El final de la Universidad democrática. Por Rabino M.Ed. Ruben Najmanovich

Desearía primeramente compartir definición y objetivo de la Universidad. Por lo tanto, veamos:

La universidad es una institución que busca la verdad a través de la investigación científica, tecnológica y organización social. En ella, se concentra una comunidad de profesores y alumnos que desean formar parte en la labor de transmitir, generar y difundir conocimientos.

La Universidad es el lugar en que se enseña el conocimiento universal. Esto implica que su objeto es, por una parte, intelectual, no moral; y por la otra, que es la difusión y extensión del conocimiento, más que el avance del conocimiento.

La universidad es una comunidad académica orientada a la investigación y a la docencia, que brinda una formación humanista, científica y tecnológica con una clara conciencia, que en el país donde se ubica, como realidad multicultural. Adopta el concepto de educación como derecho fundamental y servicio público esencial.

¿Qué es lo que observamos hoy en día en prestigiosas Universidades en Estados Unidos de América?

En la Universidad de Columbia, una de las más respetadas del mundo, un escenario de creciente inseguridad para los estudiantes judíos llevó al rabino Elie Buechler a pedirles que abandonaran el campus.

La recomendación se emitió tras manifestaciones antisemitas que incluyeron apoyo explícito al terrorismo y ataques verbales directos contra estudiantes judíos. Las declaraciones se produjeron en el contexto de un campamento que ha durado algunos días.

Las protestas, que fueron más allá de la mera crítica a la política israelí, incluyeron incitaciones violentas como “¡Quemen Tel Aviv hasta los cimientos!” y elogios por los actos terroristas, exacerbando el clima de miedo e inseguridad. En este contexto, el profesor Shai Davidai sugirió que podría ser necesaria la Guardia Nacional para restablecer el orden.

El rabino, a través de un mensaje de WhatsApp, calificó la situación de “terrible y trágica”, criticando la incapacidad de la universidad y del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) para garantizar la seguridad de los estudiantes judíos. Expresó profunda preocupación por la escalada de retórica y acciones, caracterizando el ambiente como extremadamente hostil y peligroso.

La situación en la Universidad de Columbia ha atraído la atención de figuras políticas como la representante Elise Stefanik, quien acusó a la universidad de perder el control del campus y de no proteger a sus estudiantes. En respuesta, el rector de la universidad, Nemat “Minouche” Shafik, permitió la presencia policial en el campus, pero las tensiones siguieron aumentando.

Más de 100 personas fueron detenidas y posteriormente liberadas.

El incidente de Columbia es un reflejo de un problema más amplio de antisemitismo en los entornos académicos, especialmente en las universidades occidentales de élite.

Las protestas antisemitas en la Universidad de Yale se convirtieron en actos de violencia y acoso en estas últimas semanas.

La administración de la universidad es criticada por su pasividad mientras cientos de manifestantes bloqueaban el acceso y llevaban a cabo agresiones, incluido el ataque a estudiantes judíos y el intento de quemar la bandera estadounidense.

Sahar Tartak, un estudiante judío, resultó herido en un ojo por un mástil de bandera y requirió tratamiento hospitalario. El incidente forma parte de una serie de enfrentamientos en los que los manifestantes coreaban “la única solución, la revolución de la intifada” y “Del río al mar, Palestina casi libre”.

Este no es un incidente aislado, sino que refleja una preocupante tendencia de incidentes antisemitas en los campus universitarios de todo Estados Unidos.

En un comunicado difundido en la madrugada del lunes 22, el presidente de la Universidad de Columbia, el musulmán Nemat Shafik, informó que todas las clases se realizarán de manera virtual debido a la ocupación del campus por manifestantes pro-Hamas.

La protesta, marcada por consignas y cánticos antisemitas, llevó a la universidad a adoptar medidas de seguridad adicionales y a pedir un diálogo entre las partes implicadas.

La decisión de cambiar el formato de las clases se produjo después de un aumento significativo de las tensiones en el campus, exacerbadas por la presencia de personas no afiliadas a la universidad que, según Shafik, “explotaron y amplificaron los desacuerdos”. El rector de la universidad lamentó profundamente la situación y el deterioro de los vínculos comunitarios, que “será difícil y llevará tiempo reconstruir”.

La universidad, a través de su rector, llamó al respeto mutuo y la colaboración para reconstruir la cohesión interna, destacando los valores del aprendizaje y la bondad como fundamentales.

Veamos la similitud con la época Nazi, tal como informa en la Enciclopedia de Holocausto.

Al igual que en otros campos, diversos profesionales del mundo académico —desde rectores universitarios hasta decanos y profesores— llevaron a cabo activamente o acataron la destitución de sus colegas judíos.

Algunos expertos académicos, en especial de los campos de antropología física, psiquiatría y genética —simpatizantes entusiastas de la eugenesia antes de que los nazis llegaran al poder— se convirtieron en voceros públicos de las políticas raciales nazis. Algunos efectuaron investigaciones para determinar quién era “judío” o no en disputas sobre orígenes “raciales”.

Casi todos los genetistas, psiquiatras y antropólogos más conocidos declararon ante tribunales especiales sobre salud hereditaria, con lo cual le confirieron un aura de validez al programa de esterilización forzosa, mientras que otros presentaron sus opiniones como expertos. Hubo también científicos expertos que impartieron cursos a los médicos de las SS.

En el campo de la psicología criminal, los académicos trabajaban bajo la tutela de la policía para hacer estudios sobre la población de romaníes y sintis de Alemania. Sus investigaciones, que reflejaban la creencia de que esta población era antisocial y tenía una predisposición genética hacia la conducta criminal, fueron utilizadas por las SS durante la guerra para detener a los romaníes y deportarlos a Auschwitz-Birkenau.

Los profesores de escuelas públicas fueron obligados a afiliarse al Sindicato de Profesores Nazis y, al igual que otros servidores públicos, a rendir juramento de lealtad a Hitler como su Führer. Los educadores impartían contenido sobre las diferencias entre las “razas” y otras materias nuevas que el ministro de educación del régimen nazi ordenaba que se impartieran.

De esta manera, ayudaron a legitimar la creencia nazi de que los judíos pertenecían a una “raza extranjera” que constituía una amenaza biológica para la fortaleza y la salud del pueblo alemán. Sin embargo, dentro y fuera de las aulas, había oportunidad de ejercer el juicio individual.

“Escuela, mi amada escuela”. —Gisela Glaser describe a sus compañeros y profesores que vitorearon cuando ella y su familia fueron deportados a un campo de concentración.

La persecución de los judíos y de otros grupos no fue solo el resultado de las medidas que se originaron con Hitler y otros fanáticos nazis. Los líderes nazis requirieron de la ayuda activa o la cooperación de profesionales de diversos campos, quienes en muchos casos no eran nazis convencidos. Los profesores y los académicos universitarios participaron activamente o aceptaron la expulsión de los judíos de sus campos de especialidad, y cooperaron de otras formas con el régimen nazi en la implementación de las políticas raciales.

Ahora por un momento nos retrotraemos al 10 de mayo de 1933.

En ese día, miles de profesores y estudiantes irrumpieron en las universidades, bibliotecas y librerías para promover y ejecutar una “purga” literaria que consistía en retirar libros y quemarlos en hogueras públicas, con esto Los nazis buscaban no sólo “purificar” la sangre sino también la cultura alemana. Esto se reiteró a lo largo de 1933, actos públicos de quema de libros llevado a cabo por estudiantes universitarios, sucesos sin precedentes en la Europa del siglo veinte. Millares de libros fueron quemados por el mero hecho de que sus autores eran judíos u opositores. La campaña de expulsar a los judíos de la vida cultural de Alemania, en la cual su presencia era destacada, ya sea en la literatura, el periodismo, el teatro y la música, había comenzado.

Retornemos a los días de hoy

Shai Davidai, que enseña en la Escuela de Negocios de Columbia, ha sido crítico de la respuesta administrativa a las actuales protestas estudiantiles antiisraelíes.

El profesor asistente de la Universidad de Columbia, Shai Davidai, fue excluido del campus después de intentar liderar una manifestación a favor de Israel en la prestigiosa institución de la Ivy League.

Davidai expresó delante de la situación que estamos describiendo, lo siguiente: “El día de hoy, Columbia se negó a dejarme entrar al campus. ¿Por qué? Porque no pueden proteger mi seguridad como profesor judío. Esto es 1938″, escribió en la red social X, antes Twitter.

Los movimientos Pro-Hamas y sus socios en las Universidades Americanas, han lavado el cerebro a la populación universitaria.

El campamento que organizo la Universidad de Sydney, Australia, en estos días, el cual consistía en una excursión infantil a dicho campamento, donde niños de 5 años cantaban: “intifada, intifada”. Profesoras de la Universidad de Emory, Georgia, fueron detenidas por incitar alumnos a manifestarse con expresiones antiisraelíes, antisemitas, judeofóbicas.

Se sabe que Hamas se esconde en escuelas, lo que no sabíamos que entre ellas estaban Harvard, Penn, Columbia, Yale, Texas en Austin, entre otras. Al escribir este artículo semanal me encuentro que hay mas de 700 detenidos en una cantidad de Universidades Americanas, por una ola de protestas “pro-palestinas o pro-terroristas”, que en verdad se traduce a un antisemitismo creciente, que tiene una parangón en la Alemania nazi de la década de ’30, del siglo pasado.

Estas manifestaciones están tomando forma en Francia. Semanas atrás, la profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Nadera Shalhoub-Kevorkian, fue arrestada bajo sospecha de incitación, y suspendida de la misma. Hasta que recientemente fue reintegrada. Las universidades perdieron su foco, perdieron su objetivo, perdieron su norte, su brújula educativa, está totalmente confundida.

En Estados Unidos, las Universidades se han convertido en un califato. Vean y relean la
definición de lo que debe ser Universidad y lo que es ahora, podría relatarle lo que sucedió en la Universidad de Buenos Aires el año pasado durante el mes de diciembre, hasta que alumnos de bien, más allá si eran judíos o no, consiguieron revertir una tendencia, no quiere decir que no se repita.

La judeofobia es una psicosis, en cuanto a ella, es hereditaria, hasta podemos decir una
enfermedad genética, y como tal heredada por lo menos desde hace dos mil años, ya con
pocas esperanzas, me lleva a decir que es incurable.

Esto es producto de temor a visiones fantasmales, delirantes, que han generado odios, hasta podemos decir odios platónicos, que condujeron a construir estructuras psiquiátricas en sociedades enfermas, que son llevadas por un sesgo de fanatismo, de tal forma, que perdieron la realidad.
La complicidad de las políticas Universitarias, fundamentadas en “pseudas modernizaciones
de la educación”, que ha retrotraído a niveles de extremismo del siglo XIX, cuando en Alemania en manifestaciones de 1819, se gritaba Hep-Hep, igual que ahora en muchas universidades americanas, que quiere decir: “Hierosolyma est perdita – Jerusalém se ha perdido”

Esta clara revelación demuestra el vínculo fatal e inseparable entre la oposición al Estado de Israel y el odio al pueblo judío.
Año tras año, generación tras generación, la festividad de Pesaj, Fiesta de la Libertad, se erige como un testimonio de nuestra resiliencia colectiva y espíritu indomable. Subraya enfáticamente la creencia de que D-os siempre apoyará a Su pueblo, los Hijos de Israel. Los acontecimientos recientes han revelado un fuerte sentido de unidad y altruismo entre nuestro pueblo.

A lo largo de nuestra historia, hemos enfrentado y superado muchos obstáculos y tragedias.

También superaremos este infortunio de una manera llena de convicción, y saldremos
fortalecidos. Ahora cabe un interrogante: ¿Será lo mismo con los claustros académicos?

Am Israel Jai

Rabino M.Ed. Ruben Najmanovich

3 COMENTARIOS

  1. le abrieron la puerta a los terroristas al nombrar un presidente de la Universidad a un.musulman

  2. Harari, uno de los más importantes y reconocidos en el mundo de los pensadores judíos israelies, expreso otra interpretación de los hechos, acusa al gobierno de Israel de lo que está pasando. Su posición es compartida por millones de judíos. El judaismo se está dividiendo en dos formas distintas de ver lo que está pasando en Gaza y con el antiisraelismo que muchos judíos quieren atribuirlo solo al antisemitismo. Para que no se divida más aún el judaismo, e incluso para que no decidan dejar de ser judíos millones que se sentían orgullosos de serlo y de apoyar a Israel, es urgente no continuar evitando el diálogo público entre estos dos sectores en que se está dividiendo el judaismo ante lo que pasa en Gaza y ante las reacciones que genera en el mundo.

  3. Estimado Naum: no son «millones» como decís, ni son dos sectores del judaimo. No es que yo tenga un «judeómetro», pero ese otro sector del que hablás, ya sabemos como piensa (si que es que se puede decir que piensa), son parte de toda esta patología absurda e incomprensible de la que se habla en esta nota, y es gente que perdió prácticamente parte de sus valores, y sobre todo su identidad. Gente asimilada (y no me refiero a lo religioso), que prácticamente están fuera del judaísmo y que priorizan una postura «pseudoprogre» enfermiza, absolutamente ciega e hipócrita, que está haciendo mucho daño al judaísmo en particular, pero también a la humanidad en general y no lo ven. De hecho, ni se dan cuenta de que van contra sus propios «supuestos valores». Son, como en esta misma nota se describe, parte de esa absurda patología. El mundo está muy enfermo, y ese sector es uno de los que representa parte de esa enfermedad.

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