A diferencia de la Tierra, cuyo eje inclinado provoca que la posición del Sol en el cielo cambie a lo largo del año, la Luna prácticamente no tiene inclinación, y el Sol siempre se encuentra aproximadamente sobre su ecuador. Si uno se encontrara en uno de los polos lunares, vería al Sol permanecer cerca del horizonte mientras completa su ciclo mensual, en lugar de salir y ponerse como en la Tierra.
Como resultado, la luz solar no puede alcanzar ni calentar los profundos y escarpados cráteres de los polos lunares, conocidos como las regiones permanentemente en sombras.
Sin embargo, no siempre fue así, explicaron desde la universidad israelí. En el pasado remoto, la Luna tenía una inclinación axial mucho mayor, pero en los últimos miles de millones de años se fue enderezando.
En el 2023 se demostró que, a medida que disminuía la inclinación lunar, cada vez más cráteres cerca de los polos quedaban permanentemente en sombra y se enfriaban drásticamente. Calculando el momento en que cada cráter dejó de recibir luz solar, pudieron deducir la «edad» de cada región permanentemente en sombra.
Un polo con temperaturas muy, muy bajas
Con el nuevo estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, «descubrimos que cuanto antes una región quedaba en sombra, mayor era la superficie capaz de acumular hielo«, afirmó el profesor Oded Aharonson, líder de la investigación junto a su colega Paul Hayne y el doctor Norbert Schorghofer.
Para que el hielo no solo se forme en la superficie lunar, sino que también persista durante cientos de millones o incluso miles de millones de años sin evaporarse, se requieren temperaturas extremadamente bajas, alrededor de -160 grados Celsius.
Las regiones que mantienen esas temperaturas durante todo el año se conocen como trampas de frío. Si bien muchas regiones en sombra permanente cumplen con los requisitos para ser consideradas trampas de frío, algunas no, ya que las paredes circundantes pueden irradiar calor hacia el cráter.
Para identificar las ubicaciones más prometedoras para encontrar hielo lunar, los investigadores utilizaron cálculos geométricos para determinar cuáles de esas regiones también funcionan como trampas de frío y en qué momento de la historia de la Luna adquirieron esa condición.
Los hallazgos son especialmente significativos, ya que localizar y tomar muestras de hielo lunar es uno de los objetivos principales de las futuras misiones tripuladas Artemis de la NASA, cuyo objetivo es llevar astronautas al Polo Sur de la Luna.
La visión a largo plazo de la NASA incluye establecer una base lunar permanente que sirva de preparación —y posiblemente de estación de tránsito— para futuras misiones tripuladas a Marte.
Encontrar agua que se pueda procesar y utilizar de manera líquida «más allá de la Tierra es uno de los retos más importantes de la astronomía», afirmó Aharonson. Las próximas misiones «podrían ayudarnos a determinar el origen del agua en la Luna, pero también podrían enseñarnos mucho más», añadió.
El investigador israelí destacó que, «como satélite natural de la Tierra, la Luna es un laboratorio excelente para estudiar la historia de nuestro planeta y su agua». Además, completó, sería posible obtener datos sobre la composición y distribución del agua «que podría estar esperándonos en planetas y lunas más distantes que aún no visitamos».