Como cada año, pero siempre con una carga emocional distinta, la ciudad de Ra’anana se sumó ayer a la conmemoración de Iom Hashoá, en una jornada marcada por el recogimiento, la memoria y el compromiso de las nuevas generaciones.
Desde la noche anterior, en plazas y espacios comunitarios, vecinos, sobrevivientes y familias enteras participaron de ceremonias íntimas pero profundas. Las velas encendidas iluminaron rostros en silencio, mientras se escuchaban testimonios que no pierden vigencia: historias de pérdida, de supervivencia y, sobre todo, de identidad.
Dos minutos que lo dicen todo
A las 10 en punto de la mañana, la rutina se quebró. La sirena —ese sonido inconfundible que atraviesa todo Israel— volvió a unir a la sociedad en un mismo gesto:
Autos detenidos en plena calle, conductores de pie junto a sus vehículos, peatones inmóviles. Durante dos minutos, Ra’anana quedó suspendida en un silencio absoluto, compartido, casi tangible.
No es sólo un acto simbólico. Es un pacto colectivo de memoria.
La memoria que se transmite
En las ceremonias locales, uno de los ejes centrales volvió a ser el rol de los jóvenes. Estudiantes de escuelas de la ciudad participaron activamente, leyendo nombres, encendiendo velas y escuchando —muchas veces por primera vez— relatos en primera persona.
En una ciudad como Ra’anana, donde conviven generaciones de israelíes y una importante comunidad de inmigrantes, la memoria del Holocausto no es un hecho lejano, sino una herencia viva.
Un país entero en sintonía
Mientras tanto, el acto central se desarrollaba en Yad Vashem, en Jerusalén, donde seis sobrevivientes encendieron las antorchas en representación de los seis millones de judíos asesinados por el nazismo.
Pero más allá de ese epicentro, lo que define a esta jornada es su carácter descentralizado: cada ciudad, cada barrio —como Ra’anana— aporta su propia voz a una memoria que es colectiva.
Una memoria que no se apaga
En tiempos de incertidumbre global y de tensiones crecientes, el mensaje de Iom Hashoá vuelve a resonar con fuerza: recordar no es un ejercicio del pasado, sino una responsabilidad del presente.
Ra’anana lo entendió, una vez más, en ese silencio que no fue vacío, sino profundamente lleno de significado.
Fotos: Diego Galperín: IG: diego_galperin_photography

