De jugar en Atlanta al ejército israelí

De jugar en Atlanta al ejército israelí
De jugar en Atlanta al ejército israelí

Emigrar a otro país nunca resulta fácil, y mucho menos si del otro lado nos espera la guerra. Sin embargo, Tomás Steizel, un argentino de 19 años, parece tener claro su objetivo en Israel. «Siempre quise sumarme al ejército y defender a mi país», afirma en medio del conflicto bélico en la Franja de Gaza.

El 7 de octubre de 2023, el grupo paramilitar Hamas cruzó la Franja de Gaza y llevó a cabo un atentado terrorista sin igual que desató la guerra en la zona.

Pero no se trató del único conflicto que el estado judío enfrenta: el último 13 de abril Irán atacó a Israel por primera vez en su historia y los problemas en la región ascendieron a niveles inesperados.

En medio de este dramático contexto, Tomás decidió mudarse de continente. El 24 de enero de 2023 partió de la Ciudad de Buenos Aires y hoy es todo un soldado israelí que cumple con el servicio militar -obligatorio para todos los residentes de entre 18 y 21 años-. Con la guerra en su peor momento, más presente e intimidante. «Nunca imaginé estar preparado para una situación así», analiza a la distancia.

Según Steizel, los altos mandos del ejército son muy severos a la hora de nuevos ingresos y no solo valoran la agresividad del soldado sino también el compañerismo y la convicción para luchar por el país. «Supe que echaron por no sonreír lo suficiente. Ellos quieren que estés orgulloso de ser parte», cuenta.

«No les interesa que seas el primero en terminar las pruebas. Lo que quieren es que el primero sea el último y el último sea el primero. Si no llegamos todos juntos, no somos un buen equipo. En una prueba en el desierto, nos hicieron frenar en el piso y mirar hacia atrás lo lejos que estábamos del resto. Si no estás listo para ser parte, te lo dicen y te volvés a casa», agrega contundente.

Tomás vivió toda su vida en el barrio porteño de Flores y estudió en la secundaria de Vélez Sarsfield. «Pasé de ser un jugador del club Atlanta a estar en el ejército y manejar armamento especializado en la otra punta del planeta. Siempre quise ser combatiente», reconoce.

Su padre Ariel Steizel (58) es ingeniero y su madre Gabriela Kwasniewski (57) psicóloga. Ambos fueron los primeros en apoyar la decisión de emigrar y decidieron acompañarlo. También tuvo mucho que ver las influencia de su hermano mayor Alan (27), quien había partido desde Argentina en 1989 y se sumó al ejército israelí. Además está Nicole (24).

Hoy están todos distribuidos por la misma región de Israel: sus padres viven en Rishon LeZion, al sur de Tel Aviv; su hermano y su hermana en Ramat Gan; y el joven de 19 años se aloja en el cuartel Har Qeren, una montaña homónima. .

Cómo es vivir en Israel durante la guerra

Israel es un país donde todo está preparado para la guerra. Cada una cuadra hay un búnker y las alarmas antiaéreas aparecen muy seguido.

«En la parte donde vivo, cuando suena la sirena tenés de 15 segundos a un minuto y medio para llegar al refugio», menciona. Y describe: «Incluso, los búnkers tienen heladeras y hasta mesas de pool y ping pong y pool».

Son miles los argentinos que deciden emigrar, por lo que Tomás confiesa sentirse contenido. El Estado da una mano para que puedan adaptarse e incluso reciben una ayuda económica durante seis meses para estudiar el idioma y conseguir un trabajo. «Yo pude aprender rápido porque tengo facilidad y soy un caradura», cuenta.

Los habitantes locales valoran el esfuerzo de los extranjeros para ir hasta allí y formar parte del ejército. A los jóvenes como Steizel, que van acompañados por su familia, se los llama Olim Hadashim (nuevos inmigrantes) y a los que van solos, Haialim Bodedim (soldados solitarios).

«El pueblo judío nos ama y nos ayuda en todo. Nos regalaron heladeras, sillones, camas. De todo desde que llegamos», recuerda Tomás, y afirma que parte de su decisión de mudarse a Israel fue ir a un país donde pudiera estudiar, trabajar y ser él mismo.

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Según el joven, una de las cosas que más disfruta de vivir en Israel es poder practicar su religión sin problemas en comparación con el lugar donde nació.

«En Argentina no te ayudan a ser judío. En los días festivos, conseguir alimentos especiales es demasiado caro y acá casi te lo regalan», compara.

De todos modos, reconoce que volverá a reencontrarse con sus amigos. «Extraño mucho mi ciudad, pero es realmente muy difícil vivir allí por la situación económica. No iba a poder progresar», expresa, como tantos otros jóvenes.

Cómo se prepara un argentino para ser soldado israelí cerca de Gaza

Cuando estalló el conflicto en la Franja de Gaza, dice que el pueblo de Israel «estaba con mucho miedo». Sin embargo, en la actualidad la situación perece normalizada y afloró un «sentimiento patriótico y optimismo por ganar la guerra».

En aquel primer momento, Tomás aún no había ingresado al servicio militar y su sensación era de bronca por no poder hacer nada al respecto.

Steizel cuenta que la primera vez que escuchó la alarma antiaérea fue con los incidentes del 7 de octubre. Desde entonces, no para de escucharla.

«Si bien está todo más calmado que al principio, los familiares de los secuestrados siguen reclamando. Conozco gente que murió en el atentado y hay varios argentinos que todavía no fueron liberados», señala.

Desde el ataque terrorista, son miles las personas que deciden sumarse al ejército y estar preparadas para la situación bélica. Para ingresar, Tomás tuvo que hacer «una prueba muy dura» llamada Gibush Iom Sayarot. Luego los dividen en dos: Gibush Shayelet y Gibush Matkal.

Tomás debió realizar prueba súper exigentes junto a otros 500 aspirantes: armar un auto en el desierto en tan solo 10 minutos, escalar montañas de arena a 75 grados y correr tres kilómetros en 12 minutos.

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«Fueron cinco días terribles donde exigís tu cuerpo al máximo constantemente. No tenés celular ni contacto con nadie«, asegura el joven que piensa quedarse en el ejército tras cumplir el servicio militar obligatorio, no sin antes tomarse unas vacaciones.

Y recuerda una anécdota a modo de ejemplo: «Una noche, nos despertaron a las tres de la mañana y nos mandaron a correr varias horas sin tomar una gota de agua».

El joven revela que en el ejército israelí no permiten que los soldados se rasuren la barba a cero, y se aseguran de que la mantengan prolija. «Exigen que seamos limpios y arreglados. Que estemos lindos», confía entre risas.

También cuenta como dato de color -o no tanto-, que los altos mandos «se fija quién se agarra la mejor milanesa» porque «un buen soldado es una buena persona».

Desde que está dentro de las Fuerzas Armadas, Steizel hizo cosas que jamás imaginó. «En distintos operativos tuve que allanar casas sin saber con qué me iba a encontrar. Los comandantes la tienen clara y saben cómo distribuir las tareas de cada uno», indica.

Una de las primeras lecciones que aprendió fue cómo manejar un arma. Ahora para ir a cualquier operación, lo hace acompañado de un francotirador y de compañeros cargados con lanzagranadas y explosivos. «Todo lo que hacés acá te deja una marca», profundiza.

Tomás dejó su vida en Buenos Aires para enfrentar la tensión extrema que se vive en Medio Oriente. Por sus convicciones, su religión y su fuerza, asegura estar listo para lo que sea. «Ahora más que nunca hay que estar tranquilo. No podés permitirte estar nervioso porque sino sos hombre muerto», concluye.

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