Marcelo «Mono» Arruguete Z’L: ¡Hasta siempre, Javer! Por Claudio Avruj

Marcelo Arruguete Z´L- escribe una lapicera imaginaria tomada por muchas manos.
Marcelo Arruguete Z´L- escribe una lapicera imaginaria tomada por muchas manos.

Esto que va apareciendo sobre la hoja que imaginamos ver en la pantalla al leer, la escribe una lapicera imaginaria tomada por muchas manos.
Manos que se juntan para despedir.
Son de amigos que la vida reunió según pasaban los años.
Fundamentalmente los que nos apretamos abrazados, dolientes y tristes somos los amigos que el Mono Arruguete fue juntándonos a los largo de muchos años alrededor de una cancha.

Amistad que se alimentó luego en mil historias compartidas fuera del fútbol, de las buenas y las no tanto.
Estos golpes que nos damos son muy fuertes.
Nos saca de eje.

Cada uno de los que escribimos ahora tiene algo íntimo y personal para recordar de él y todos tenemos historia de muchos años compartidos.
Como todos, nosotros también nos engañamos pensando que somos eternos. que la alegría de cada día es para siempre, y que justamente por eso la pasión de los sábados de short y botines nunca terminará jamás.
Pero de pronto un mensaje nos llega y nos avisa que todo eso no es así. Nos saca del sueño.
Es un dolor muy grande.

Nos cuesta entender. No imaginamos jamás que alguien de nosotros se iría un día para siempre y menos así, de golpe, en soledad, sin aviso previo.
Ya veníamos mal con esta mierda que nos toca vivir donde la incertidumbre es la que manda, pero esto nos desubica más aún.

Debemos entender de nuevo más que nunca que se trata del día a día. No hay otra cosa.
Es cuidarnos hoy para intentar vivir un día más después.
Se trata de reírnos todo lo que podamos hoy, sin escatimar nada para que quede la alegría reinando más allá de mañana.
Se trata de ser amigo, de dar, de disfrutar, de compartir sin especular y se trata por sobretodo de reconocernos privilegiados de poder hacer todo eso porque tenemos con quien hacerlo.

El Mono Arruguete fue compañero de sus compañeros, amigo de sus amigos, un optimista que le puso el pecho a cada pelota como se lo puso a la vida. Como si cada día era la última pelota, cada pelota la última, y cada risa y abrazo el último. El Mono fue un agradecido siempre. Así construyó y honró la amistad que vivimos.
Hoy un chat nos aviso que se fue. No pudo ganar en la última jugada.

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Hoy estuvimos en Loyola despidiéndolo, mirando un portón cerrado. No podemos ir al cementerio, no nos deja la mierda que nos limita en todo.

Pero él sabrá que estaremos. Que seremos muchos más de los que escribimos esta carta los que miraremos desde donde estemos el cielo, algunos dirán Kadish, otros leerán salmos, otros recordarán, otros buscarán respuestas y así todos absolutamente todos le agradeceremos a el habernos honrado con su amistad y su compañía.
El Mono no fue un superhombre y eso es lo que más grande lo hace.
Fue un tipazo común como somos todos, que hacemos lo que podemos con lo que sabemos.
Fue el fútbol que nos unió.

Bendito una y mil veces el fútbol macabeo por lo que nos permite vivir. Bendito el momento que nos cruzamos cada uno de nosotros con el Mono hace 40, 30, 20 años la mayoría de los que con lágrimas firmamos esta carta que seguirá escribiéndose entre todos cuando se nos permita volver a juntarnos.

Y cuando eso ocurra sepan todos será en una cancha con shorsito y botines para jugar en homenaje a nuestro amigo que hoy se nos fue. Así será. Es una promesa.
¡¡¡Hasta siempre Mono Parlanchín!!!!!!! Se te va a extrañar mucho.

Claudio Avruj

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