Identidad, Memoria y Resistencia: el pueblo judío frente a la historia y el odio. Por Rab Rubén Najmanovich

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De la epopeya de Sunshine a los desafíos contemporáneos de la judeofobia y la afirmación de Israel.

La película Sunshine (1999), dirigida por István Szabó y protagonizada por Ralph Fiennes, es mucho más que un drama histórico. Es una radiografía de la fragilidad y la resiliencia de la identidad judía en Europa Central. La película, narra la epopeya de tres generaciones de la familia judía húngara Sonnenschein a lo largo del turbulento siglo XX. Más allá de su trama, la cinta es un espejo de la historia judía europea: el intento de integración, la búsqueda de aceptación y, finalmente, el recordatorio brutal de que la judeofobia no distingue entre el judío practicante y el asimilado.

El personaje de Adam, inspirado en el esgrimista olímpico Endre Kabos, encarna esta paradoja. Kabos ganó medallas de oro para Hungría, fue celebrado como héroe nacional, y sin embargo, en 1944 fue reclutado para trabajos forzados y murió en circunstancias trágicas. Su destino revela una verdad incómoda: por más que un judío se esfuerce en diluir su identidad, la judeofobia lo alcanza. La película toma el apellido Sonnenschein del propio director, como si quisiera subrayar que esta historia es personal y colectiva a la vez.

El Rabino Lord Jonathan Sacks Z»L escribió que “el antisemitismo es un virus mutante: cambia de forma, pero nunca desaparece”. En el siglo XIX se disfrazó de racismo pseudocientífico; en el siglo XX, de antisemitismo político y genocida; y en el XXI, de campañas contra la legitimidad del Estado de Israel. La historia de Kabos y de la familia Sonnenschein es un recordatorio de que, incluso cuando los judíos buscan integrarse y aportar al país que los acoge, el odio puede reaparecer con nuevas máscaras.

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El Rabino Joseph B. Soloveitchik Z»L, en su célebre ensayo Kol Dodi Dofek (La voz de mi amado llama a la puerta, ensayo presentado en 1956, con motivo del día de la Independencia de Israel), explicó que la historia judía está marcada por dos voces: la del sufrimiento y la de la esperanza. La primera nos recuerda que el pueblo judío ha sido perseguido en cada generación; la segunda proclama que, pese a todo, seguimos existiendo y construyendo. La existencia del Estado de Israel es la respuesta contemporánea a esa dialéctica: un refugio seguro y un centro espiritual que asegura que nunca más el pueblo judío quede indefenso ante la persecución.

El historiador Dr. Ken Spiro señala que la historia judía es única porque combina continuidad y resiliencia. Ningún otro pueblo ha mantenido su identidad durante milenios frente a tantas amenazas externas. Spiro subraya que la asimilación nunca fue garantía de seguridad: desde los judíos helenizados en tiempos de los Macabeos hasta los judíos ilustrados en Europa, la persecución los alcanzó igualmente. La lección es clara: la identidad no puede ser negociada, porque el odio no se detiene ante la integración.

Este dilema se refleja hoy en casos contemporáneos. La presidente de México, Claudia Sheinbaum Pardo, aunque no se manifieste públicamente como judía, ha sido atacada con insultos judeofóbicos, en pintadas en las calles así como en las redes sociales. Vivimos en una época marcada por fanatismos violentos y fundamentalismos, donde el odio se recicla con nuevos lenguajes pero viejas intenciones.

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La judeofobia no necesita declaraciones de identidad; basta con la percepción o el recuerdo de un apellido. Como escribió el Rabino Sacks de bendita memoria, “los judíos son odiados por ser diferentes, y también por ser iguales; por ser pobres y por ser ricos; por ser débiles y por ser poderosos”. El odio no se basa en la realidad, sino en la necesidad de un chivo expiatorio.

Vivimos en una época marcada por fanatismos violentos y fundamentalismos, donde el odio se recicla con nuevos lenguajes pero viejas intenciones. La lección de Sunshine y de Kabos es clara: no importa cuánto bien hagamos, cuánto aportemos a la humanidad, siempre habrá quienes nos recuerden nuestro pasado con desprecio. Ante ello, la solución no consiste en negar quiénes somos, sino en afirmar con orgullo nuestro judaísmo, nuestra historia, nuestros valores, nuestra identidad.

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El Pirke Avot enseña: “No te apartes de la comunidad”. La respuesta al odio no es el aislamiento ni la negación, sino la afirmación colectiva. Cada judío que vive su identidad con dignidad es una luz que desafía la oscuridad. Y cada palabra de Hasbará (esclarecimiento), cada acto de memoria, cada defensa de Israel es una vela que ilumina el camino.

Podemos concluir que la memoria de Kabos, la enseñanza de los Macabeos (lideraron una revuelta contra el Imperio seléucida y lograron restablecer la soberanía judía en la Tierra de Israel. Ese evento se recuerda por medio de la festividad de Janucá [la fiesta de las luces]), la voz del Rabino Joseph B. Soloveitchik Z»L y la advertencia del Rabino Lord Jonathan Sacks nos dicen lo mismo: la judeofobia persiste, pero la respuesta está en la dignidad, en la memoria y en la afirmación orgullosa de nuestra identidad. La existencia del Estado de Israel es la garantía de que nunca más seremos un pueblo indefenso. Y cada generación tiene la responsabilidad de encender su propia luz, no para ocultarse, sino para iluminar el mundo.

 

Rabino M.Ed. Rubén Najmanovich

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