Embajador de Israel en Panamá: «Seis equipos científicos de mi país buscan opciones contra el Covid-19»

Embajador- Israel-en-Panamá- Reda Mansour
Embajador- Israel-en-Panamá- Reda Mansour

Con prácticamente el doble de la población de Panamá, Israel registra cifras similares en materia de la Covid-19. Al menos 17 mil 562 casos –2 mil 227 de ellos actualmente con el virus- y 291 defunciones hasta el pasado viernes.

Mientras, unos seis equipos de científicos vienen trabajando en opciones medicinales, de inmunización y de utilización de la tecnología para diagnosticar de forma más rápida y menos costosa los casos positivos del virus SARS-CoV-2. En el caso de los tratamientos, algunos que demostraron efectividad en laboratorio están pasando a la fase de probar sus hallazgos en humanos.

Esta información fue compartida por el embajador de Israel en Panamá, Reda Mansour, quien en entrevista con el medio local «La Prensa», manifestó que su nación entró a esta pandemia en febrero pasado y en una situación más difícil que la mayoría de los países porque “hay israelíes en cada lugar del mundo”, por tanto, hay mucho movimiento internacional. Lo anterior, indicó, los llevó a tener números relativamente altos en términos de personas que habían contraído el virus.

Sin embargo, añadió, también tienen la ventaja de que su sistema de salud público es muy grande, muy avanzado y cuenta con profesionales muy preparados.

Por lo anterior, después de algunos días de planificación, el gobierno consiguió responder, por ejemplo, sin abrir centros nuevos para tratar a las personas. Solo usaron los hospitales que existen, que son casi todos hospitales públicos (11). Además, utilizaron los celulares para dar seguimiento a los casos positivos y a sus contactos.

El primer caso confirmado en Israel se registró el pasado 27 de febrero, unos dos meses después de que la epidemia estallara en la ciudad china de Wuhan, y hace unos 14 días reanudaron gran parte de sus actividades, con la aplicación de las medidas de prevención recomendadas desde el inicio de la pandemia por las autoridades de salud.

“Nuestra manera de tratar a las personas que llegaron con situación crítica fue exitosa y por esto aunque tenemos cifras altas en términos de personas contagiadas, tenemos cifras muy bajas en términos de gente que murió por el virus”, expresó el embajador Mansour.

¿Cuando dice que fueron exitosos en atender a los pacientes que llegaron en situación crítica, a qué se refiere, cómo lo hicieron?

Sabemos todos que la parte mayor del problema de la gente que llegó a los hospitales en situación crítica fue su edad, normalmente 70 años y más, o porque tenían otras enfermedades. Y porque tenemos profesionales de nivel alto para estas condiciones. Los hospitales, al establecer su situación, usaron cócteles diferentes de medicinas, dependiendo de cada uno de los pacientes, para tratar su condición específica y ayudarlos a resistir al coronavirus. Esto resultó en gente con más de 90 años que entró al hospital con corona y salió.

¿Cuánto han avanzado las investigaciones sobre opciones de tratamiento e inmunización?

Ahora mismo hay seis equipos diferentes, unos son equipos de universidades, otros son de compañías privadas o públicas. En términos de vacunas estamos trabajando en diferentes tipos, como medicina (para tomar) y vacunas clásicas, estamos avanzando, llegamos a producir productos de laboratorio, más, la parte más importante y sensible ahora es tener los mismos resultados en los experimentos en humanos, tener la misma efectividad.

Al mismo tiempo, hay otros equipos que están trabajando para crear anticuerpos para tratar el virus, para neutralizarlo y que no siga atacando nuestros diferentes sistemas. Hay al menos dos grupos que consiguieron neutralizar el virus en condiciones de laboratorio y ahora están comenzando sus experimentos para ver si tienen los mismos resultados en humanos.

En Israel también hay alguna experiencia que no es concluyente con diferentes tipos de medicinas que estamos usando para otras enfermedades. Parte de estas operaciones las estamos haciendo con otros países, son operaciones internacionales, especialmente con universidades, que no tienen interés comercial en este tema.

Otros componentes de esta lucha incluyen ideas tecnológicas nuevas, entre ellas, una máscara con conexión eléctrica que podríamos usar durante el día y al conectarla se limpia básicamente de manera independiente y puede utilizarse nuevamente. Otra idea en la que trabajan dos equipos es crear algún aparato similar al que usamos hoy para tomar la temperatura en el que la gente pueda respirar y el aparato diga si tiene corona o no, si logramos hacer esto es un cambio mayor en todo el sistema de pruebas, que es lo más complicado y costoso de la operación. Otro equipo está avanzando muy rápido en crear un aparato para conectar a nuestro computador en casa y que hagamos la prueba de manera personal, usando un poco de sangre básicamente.

Están invirtiendo mucho dinero en esto.

Israel es uno de los 10 países líderes en inversión per cápita en investigación científica porque casi la mayor parte de nuestra economía depende de la exportación de tecnología e innovación científica. El gobierno decidió hace dos semanas que solo en coronavirus y solo el gobierno, fuera de todas las otras inversiones, vamos a dedicar 60 millones de dólares para ayudar a todos los grupos que están trabajando en este momento, porque sabemos que después podremos utilizar estos productos en otros sectores de nuestra vida.

Por ejemplo, nuestro presupuesto en seguridad hoy es de más de 20 billones de dólares, pero usamos mucho de ese avance en otros temas, incluso de salud. Una de esas ideas increíbles que salió fue la Pillcam -una cámara del tamaño de una píldora que toma fotos de alta velocidad mientras pasa lentamente por el tracto intestinal, al tiempo que envía las imágenes a un dispositivo de grabación-, que salió de la tecnología de control de misiles; alguien pensó que si podíamos controlar un misil en el aire 300 kilómetros y llegar a este punto específico, podíamos hacer otras cosas con esta tecnología.

¿Cuando dice que hay más de 15 mil personas -de las más de 17 mil diagnosticadas- que ya no tienen el virus es porque les hicieron el seguimiento, fueran casos leves, moderados o graves, les hicieron las pruebas y dieron negativo al virus?

Sí, hacemos muchas cosas, porque el Covid-19 necesita muchos componentes para tratar esta situación. Primero se organizó un sistema digital para monitorear con los celulares toda la población del país. Cada vez que descubrimos a alguien que tiene el virus, hacemos para cada persona un mapa de dónde estuvo en las ultimas 48 horas y avisamos a todas las personas que descubrimos que habían estado al mismo tiempo y a la misma hora -en un supermercado o farmacia, por ejemplo- con ella, y llamamos a todas estas personas a hacer pruebas. De esta manera controlamos de forma muy puntual, muy rápida.

Después, el sistema entero, parte es municipal y parte es gubernamental, conecta con esta persona que se detectó que tiene el coronavirus, buscan dónde vive, quién es su familia y comienzan a trabajar con ellos equipos de servicios sociales, psicológicos para ver cómo podemos controlar y ver qué está pasando con las personas que están alrededor de ella. La mayor parte de la gente se quedaba en su casa, con instrucciones para su familia también; y al final de los días de cuarentena del contagiado hacemos pruebas a toda la familia. Esto ayudó mucho a controlar rápido la epidemia.

De otro lado, para todos los israelíes que retornan del exterior el gobierno abrió hoteles específicos a los que iban desde el aeropuerto y se quedaban allí 14 días, y antes de su salida también se les hacían pruebas para estar seguros de que no tenían nada.

Hay también un tema importante en todo esto. Sentimos que los israelíes responden de manera muy responsable de forma general. Por ejemplo, había muchos videos de cómo familias iban con sus niños a visitar a su familia de alta edad, pero no entran al apartamento sino que hablan desde la calle, otros hacen música para sus padres, dejan comida en alguna manera mas no entran al apartamento. Había una cultura que la gente entiende muy rápido qué vamos a hacer y responde con responsabilidad y seguridad personal.

¿Ustedes no adoptaron medidas restrictivas, por ejemplo, la cuarentena, como hizo Panamá?

Sí, pero de manera menos estricta. En Israel no había horas para venir al supermercado y tampoco separación de género. La gente podía salir al supermercado y a la farmacia de forma más libre, con todas las otras reglas. Hay límites de cuántas personas pueden estar en el supermercado, de cómo hacer las filas para entrar. Sí cerramos todos los eventos grandes, no hay ninguna actividad pública en el país, pero había casi siempre posibilidad de salir y caminar alrededor de su casa o apartamento (50 metros, 100 metros), porque también entendemos la importancia de la parte psicológica de luchar contra esta epidemia, que necesitamos crear todo este ambiente y siempre tener algún tipo de libertad. De nuevo, para hacer esto hay que tener mucha responsabilidad social, porque si dices que puedes salir solo 50 metros, 100 metros, si la gente no tiene responsabilidad la policía no puede controlar a cada familia, cada persona, en 9 millones de habitantes.

Israel está bien abierta hoy, afirma el embajador Mansour, incluso las escuelas. Sin embargo, un brote en estudiantes y docentes en varios planteles ha abierto un fuerte debate sobre si deberían volver a cerrarlas todas. La mayor parte de los restaurantes y cafés están abiertos, con límite de personas que pueden servir para cumplir los dos metros de distanciamiento; también están abiertas las playas y los parques nacionales y todas las oficinas de gobierno.

En medio de ese retorno y a la espera de que surja un medicamento o la vacuna, dice Mansour, están haciendo uso de un “código nuevo” con el que se manejarán los próximos seis meses, incluida la embajada en Panamá. Esto implica tener menos personas en cada lugar de trabajo y que el resto funcione mediante teletrabajo, usar máscaras en cualquier caso público y mantener distancia social.

La Prensa

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