
Marina Gomel es una argentina que vive en Madrid desde hace cuatro años luego de emigrar desde Parque Centenario, donde vivía en Buenos Aires.
A poco de llegar a Madrid percibió claramente que eran pocos los judíos y había que ayudar.
Con su experiencia en eventos (era parte de la Comunidad Dor Jadash en Buenos Aires), al principio colaboraba con la organización de algunos de los que se hacían en Bet-El, por ejemplo, cenas de Shabat, festejos de Purim, etc.
Con el tiempo, surgió la idea de armar un espacio de mujeres, por lo que fue parte del armado de un grupo de trabajo y lo llamaron EnRedAndo. Hace ya tres años que se reúnen un domingo por mes para realizar todo tipo de actividades. Desde hacer jalá, leicaj, bordar y jugar deportes hasta hablar de neurociencia o la Inquisición.
Las participantes van proponiendo ideas y así se arma la agenda de actividades. “Somos todas muy distintas y tenemos recorridos diversos, lo cual es muy enriquecedor”, adelanta Marina.
Además, agrega: “En junio hicimos nuestro primer majané (campamento) de mujeres y ya estamos organizando el segundo para abril. Es un espacio muy valioso para todas las que participamos en él”.
Por otro lado, colabora junto con otras personas oficiando a veces el Kabalat Shabat: “Cada viernes es un gran desafío oficiar y preparar el comentario sobre la parashá. Yo no tengo formación para hacerlo pero lo hago lo mejor que puedo y con mucho cariño. Creo que es clave poder mantener la continuidad de los servicios religiosos, aunque no siempre sea fácil”.
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¿Cómo se sienten hoy en día los judíos en Madrid?
Creo que no se puede generalizar, te puedo contar mi experiencia. Vivo en Madrid hace cuatro años. En Buenos Aires vivía cerca del Parque Centenario, era parte de la Comunidad Dor Jadash, el Templo de Murillo. Mi camino comunitario pasó por instituciones como Ramat Shalom, Scholem Aleijem, Macabi, ORT. Y puedo decirte que, definitivamente, la experiencia de ser judío en España no tiene nada que ver con la de serlo en Argentina.
La comunidad aquí es muy pequeña. Se estima que en España viven entre 40.000 y 50.000 judíos, en Madrid alrededor de 15.000. Pero no todos participan en actividades comunitarias. Para que se entienda la proporción, se estima que en Argentina hay 180.000 judíos.
Es un tema de cantidad y de historia. No hay que perder de vista que hemos estado prohibidos durante siglos. En España se da el fenómeno de los criptojudíos, era algo que yo desconocía antes de llegar aquí. En Argentina se ha hablado por años de los “marranos”, recordarás el libro de Aguinis, por ejemplo. Pero cuando vivís acá te vas encontrando con personas que conocés de verdad, no es un concepto. Yo pertenezco a Bet-El, la sinagoga Masortí de Madrid, y hay personas que te cuentan que veían a su abuela encender las neirot en Shabat pero que nunca se hablaba del “ser judíos”, que luego cuando se fueron haciendo mayores, han investigado y descubren que tienen esas raíces.
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Entonces ser judío en España durante mucho tiempo fue un secreto, algo que no se decía abiertamente.
Yo crecí en un contexto en el que nunca se me hubiera ocurrido que en algunos espacios no me convenía mencionar mi origen, hay cosas que jamás me planteé. Tengo conocidos aquí en Madrid que después del 7 de octubre tomaron la decisión de colocar su mezuzá en la parte interna del marco de la puerta para que no se vea desde afuera. Yo sigo teniéndola afuera pero no juzgo a los que tomaron esa decisión, es muy solitario ser judío aquí. Para muchos de mis compañeros de trabajo, yo soy la única judía que conocen.
En este contexto, todas las actividades de la kehilá toman un valor gigante. Bet-El es una parte central de mi vida, tanto a nivel espiritual, cultural y sobre todo social.
Y de pronto me fui encontrando con situaciones que nunca hubiera imaginado. Por ejemplo, cuando mudamos la sede de Bet-El hace unos meses, algunos de nosotros nos llevamos a nuestras casas las Torot para cuidarlas. No podían estar en cualquier lugar. Y me tocó tener en casa durante varias semanas una Torá de más de 100 años. La tuve guardada en un placard, al que esos días llamé Arón haKosesh. Es algo que nunca se me hubiera cruzado por la cabeza. Tampoco que se mudara el templo de Murillo, por ejemplo. Pero aquí es algo que hemos tenido que vivir.
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¿Hay un aumento en episodios de antisemitismo en Madrid en los últimos tiempos? ¿Han sufrido situaciones como para dar ejemplos concretos?
Lamentablemente sí. Yo no he sufrido nada directamente pero se escuchan episodios. En las escuelas, con el recrudecimiento de las manifestaciones pro palestina ha habido situaciones feas para quienes tienen hijos chicos. Lo de la Vuelta Ciclista, que sé que repercutió mucho en Argentina, fue muy triste.
Recibí muchos llamados de amigos y gente querida de Buenos Aires que quería saber si acá estábamos bien porque les habían llegado las noticias de esas manifestaciones.
Salvo los episodios que te menciono, que no son algo permanente pero que lógicamente te mantienen en alerta, mi día a día es normal. Trabajo y hago mis actividades como siempre.
Y en Madrid siempre ha habido policía a disposición para cuidarnos cuando se ha requerido, sobre todo apenas sucedieron los trágicos hechos del 7 de octubre.
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Teniendo en cuenta las declaraciones del presidente Pedro Sánchez relacionadas con el conflicto de Medio Oriente, ¿cómo afectaron esas palabras a la comunidad judía local? ¿Cómo se sintieron?
Personalmente, me preocupan y me dan mucha tristeza porque muchos somos ciudadanos españoles. Pensar en que alguien se plantee que no podamos participar de una competencia deportiva o musical, por ejemplo. ¿Cuál es el próximo paso de eso, no poder ir a las universidades?
Sin embargo, siento que la mayoría del pueblo español no está representada por sus dichos, la gente de a pie vive su vida, ni siquiera está pendiente de lo que pase en Medio Oriente.
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¿Cómo está estructurada la Comunidad Masorti en Madrid? ¿Cuántas personas participan en las actividades y cómo es su alcance?
En Madrid diría que hay tres grupos de comunidades: Masortí, Reformista y Ortodoxa.
La comunidad Ortodoxa es la más tradicional y la que lleva más años aquí.
Bet-El es la comunidad Masortí que se fundó hace unos 30 años. Los primeros tiempos funcionaba en las casas de las personas que asistían, era un espacio muy pequeño que fue creciendo con el esfuerzo de mucha gente. Hoy tenemos el orgullo de que en enero de 2025 hemos podido adquirir una propiedad para hacer nuestras actividades y eso nos da una tranquilidad de continuidad que no siempre hemos tenido. Ha sido y seguirá siendo un esfuerzo muy grande. Lo hemos logrado con donaciones de muchos de los socios, de otras personas que han querido ayudar y sacando una hipoteca que vamos pagando mensualmente.

Hoy somos unas 120 familias. Suena a un número pequeño, pero entre la Junta directiva y los voluntarios vamos haciendo lo que podemos con lo que tenemos. Somos una comunidad que mantiene sus actividades religiosas, peulot para los chicos, grupo de mujeres, actividades sociales y muchas cosas más.
Nuestro Rabino, Mario Karpuj, viene a Madrid una vez por mes y eso ha sido también un desafío. Armamos un grupo de personas que nos turnamos para oficiar el Kabalat Shabat los viernes que él no está. Aprendí lo que es la figura del Sheliaj Tzibur, en Buenos Aires uno no piensa en la posibilidad de que no esté el Rabino, si el Rabino o la Rabina se fueron de vacaciones, por ejemplo, siempre hay un Jazán que los reemplace. El Sheliaj Tzibur es alguien que no es Rabino pero que dirige la prédica, cualquier judío puede hacerlo.
Todo requiere mucho esfuerzo. Hace poco inauguramos una nueva cortina para nuestro Arón Hakodesh, realizada completamente a mano por nuestro grupo de mujeres, EnRedAndo. En otra sinagoga, en otro contexto, la hubieran mandado a hacer. Nosotros no tenemos dinero suficiente para eso pero ni nos lo planteamos. Queríamos una nueva cortina para nuestra nueva sede, armamos una comisión y nos llevó mucho trabajo pero lo logramos.
Algo que tenemos pendiente en nuestra nueva sede, por ejemplo, es poder instalar la silla para que las personas con dificultades motoras puedan bajar la escalera para acceder al templo. Ojalá podamos juntar el dinero para hacerlo pronto.
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¿Cuáles son tus esperanzas y temores para el futuro de la comunidad judía en Madrid?
Que todos los judíos podamos vivir nuestro judaísmo con plenitud y seguridad. Y que nunca más un judío en España sienta que poner su mezuzá del lado externo de la puerta o encender su Janukiá cerca de una ventana puede ponerlo en riesgo.

Como española, mi admiración y respeto por todo el gran esfuerzo que han hecho. Y como explica, la mayoría de los españoles estamos con Israel y no con las palabras de este gobierno que NO representa a la mayoría.
Excelentes tus palabras Marina, la labor pedagogica, las iniciativas y tambien suscribo las de An Vil Mar
Felicitaciones exitos
Marina, cuando vi la nota me sonaba tu nombre y ahora me acordé bien de vos y me alegré. Mucha suerte (Yo era el moré Mati en Ramat)
Saludos desde Bogotá, Colombia ❤, Dios Padre Eterno Todopoderoso los bendiga y proteja por siempre.