Los trajes del orgullo y del odio. Por Martha Wolff

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En un capítulo del libro “Todo Junto Se Escribe Separado» Martha Wolff entrevista a Patricia Knight y cuenta una historia que se relaciona con el reciente disfraz nazi usado en una fiesta que tuvo otro destino educativo y no dolorosamente elegido para divertirse.

Patricia y yo nos conocimos en un barco. Partimos de Valparaíso, Chile, para recorrer la costa del Pacífico, parar en Punta Arenas, Ushuaia y de ahí por el Estrecho de Magallanes, embellecernos con la magnificencia de los glaciares hasta llegar a las Islas Malvinas.

La vida en un transatlántico es banal e interesante a la vez porque se conversa con muchas personas y siempre hay intercambio de ideas o datos. Recuerdo, que antes de llegar al extremo continental de nuestro país, en Punta Arenas, me puse a charlar con una señora que contó sobre el origen inglés de sus padres. Agregó que era parienta de los Braun Menéndez, familia de colonizadores y grandes estancieros de la Patagonia. Yo había conocido esa gran mansión en otro viaje que hice a Punta Arenas. También comentamos las riquezas y su decoración traídas de Europa. Al preguntarle sobre sus padres ingleses contó que habían vivido en Quilmes y al estallar la Segunda Guerra Mundial su padre partió a Inglaterra.  Para luchar junto las tropas aliadas y que había lucido en su chaqueta un distintivo único con el nombre Argentina.

En las oficinas donde trabajaba se enamoró de quien sería su futura madre inglesa. Emocionada habló de las cartas que conservaba, que su padre le enviaba a diario a su novia, mientras estaba en el frente, siendo hasta hoy una crónica personal de gran valor documental. Agregó que también guardó los uniformes británicos auténticos de sus padres y un traje nazi, botín de guerra que trajo su padre al volver a la Argentina y que uno de sus nietos se lo había pedido varias veces para disfrazarse y que ella  se lo negaba porque le tenía rechazo por su historia.

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Fue cuando como judía le dije que no lo hiciera, que lo donara al Museo del Holocausto. Y a partir de ese momento nació una amistad. Juntas logramos darles destino a esos históricos trajes militares y cumplimos una misión de honor.

El 1 de diciembre fuimos a la reinauguración del Museo del  Holocausto. Cuando vimos los trajes en las vitrinas nos sentimos orgullosas de haberlos entregado. Sentimos la diferencia entre los trajes de orgullo de sus padres y los trajes de racismo y discriminación de los nazis.

Martha Wolff. Periodista-Escritora

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