Vuelo a Auschwitz por nuestra memoria. Por Jorge Knoblovits

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Regreso al infierno.

Estoy volando a Auschwitz, camino inverso al que hizo mi padre, escapado por los bosques de Hungría en 1936 perseguido por los nazis, por judío, por joven, por combatiente. Hago el camino inverso. No regreso, no escapo. Vuelo de regreso a la memoria. Mientras vuelo, escucho Mozart y pienso en mi padre, en todos los padres, en todas las madres, en los hermanos, en los hijos, en los amigos. Vuelo de regreso a Auschwitz. Vuelo a la batalla por la memoria. Vuelo a Auschwitz para escapar de la comodidad, para sumergirme en el caos de la peor miseria de la historia. Vuelo, escuchando la música que evoca a miles de metros de altura que elevan la recordación de nuestro pueblo, y nuestras batallas. Vuelvo a Auschwitz por mi padre, y por mis hijos.

Vuelvo a Auschwitz por nuestra memoria.

Hoy hace 75 años las tropas del Ejército ruso liberaban el más grande de los campos de exterminio, Auschwitz-Birkenau donde fueron asesinados más de 1.200.000 personas de las cuales un millón eran judías. También 70.000 polacos, 25.000 gitanos y 15.000 prisioneros de guerra soviéticos y muchos otros miembros de distintas nacionalidades y colectivos.

La Argentina, como único país miembro pleno latinoamericano de la International Holocaust Rebember Alliance, renueva así su deber con la memoria de las víctimas del genocidio perpetrado por el régimen nazi al conmemorarse el 27 de enero por la Resolución 60/7 de la ONU, el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Creímos que después de tan devastadora experiencia nada de esto volvería a suceder. Sin embargo, observamos con horror en distintos países iguales acciones discriminatorias como las de la década del ´20 y del ´30, que fueron la antesala de la Segunda Guerra Mundial y de la Shoá.

La DAIA, a 85 años de su fundación, y como representación de la comunidad judía argentina, trabaja sin interrupción frente a cualquier atisbo de antisemitismo y discriminación hacia cualquier colectivo vulnerable que se manifieste en nuestra sociedad, asumiendo la responsabilidad y el compromiso de preservar la memoria de las seis millones de víctimas de la Shoá, entre ellos un millón y medio de niños.

Recordar con responsabilidad un crimen de lesa humanidad no es una tarea individual ni de un determinado sector de la sociedad, es una trama colectiva que construimos en forma impostergable para defender los valores de la democracia y evitar cualquiera de sus deformaciones.

La Shoá debe interpelar especialmente a las futuras generaciones en el ejercicio permanente de rescatarnos y elevarnos como seres humanos, rechazando la guerra y los encasillamientos del estereotipo.

Vuelo a Auschwitz.

Jorge Knoblovits para Infobae

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