Violencia sexual hacia las mujeres en la Shoá. Por Martha Wolff

Violencia sexual hacia las mujeres en la Shoá. Por Martha Wolff
Violencia sexual hacia las mujeres en la Shoá. Por Martha Wolff

La vigencia de las violaciones tuvo su repetición en el salvajismo sexual de los terroristas el 7 de octubre repitiendo dementes historias denigrantes hacia las mujeres.

 Durante la Alemania Nazi se establecieron prostíbulos en los campos de concentración. Las mujeres que fueron forzadas a prostituirse habían sido  traídas del campo de concentración de Ravensbrük con excepción del de Auschwitz donde explotaron a  sus propias prisioneras.

En los prostíbulos militares alemanes se estima que al menos 34,140 mujeres prisioneras fueron obligadas a ofrecer servicios sexuales durante el Tercer Reich. Siempre se supo que los nazis poseían grandes burdeles repletos de jóvenes prisioneras para que los soldados tuvieran noches de diversión. Esos burdeles no sirvieron no sólo a los soldados de la Wehrmacht, sino también a los prisioneros de los campos de concentración alentando a los presos por su buena conducta y trabajo. Ese tipo de incentivo se introdujo a finales de 1942 por el decreto del Reichsführer de las SS Himmler. Como los prisioneros de campos de concentración participaban en diversas obras, y entre ellos había verdaderos maestros en sus oficios, los líderes de los campos de concentración trataron de protegerlos, pagarles algún pequeño salario en efectivo y darles alguna distracción.

Los presos podrían gastar su dinero en comida, cigarrillos o visitar el burdel. Les daban quince minutos con una sacerdotisa del amor por dos marcos, más barato que un paquete de cigarrillos. Esos privilegios no eran para los judíos.

El prisionero gritaba el número de reclusión y se le daba el número de habitación que tenía que tomar. Una visita al burdel sólo era posible a partir de 19 a las 22 horas. La puerta de cada habitación estaba equipada con una mirilla y el proceso sólo podía realizarse en la posición del misionero.

La selección de las elegidas de distinto modo: para los burdeles militares eran movilizadas verdaderas prostitutas, pero para el servicio de los prisioneros se seleccionaban a las de clase baja de Ravensbrück y Auschwitz-Birkenau. Las elegidas tenían entre 17-35 años. Muchas eran detenidas por comportamiento antisocial y otras faltas y hubo también aquellas que accedieron voluntariamente a esa ocupación porque era la única manera de conseguir alimento. Las mismas, debido a las penurias que pasaban padecía de delgadez  y durante diez días antes de ingresarlas a los burdeles eran sometidas al engorde.

También todas las trabajadoras de los burdeles se debían someter a un examen médico regular para controlar enfermedades de transmisión sexual a los que los nazis temían. En caso de embarazos se las hacía abortar aunque la mayoría ya había perdido su función reproductiva por la angustiante situación a la que estaban sometidas.

Después de la caída del nazismo, las mujeres que trabajaban en estas instituciones especiales fueron olvidadas y no  fueron  consideradas presas de los campos de concentración ni recibieron indeminizaciones. Por vergüenza  la mayoría permaneció en silencio sobre su pasado por lo que ninguna de estas esclavas sexuales recibió compensación alguna.

En los campos de concentración hombres y mujeres sobrevivían separados en distintas zonas. Pero existió uno que se dedicó a exterminar a mujeres y niños después de hacerles vivir un verdadero infierno que fue  Ravensbrück. Allí, las mujeres recluidas descubrieron que no sólo los hombres eran capaces de cometer las más indescriptibles de las atrocidades  ya que Ravensbrück fue algo más que un centro de reclusión y exterminio femenino, fue también una macabra escuela de maldad en el que fueron instruidas las guardianas nazis más agresivas y violentas para satisfacer su perversidad.

Son muchos los nombres de aquellas asesinas y sádicas ejecutoras. Una de ellas fue Dorothea Binz, bonita muchacha alemana que se vio irremediablemente deslumbrada por la propaganda del nacionalsocialismo y se convirtió en una de sus más letales abanderadas. Las reclusas intentaban por todos los medios evitar su mirada gélida cuando se paseaba por el campo con un pastor alemán en una mano  y en la otra sostenía un látigo. Las palizas, bofetones, latigazos, estaban a la orden del día. Dorothea era una asesina implacable que no dudada en terminar con la vida de una reclusa que se detenía un segundo de su trabajo propinándole patadas hasta terminar con su vida. Junto a Dorothea Binz se formaron otras asesinas con Irma Grese, conocida como “El ángel de Auschwitz”, María Mandel  “La Bestia de  Auchwitz” o Herminia Brausnteiner-Ryan apodada “La Yegua de Majdanek”.

La violencia sexual en el Holocausto fue a partir de 1935 cuando las Leyes de Nüremberg prohibieron las relaciones sexuales entre “alemanes arios y judíos”,  aunque a lo largo del Holocausto la violación sexual fue un lugar común –incluso sancionado– a pesar de la legislación. Muchas mujeres judías fueron violadas y, después, asesinadas, ya que su silencio era esencial. Si por casualidad se les “permitía” vivir, ellas sabían que si hablaban sería su final y fue  así que durante muchos años, el tema fue tabú y guardaron silencio.

Las mujeres judías eran elegidas para exterminarlas porque eran personas especialmente peligrosas ya que podían dar a luz a una nueva generación de judíos, El 15 de mayo de 1939 se abrieron las puertas del campo de Ravensbruck y desde su apertura hasta su cierre seis años después, pasaron 132.000 mujeres y niños, un millar de chicas adolescentes recluidas en el campo adyacente preventivo de Uckermark y 20.000 hombres de un pequeño centro masculino dependiente del campo principal. Cifras que esconden infinidad de historias de muerte, desesperanza y crueldad gratuita.

Las mujeres judías que llegaban a  Auschwitz enfrentaron a la selektion. Un médico nazi, a menudo el infame Dr. Josef Mengele, esperaba en la Rampa por donde descendían  para señalar a la derecha o a la izquierda a los prisioneros que llegaban que ignoraban cuál de esas dos elecciones era para dilatar sus vidas o encontrar la muerte inmediata. Los ancianos, los discapacitados y los muy jóvenes eran los primeros en morir. Los jóvenes y los sanos, físicamente capacitados se elegían para trabajar porque se necesitaba mano de obra. Pero las mujeres con hijos y sus pequeños eran enviados a las cámaras de gas. Aquellas mujeres que no tenían hijos y que eran aún jóvenes y físicamente aptas, inmediatamente se enfrentaban a una humillación especial. Se les dirigía al centro de procesamiento para registrarlas, tatuarles un número que pasaría a reemplazar su nombre, se les rasuraba el cabello de todas las partes del cuerpo. Mientras que las adolescentes que nunca habían estado con un hombre  y las casadas fueron obligadas a desfilar desnudas ante el personal del campo que sentía un especial deleite al verlas avvergonzdas.

Beverley Chalmers escribió un libro sobre esta temática que se debe a las víctimas y sobrevivientes que confesaron sobre estos  crímenes cometidos contra ellas. Bajo el título «Nacimiento, sexo y abuso: “Voces de mujeres  bajo el régimen nazi” es un libro que, desde el principio al fin, es una compilación de  relatos terribles de mujeres judías y no judías violadas brutalmente o con las que han experimentado letales pruebas, forzadas a la prostitución u obligadas a someterse a la esterilización y al aborto.

A las mujeres alemanas que dieron a luz en cautiverio les quitaron sus bebés para darlos en adopción. A las mujeres judías embarazadas les arrancaban sus bebés y asesinaban  delante de ellas.

Estas acciones fueron parte del programa nazi para crear una raza superior.

Martha Wolff

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4 COMENTARIOS

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