Discurso completo del Presidente de la OSA, Federico Nemetsky, en el acto por Iom Haatzmaut 78°

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Hoy estamos festejando más que un aniversario, algo mucho más desafiante: haber llegado hasta acá y haber elegido seguir. Y si somos honestos, no era evidente que así fuera. Porque al conmemorar 78 años del Estado de Israel, no recordamos únicamente un hecho histórico. Estamos celebrando un sueño que durante siglos pareció imposible, pero que nunca dejó de estar ahí.

Un sueño que sobrevivió en familias que no sabían si iban a poder llegar, que no sabían dónde iban a dormir, pero que igual seguían adelante.

Pero ese sueño no se sostuvo sólo.

Necesitó de manos y mentes dispuestas a darlo todo, de voluntades inquebrantables y de decisiones firmes para empujar aquella idea, hermosa, pero frágil, hasta convertirla en la realidad fuerte y pujante que es hoy.

Israel no pasó, simplemente, porque tenía que pasar.

Pasó porque hubo gente que decidió que pase. Y esa decisión es la misma que hoy nos toca a cada uno de nosotros. La decisión de no resignarse. De nunca, pero nunca, abandonar. La decisión de seguir, aun cuando todo parezca demasiado difícil.

Porque hay momentos en la historia en los que ya no se trata de elegir entre distintas opciones. Se trata de entender que hay una sola. Y en este camino de determinación, es fundamental reconocer a quienes tienen la claridad y la valentía de caminar a nuestro lado.

Por eso, quiero destacar la postura firme y valiente del Gobierno Argentino. En tiempos de ambigüedad, donde muchos de los que se llamaban aliados o amigos prefirieron dar la espalda o el silencio cómplice y cobarde, Argentina eligió estar del lado moral y correcto de la historia.

Con música, emoción y una gran convocatoria, la comunidad judía argentina celebró Iom Haatzmaut en la ciudad de Buenos Aires

Por eso, cuando hoy escuchamos a los que están del otro lado, a quienes siguen soñando con la desaparición de Israel, la pregunta no es si van a intentarlo, porque han probado durante décadas y seguirán haciéndolo. La pregunta, en realidad, es si comprenden con quién están lidiando.

¿Creen que un pueblo que atravesó todo lo que atravesó va a rendirse?

¿Creen que vamos a ceder tan fácilmente a esta larga cadena de deseos, anhelos y plegarias?

¿Realmente creen que un pueblo que reconstruyó su soberanía desde cero va a abandonar todo lo logrado en estos 78 años?

La historia ya dio su respuesta.

Seguimos acá. Y seguimos construyendo.

Hoy, Israel transita un momento definitorio en su corta pero a su vez larga y nutrida historia. Finalmente ha llegado el momento de enfrentar tanto a la cabeza del pulpo que durante las últimas cinco décadas prometió y promovió su destrucción como a cada uno de sus tentáculos del terror.

Y si alguien tiene alguna duda sobre la justicia de esta guerra, sobre la necesidad de cortar con esta dinámica, no es necesario preguntarle a las autoridades israelíes sino que lo dicen ellos mismos, con una claridad escalofriante.

“Todos debemos alzarnos y destruir a Israel” dijo ya en 1979 el Ayatollah Jomeini. Su sucesor, Ali Khamenei, en 2001 afirmaba que “Es la misión de la República Islámica de Irán borrar a Israel del mapa de la región”.

Repito. Quien tenga alguna duda, que lea lo que vienen diciendo, una y otra vez, de todas las formas posibles, hace ya 47 años.

Hay algo profundamente distintivo en nuestro pueblo y en el Estado Judio. Algo que incomoda, que incomoda mucho a quienes buscan nuestra destrucción: Nosotros transformamos.

Transformamos el dolor en motor. Transformamos los escombros en construcción.

Transformamos lo que intentó destruirnos, en impulso para seguir.

La historia de Liraz Hamami, una de las principales figuras de las series israelíes

Y eso no es una idea abstracta. Es algo que hoy, todos pudimos ver. Ese cilindro que vimos en la entrada, no es decoración. Son fragmentos reales. Son marcas reales. Son signos del horror de aquel 7 de octubre maldito que marcó a nuestro pueblo para siempre y que hoy estamos transformando.

Se transforman en arte.

Se transforman en memoria. Se transforman en identidad.

Pero sobre todo, se transforman en futuro.

Porque no están ahí para recordarnos únicamente lo que pasó. Están ahí para recordarnos lo que somos capaces de hacer con lo que pasó.

De no quedarnos detenidos. De no quedarnos en el dolor.

De elegir, una vez más, construir.

En Israel, en los últimos tiempos, se empezó a hablar de los jóvenes como “Dor HaNitzajon”, la Generación de la Victoria. Y es un nombre que emociona. Emociona mucho.

El emotivo encuentro entre un ex secuestrado y un soldado de las FDI

Esta noche tenemos a 3 de esos jóvenes, de esa generación, compartiendo esta fiesta con nosotros, 3 de nuestros jaialim que nos honran con su presencia y para quienes pido un muy fuerte aplauso. De parte de toda la comunidad, de todos nosotros, gracias por el esfuerzo y por poner el cuerpo para defender el hogar nacional de todos nosotros.

Volviendo a la idea de Dor Hanitzajon, de esa generación de la victoria, es un nombre emocionante y que nos obliga a ampliar la mirada.

Porque esa generación no está compuesta sólo por jóvenes. Esa generación es una forma de estar en el mundo. Es toda una sociedad que decide, cada día, sostener ese sueño milenario y defenderlo como sea necesario. Todos ellos son la Generación de la Victoria.

Desde acá, a nosotros nos toca otro rol. Ser Dor HaGaavá, la Generación del Orgullo.

La que no esconde lo que es. La que lo sostiene.

Y la que lo transmite. Orgullo de lo que somos.

Orgullo de no esconder lo que somos. Orgullo de lo que construimos.

Orgullo de lo que transmitimos.

Y nosotros tenemos a los exponentes de nuestra generación del orgullo acá mismo, ahí arriba. Mírenlos, mírenlos bien. Aplaudámoslos. Jóvenes decididos a defender ideas, a construir, a luchar por todo lo que creemos justo y a seguir apoyando a nuestra amada Israel aun cuando hacerlo sea la opción más difícil.

Se realizó en el cementerio de Tablada el acto de la comunidad judía argentina por Iom Hazikarón

Porque la continuidad no ocurre sola. Se construye todos los días. En cada familia.

En cada escuela. En cada institución.

En cada conversación.

Y en ese camino, el sionismo tiene un rol central.

El sionismo que elegimos no le teme a la diversidad. La necesita. Porque entiende que lo que nos une es más fuerte que lo que nos diferencia. Un movimiento amplio, moderno e inclusivo. Abierto a todos sin distinción de orientación política, práctica religiosa e incluso de religión.

Prueba de esto es la presencia, hoy acá, de muchos líderes de otros credos a quienes agradezco especialmente, y pido un aplauso para ellos, por compartir esta celebración con nosotros.

El único requisito inexcusable es tener la convicción profunda del derecho a la autodeterminación de nuestro pueblo, en nuestra tierra, en libertad y con seguridad, “Liot Am Jofshi ve Artzeinu”. Ni más, ni menos. Ser un pueblo libre en nuestra tierra. Esa frase no es solo una expresión poética. Es una síntesis. Es un propósito. Y principalmente, es una responsabilidad.

Hoy celebramos 78 años de nuestra amada Mediná. Y si somos sinceros, no siempre es fácil. No siempre es cómodo. Pero justamente por eso es que vale tanto la pena. Pero en realidad, celebramos algo mucho más profundo.

Celebramos la capacidad de nuestro pueblo de no rendirse.

Celebramos la decisión de seguir adelante aun cuando el camino parezca demasiado difícil.

Celebramos la continuidad histórica de nuestro pueblo. Generaciones desde la destrucción del Segundo Templo hasta la construcción de los kibbutzim.

Sin «desacuerdos serios»: avanzan las negociaciones de paz entre Israel y el Líbano, afirma el ministro Sa’ar

Celebramos a los pioneros que transformaron aquel anhelado pantano en fuente de vida natural.

Celebramos la posibilidad de tener un ejército de héroes y heroínas que nos enorgullece y que son guardianes de uno de los más potentes preceptos modernos de Am Israel: Le olam lo od. Nunca más.

Celebramos la vida vibrante de Tel Aviv y la calma milenaria del Negev, corazón y futuro de Israel según Ben Gurión.

Celebramos la innovación, el pensamiento y la creatividad brindada al mundo cumpliendo con creces con el concepto judío de Tikun Olam, de Mejorar el mundo.

Celebramos nuestra identidad. Celebramos la vida.

Y celebramos, sobre todo, que seguimos acá.

Con orgullo.

Con responsabilidad.

Y principalmente, con futuro.

Israel no es solo un lugar. Es una decisión.

Es nuestra decisión.

Jag Haatzmaut Sameaj.

 

Am Israel Jai.

El pueblo de Israel vive y vivirá por siempre. Muchas gracias.

Federico Nemetsky- Presidente de la Organización Sionista Argentina

Foto: Leonardo Kremenchuzky

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