Asher Cohen: “El secreto de la ciencia en Israel es que no le tenemos miedo al fracaso, para nosotros es avanzar un paso”

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Del laboratorio a la gestión universitaria y de ahí al mundo. Así puede resumirse la trayectoria del israelí Asher Cohen. Recibido de economista con una maestría en psicología, se doctoró en los Estados Unidos. Volvió a su país para enfocarse en las neurociencias y se convirtió en uno de los investigadores más reconocidos a nivel global.

Después estuvo 5 años como rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén – la principal institución académica y de investigación de ese país- a cargo del reclutamiento de investigadores, la apertura de programas académicos y la actualización de los planes de estudio. Ahora es presidente de esa universidad, un cargo que lo lleva por el mundo a establecer vínculos con otras instituciones académicas.

– ¿Cómo eligen los temas de las investigaciones científicas en su universidad?

– Buscamos estar siempre a la vanguardia de los principales temas científicos, cualesquiera que sean. Por ejemplo, la nanotecnología. Hace 30 años no la teníamos, pero no era tan prometedora que la desarrollamos. La física cuántica es otro ejemplo.

– Y en su caso, ¿qué investigó?

– Trabajé en neurociencia cognitiva, que es un tipo de investigación del cerebro humano. En mi caso, analicé la forma en que vemos. Vemos con los ojos, pero en realidad en el cerebro existe un sistema de comando que indica a los ojos hacia dónde ver. A esto lo denominamos atención, atención visual. Uno piensa que ve todo lo que tiene alrededor, pero en realidad ve tal vez una o dos cosas en un momento determinado. Entonces, una buena pregunta es ¿cómo seleccionamos las cosas interesantes? Y la respuesta es que tenemos un sistema de comando dentro del cerebro que indica a los ojos hacia donde tienen que ver. Lo hice observando los comportamientos de las personas y examinando la actividad en sus cerebros.

Trascendieron investigaciones que ustedes hacen sobre alimentos artificiales. ¿En qué consisten?

– Nos estamos encaminando hacia un mundo en que ya no podemos acceder más a todas esas vacas que tienen aquí en Argentina (risas). Es un problema para el futuro. Entonces estamos buscando alternativas que sean parecidas para que la gente pueda pasar de consumir ganado real a esa otra cosa, artificial. Lo hacemos con vegetales. Las plantas son mucho más que lo que imaginamos. Los hongos, por ejemplo, se pueden usar para cubrir envases, en lugar de nylon. Lo que buscamos es utilizar alimentos para una mejor alimentación y para reemplazar otros materiales que realmente no necesitamos.

– Pero, ¿cree que en el futuro consumiremos ese tipo de alimentos?

– No exclusivamente, pero sí más que ahora.

– También tienen avances en Big Data. ¿De qué se trata?

– Hay muchos tipos de investigaciones. Big Data hace referencia a los miles y miles de millones de bits y documentos que hoy manejamos. Pero hay muchas cosas que se hacen con eso que no son interesantes. Nosotros buscamos que sea útil y por eso nos concentramos en la medicina computacional.Le doy un ejemplo. Ante una enfermedad grave, como diabetes, cáncer, etc., cinco personas que van al médico toman la misma medicación pero tienen resultados distinto. Con Big Data se pueden sacar patrones de las personas y dar con el medicamento que corresponde a cada uno.

– La gente acá muchas veces se pregunta cómo Israel, siendo un país tan pequeño, se ha vuelto tan importante en la ciencia y la investigación… ¿cuál es el secreto?

– Si tiene una respuesta, por favor cuénteme.

– Pero usted es el entrevistado…

– Bueno, es una combinación de cosas. Hay algo en la cultura israelí, que es la curiosidad, la audacia o el descaro para hacer las cosas, que a veces es excesiva. También está que no tenemos miedo a fracasar. En Israel si usted fracasa en algo, está bien, se toma como que avanza a un paso siguiente.

– ¿Vivir en guerra puede incidir también en esta cultura?

– Bueno, la última vez que observé a Uganda, no vi que salieran grandes científicos de la guerra que ellos viven. Por eso digo que es una combinación de cosas. Tal vez el hecho de que vivamos en una zona con muchos peligros sume algo, pero es solo un factor, que ojalá pudiéramos quitar.

– ¿Qué consejo le daría a un joven científico en la Argentina?

– El consejo que me di a mí mismo cuando era joven, que fue perseguir mi sueño. Insistir y saber que tenemos estos sueños e intentar lograrlos, cumplir los sueños.

– ¿Y qué pasa cuando uno tiene sueños pero faltan recursos?

– Los recursos son extremadamente importante. Nosotros tampoco tenemos suficiente y creo que si tuviéramos más, estaríamos al mismo nivel que Harvard y Yale, pero estamos en un segundo nivel. Seguimos estando arriba, pero en un segundo nivel porque el presupuesto de ellos es unas siete veces más grande que el nuestro. Eso les permite adquirir cosas que nosotros no podemos.

– ¿Y que les diría a los políticos?

– En Israel, a principios de los años 2000 hubo un período corto de tiempo en que el financiamiento de la ciencia se redujo. Pero afortunadamente, se comprendió rápidamente que tener universidades de investigación e investigadores destacados es fundamental para muchas cosas. Para la cultura, pero también para la economía. La única cosa que separa a los EE. UU. del resto del mundo en realidad es la cantidad de universidades de investigación que tienen: tienen inventos, traen gente buena de afuera, es un factor enorme para la economía. Entonces, creo que todos los políticos deberían darse cuenta de eso y cambiar sus prioridades. Por mi experiencia, cuando hablo con políticos en Israel, no siempre escuchan; espero que los políticos argentinos sí escuchen.

Fuente: Clarín                                                                                                                Autor: Ricardo Braginski

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