Ante cerca de 26.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV asomó al balcón central de la basílica vaticana para dirigir al mundo la tradicional bendición Urbi et Orbi.
Habló de “quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza”, sin mencionar el azote del mundo moderno, el terrorismo de los grupos islámicos radicales, responsables de terribles masacres de cristianos en África y el mundo.
Desde el inicio del Papado de León XIV, el Vaticano ha mostrado una postura poco favorable a Israel.
En octubre, según el NYTimes, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, dijo que Israel estaba llevando a cabo una “masacre” en Gaza como represalia por el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023. Parolin describió esos ataques como una “masacre inhumana”.
Por ello, sorprende que, en uno de los pasajes más evocadores del mensaje, León XIV citó algunos versos del poema Wildpeace del poeta israelí Yehuda Amijai para describir el anhelo profundo de paz que habita en el corazón humano, reportó Enlace Judío.
Nacido en Alemania, Amijai y su familia emigraron a Eretz Yisrael en 1935, viviendo brevemente en Petaj Tikva antes de establecerse en Jerusalén. En la Segunda Guerra Mundial luchó con la brigada judía del ejército británico. Durante la Guerra de Independencia luchó en el Néguev, en el frente meridional. Después de la guerra asistió a la Universidad Hebrea y fue profesor de preparatoria. Su primer libro, Ahora y otros días, fue publicado en 1955.
Y sin embargo, en el video oficial del Vaticano, Amijai es descrito como “un poeta”, sin mencionar su nacionalidad.
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La obra de Amijai ha sido traducida al español por una brillante mexicana, Claudia Kerik.
Reproducimos la traducción de Kerik del poema de Amijai utilizada por el Papa, “Una paz Silvestre”
Una paz silvestre
No la de un alto al fuego
ni la de la visión del lobo junto al cordero*,
sino
la del corazón cuando se acaba la agitación
y hablamos de un gran cansancio.
Sé que sé matar,
por lo tanto soy adulto.
Y mi hijo juega con una pistola de juguete que sabe
abrir y cerrar los ojos y decir “mamá”.
Una paz
sin el ruido de forjar las espadas en rejas de arado**;
sin palabras, sin el sonido de los pesados sellos de goma;
que sea ligera por encima
como espuma blanca y perezosa.
Un descanso para las heridas,
aunque sea breve.
(Y el aullido de los huérfanos se pasa de una generación
a otra, como en una carrera de relevos:
la estafeta nunca cae).
Que sea
como flores silvestres,
de repente, por necesidad del campo:
una paz silvestre.
* Isaías 11:6
** Isaías 2:4.

