Se realizó en Paraná el primer acto en homenaje al fiscal Alberto Nisman

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Organizado por la Asociación Israelita de Paraná, cuyo presidente es Daniel Soskin, la DAIA filial Paraná y la Federación de Comunidades judías de Entre Ríos (Fecojuer), las cuales el titular es Pablo Soskin, se realizó  el primer acto homenaje al fiscal Alberto Nisman en el 5to aniversario de su muerte.

Casi 200 personas se hicieron presentes esta mañana en la Plaza Principal de Paraná denominada 1° de Mayo, donde se encuentran los Monumentos a las Victimas de los Atentados de Amia, Embajada y el del Fiscal Nisman. Al comenzar el acto se realizó la oración de duelo (Kadish), luego se realizó un minuto de silencio. Susana Goldemberg recitó un poema dedicado a las hijas del Fiscal, Iara y Kala Nisman. El cantante Maury Scharovsky canto una canción alegórica.

Delia Sisro, co-autora del libro «Nisman fue asesinado, yo fui testigo», fue la única oradora del acto y Pablo Soskin encendieron una vela en el monumento a Nisman. Luego del discurso de Sisro se entonó el Himno Nacional Argentino

Discurso completo de Delia Sisro

Ante todo, quiero agradecer al presidente Daniel Soskin por esta invitación y extiendo el agradecimiento a la DAIA filial Entre Ríos, a la Asociación Israelita de Paraná y a la federación de comunidades judías de la Provincia de Entre Ríos.

Haré mías, parafraseándolas, algunas palabras de León Felipe de 1942.
Tenemos muchos argentinos la garganta destemplada y en carne viva.
Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre…. porque muchos tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho
Cerraron todos los postigos,
Se hicieron los sordos,
Se taparon los oídos con cemento.

Sin embargo, los argentinos que pedimos justicia no gritamos, no hablamos alto.
hablamos desde el nivel exacto del hombre, de la mujer, de la humanidad
Y el que piense que hablamos demasiado alto, es porque escucha, desde el fondo del pozo.

En este Plaza, a esta hora, y en diferentes lugares y horarios, por estos días, honramos la memoria del Fiscal Nisman.

Lo hacemos siempre con respeto, con una voz contundente, contra toda forma de silencio, conmemorando su muerte y pidiendo, una vez más, JUSTICIA.

Pero hay una sola manera de que esto tenga lugar: seguir viviendo en una república. Y la República existe, si hay división de poderes, si hay separación de funciones.

Si el que administra, es decir el presidente, no hace la ley, ni juzga su aplicación, si el que hace la ley no administra ni juzga, si el que juzga no administra ni hace la ley.

Para decirlo simple: hay tres tiempos verbales básicos para identificar a cada poder. El ejecutivo trabaja con el presente, es el que debe ocuparse de lo que una sociedad necesita. El poder judicial lo identificamos con el pasado porque trabaja con las cuestiones que ya sucedieron, y el legislativo podemos identificarlo con el futuro, porque todas las leyes rigen en adelante.
Pero los tres poderes con su accionar o su omisión determinan la vida de las futuras generaciones. Tienen implicancias para nuestros hijos.

No quiero ridiculizar el tema, pero es tan obvio que hay que explicarlo.
Porque como dijo el jurista francés: El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Las injerencias en el control de las pericias le corresponden a la justicia y no al ejecutivo ni a su órbita.

Una cosa es haber hecho una marcha en respetuoso silencio y otra muy diferente es permanecer callados.
Lo único que oscurece es callar.
Y siempre vamos a buscar más claridad y para eso es necesario decir que no pueden meter la mano sobre las pericias quienes tienen que administrar.
Ya metieron los pies sin cubrezapatos en la escena del crimen del Fiscal de la Nación, Alberto Nisman.
Ya bailaron sobre su sangre tibia.
Ya se olvidaron de ponerse los guantes para sacar huellas,
ya contaminaron el arma al limpiarla con papel higiénico,
ya olvidaron peritar su camioneta y su gps,
fojaron con lápiz negro, y borraron todo lo que tal vez
era inconveniente.
Quien sabe para quién, quién sabe por qué.

Incurrieron en estas y otras obscenidades. Pero eso sí, hicieron lavar los platos sucios del fiscal asesinado.
Más proyección no puede tener la realidad.
Ojalá algún sepamos en verdad a quién le estaban lavando los platos sucios.
Por eso seguiremos reclamando aunque nos bailen en la cara. Aunque instalen en muchos medios de comunicación surtidores de mentiras.

No vamos a dejar el dolor arrumbado en ninguna parte, pedimos justicia con el dolor a cuestas, no todos vamos a entrar en los prepotentes pantanos porque no queremos fiscales mudos ni muertos.

Los queremos haciendo su trabajo y si eso implica denunciar, que al 5to día de hacerlo, sigan vivos.

Nos prefieren sumisos, asustados, débiles. Hay quienes nos hostigan a los que pretendemos decir lo que sabemos o simplemente hacemos las incómodas preguntas.
Pero acá estamos los que vamos a llamar las cosas por su nombre. Sin artilugios ni metáforas porque un asesinato no tiene alegorías.
La muerte del fiscal Nisman nunca será la muerte de un hombre a secas, siempre será el asesinato de un Fiscal de la Nación.
Un asesinato tiene el carácter de un acto fuerte y oscuro.
Y cuando hay que decir algo hay que ir al hueso, sin reparos, a la espina dorsal.
Un asesinato es un hecho atroz, injusto y salvaje.
Porque cuando borraban las huellas de su casa, nos dejaban las marcas a todos los argentinos.

Sobre Nisman se dijo de todo y así nos fuimos envenenando en una violenta calesita a la intemperie y a la luz del día.

La muerte de Nisman instaló una desconocida barbarie, nuevas incertidumbres y también trajo alivio la voz de la justicia, en primer término con la unánime razón expresada por la Corte suprema: de que el fiscal Nisman murió en virtud de lo que investigaba.
Y luego con la voz representativa del Juez Julián Ercolini que dijo
que la muerte del Fiscal Nisman no obedeció a un suicidio
y que habría sido producida por terceras personas y en forma dolosa.

Efectivamente la muerte del Fiscal no fue un hecho personal, fue político y social.
En un país en el que nos enorgullecemos de la lucha por la justicia y no de la venganza, en el que no pedimos la pena de muerte ni para el más nefasto de los dictadores, ni para los probados torturadores, el Fiscal Nisman murió en cumplimiento de su función por un tiro a sangre fría.

Muchos quieren fagocitarnos, pero vamos a resistir y seguir reclamando y buscando la verdad que, aunque no tiene contemplaciones, es una bocanada de oxígeno.

La investigación de su muerte fue hecha con alteraciones, impericia, negligencia y con más intenciones de confundir que de esclarecer.
Intentaron instalar un relato distractor y lograron su cometido: una vida trunca y con ella su silencio.
La muerte de Nisman es un avión caído en medio del mar.
La sociedad necesita la caja negra, las maquiavélicas voces que pergeñaron su muerte, los nombres de los responsables: de los fanáticos y de los cómplices.
Necesita que no se absuelvan encubridores. Porque eso instala el desamparo de la impunidad.
Necesita desentrañar el memorándum de entendimiento con Irán que llegó a espaldas del juez y del fiscal de la causa, a espaldas de todos los ciudadanos. Con la complicidad del Poder Ejecutivo de entonces. Con la complicidad de los propios acusados. Un documento que protegía a los culpables. Aprobado sospechosamente en tiempo récord.
No bastó con matar a 85. También quisieron matar la causa con ese vergonzoso documento. También mataron al fiscal que lo cuestionó. Se ganó tiempo, se perdió dignidad. Se ganó oscuridad, se perdió república.
A 5 años de la muerte del fiscal, aunque la caja negra ya está en el fondo del mar, aunque haya más olor a muerte sobre los escombros y hemos perdido los datos, mientras tengamos la memoria como estandarte, vamos a seguir buscando a los responsables de haberla perdido. Manosearon la verdad, pero sigue inclaudicable, aunque desgarrada, la poderosa voz que reclama justicia.

Seremos los roncos, los desafinados, pero nunca los abnegados los que en las plazas la reclamemos.
Que nos absuelvan del olvido. Que nadie diga que miramos al costado mientras la sangre pasaba por debajo de todos nuestros zapatos.

La memoria es una potestad y una responsabilidad.

El concepto de perseguir no me gusta ni sobre la justicia.
Por la justicia se lucha, se trabaja, se busca, no se persigue.
Por la justicia se dice en voz alta, se enuncia, para ponerle palabra. Palabras justas.
Aunque solo las digamos las desentonados, aunque solo le demos voz los que no estamos dispuestos a comprar ficciones pestilentes sobre la realidad.
Aunque quedemos disfónicos será incansable el deseo de una república sin asesinatos y será permanente el pedido de justicia por Nisman que también es el pedido de justicia para toda la sociedad argentina que sigue sangrando por la herida de su bala.

 

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