisemitismo de Estado. En ese momento comenzamos a coordinar acciones a nivel de la OEA y, desde entonces, hemos hecho lo posible -desde un punto de vista humanitario- para ayudar a la comunidad local”.
Kohn introduce otra de las misiones que asume la B’nai B’rith desde su creación: la coordinación de acciones de ayuda humanitaria. “Nosotros, por ejemplo, hemos hecho corredores humanitarios en Colombia para permitir el pasaje de medicamentos, y hemos colaborado en desastres naturales, tal el caso de los terremotos que ha sufrido Chile, organizando la ayuda que llegó desde Israel hacia la región”.

¿Qué balance puede hacerse sobre la situación en América Latina? ¿Qué evaluación realiza sobre las situaciones de antisemitismo registradas en la región durante el 2019?

El antisemitismo está creciendo. Es notoriamente creciente -y con mucha violencia- en Europa y Estados Unidos. Violencia que incluso ha causado muertes. Francia concentra los casos más graves de antisemitismo pero este año también se registraron episodios en Alemania, Bélgica, Holanda, Suecia y ni que hablar de España, donde el partido político Vox es la voz del antisemitismo. En América Latina hay muchas agrupaciones, sobre todo políticas, a las que les gusta marcar que estos incidentes se dan demasiado lejos de esta región. Nosotros nos oponemos terminantemente a eso. No sólo no son hechos alejados, sino que establecemos claramente que en esta región hay antisemitismo. No es exactamente el mismo que se registra en Europa, por otras diferencias. Salvo Venezuela, Cuba y Nicaragua –y hasta hace poco Bolivia- los gobiernos no apoyan al antisemitismo, pero las redes sociales son un mar de antisemitismo que a veces se hacen difícil de combatir. Y en este 2019, Chile fue el país que más lo sufrió con amenazas que provinieron no solo de grupos palestinos organizados sino que también desde la academia, organizaciones sociales y de propias comisiones interparlamentarias. Argentina aumentó en este año un 100% la cantidad de acciones antisemitas, contándose vandalizaciones, pintadas, insultos, etc. Uruguay en marzo conmemorará cuatro años de una horrible marca, el asesinato de David Fremd. No podemos decir que no pasa nada en América Latina. No lo creemos y tenemos que estar muy atentos. La clase política en general debe ser consciente del peligro que eso conlleva si no es atendido a tiempo. No podemos esperar que suceda otra muerte.

¿Cómo ha interpretado las primeras decisiones que a estos afectos se han adoptado desde el nuevo gobierno argentino? ¿Puede haber señales confusas?

Nosotros no creemos que sean confusas. Entendemos que son señales muy parecidas a la línea de la política exterior que se ejerció previo al gobierno de Macri. Mantener a Hezbollah en el listado de organizaciones terroristas es una resolución basada, no solo en lo que pueda pensar o no el Estado de Israel, sino fundamentalmente en una visión geopolítica. La declaración de Hezbollah como organización terrorista no es un tema que atañe a Israel, es un tema que tienen resuelto Estados Unidos y Europa. Entonces, lo que hacía Argentina si revocaba esa resolución era enfrentarse innecesariamente -en un tema muy sensible- a muchos países con los que el gobierno de Fernández necesita contar, principalmente por aspectos económicos. Era enfrentarse a Estados Unidos, a más de 30 países de Europa y, ni que hablar, a Israel. Fue una decisión política de no generarse problemas, pero la intención estuvo. Si Argentina es simpatizante, adherente, aliado o, vaya a saber uno qué, de Venezuela, entonces eso implica muchas cosas. Maduro implica Hezbollah, Irán, Rusia y narcotráfico. Es estar aliado con un país que ha expresado abiertamente su odio hacia Israel.

¿Cuál cree que es la mayor preocupación de cara al 2020? ¿Qué situación lo inquieta más en la región?

Las situaciones económicas inestables, que son muchas, derivan en situaciones de violencia, enardecimiento y extremismo. No hay ninguna duda que la situación que se vive en Venezuela y Nicaragua, va a empeorar y radicalizarse. Al suceder eso, Venezuela divide a Latinoamérica. El 20 de marzo se elegirá al secretario general de la OEA, y ya puede apreciarse una horrible división en una región con problemas comunes. A partir de temas económicos, la región se ha dividido por cuestiones políticas. Entonces hay una suerte de péndulo. Uruguay, posiblemente, modifique su política exterior con la asunción de su nuevo gobierno. Brasil va a mantener su línea, mientras que Argentina la va a cambiar. Paraguay esta dentro del núcleo cercano a Brasil. Perú intenta hacer equilibro, mientras que Chile atraviesa una situación compleja pese a que intenta mantener su equilibro político a nivel internacional. Por ejemplo, Chile ha votado en contra de Israel en, al menos, 20 de las últimas resoluciones internacionales que se han adoptado. No sé si los diplomáticos sabían lo que hacían, o si siguieron una determinada línea trazada por un grupo de países. Hay países que en este tipo de instancias se abstienen, por las dudas, otros que apoyan a Israel –son pocos, Brasil, Colombia, Honduras, Guatemala- y después hay todo un grupo que, o se van al baño en masa al momento de votar, o no tienen muy en claro porqué es que votan en contra de Israel. Me encantaría que lo dijeran públicamente. ¿Leen lo que votan? No sabemos. Es muy preocupante la división que se ve en América Latina a estos efectos. Hay una enorme inestabilidad económica, que deriva en una inestabilidad política.

¿Vislumbra entonces un año más complejo?
Sí. Las grandes potencias tienen su vida propia, y se preocupan poco por la vida de los demás. Es parte de un egoísmo natural. Es año de elecciones en EE.UU. y eso genera una gran introversión. América Latina no se incluye dentro de la agenda. Eso genera que uno piense que el 2020 vaya a ser muy complicado, porque si la mayor potencia va a estar ocupada en sus temas, entonces Rusia seguirá dominando en países como Venezuela y Siria, generándose una gran inestabilidad. Por otra parte, Medio Oriente también tiene una situación compleja el próximo año. Las elecciones en Israel son un tema crucial, no solo para la región. ¿Qué pasa si este estancamiento político continúa? Es algo que puede suceder. No parece razonable que 20% de los votantes cambien su voto. Y si no lo hacen, esto puede generar una situación inestable. Y si Israel permanece inestable, Medio Oriente se pone inestable. Se viene un año muy difícil para la política internacional.

¿Las redes sociales abrieron un nuevo frente de batalla?
Creo que las redes son un invento maravilloso. Pero lamentablemente la falta de regulación permite que se genere todo tipo de odio y violencia. Y eso es un desafío para todo el mundo. ¿Cuántos episodios de los últimos días fueron generados a través de las redes? Y no únicamente de antisemitismo. Basta con que uno exprese una opinión –de cualquier índole- para que alguien con un seudónimo manifieste todo tipo de barbaridades. Las redes son herramientas. Lo que tenemos que intentar hacer es empujar, por lo menos, a que se busque una regulación. Intentemos regular los delitos informáticos en casos de difamación e injurias, como ha sucedido en Argentina y Paraguay. Quien viola la normas de convivencia no puede tener un campo de libertad absoluto en las redes. Hoy hablamos de Twitter, Facebook e Instagram y capaz dentro de un año tenemos que aprender cinco nombres nuevos. Es muy dinámico. Y si no lo regulamos, vamos a desbordarnos.

¿Cuáles son sus motivaciones y desafíos para el 2020?
Creyendo en determinados principios, en la defensa de los derechos humanos y en la lucha contra el antisemitismo, yo estoy determinado a seguir peleándola. Lo haré ahora, como lo he hecho siempre, dentro de la oportunidad que me da B’nai B’rith de participar en reuniones con autoridades de gobierno, de OEA y la ONU para defender esos principios. Quiero ser optimista. Hay mucho por hacer en educación y en contra de todo tipo de discriminación. El hecho de ver que las cosas pueden ponerse muy complicadas en muchos países nos hace estar ayudando a las comunidades permanentemente para que estas situaciones de violencia puedan reducirse, y que las situaciones de antisemitismo no se sigan reproduciendo. Es difícil, pero quiero ser biológicamente optimista al respecto. Y mientras me den las fuerzas, seguiré peleando por eso.

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