Tras el hito que significó Bereishit, la primera misión privada israelí que logró alcanzar la órbita de nuestro satélite natural antes de su fallido alunizaje en 2019, el ecosistema tecnológico del país busca reposicionarse en la nueva carrera por la Luna, ya no desde la exploración simbólica sino a través de nichos con potencial comercial en la futura economía espacial, reportó Israel Económico.
La experiencia de Bereishit dejó además un antecedente económico relevante: Israel logró insertarse en la conversación espacial global con una misión de costo muy inferior al de las grandes agencias, una lógica de eficiencia y especialización que ahora parece trasladarse a la búsqueda de nichos concretos dentro de la futura economía lunar.
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En el caso de Helios, la apuesta pasa por producir oxígeno directamente a partir del suelo lunar. En la industria espacial, este elemento no solo es vital para la respiración humana en futuras bases, sino que también cumple un rol central en la propulsión, ya que actúa como oxidante del combustible utilizado por los cohetes, una pieza clave tanto para misiones de regreso como para eventuales viajes más allá de la Luna, incluido Marte.
La posibilidad de generarlo in situ podría ahorrarle a SpaceX, la empresa espacial de Elon Musk, grandes sumas de dinero, en particular por «el enorme gasto que implica llevar 800 toneladas de combustible desde la Tierra», le dijo a Globes Bat-Chen Herchkovich Ben Simon, directora de operaciones y desarrollo comercial de la compañía.
También hacen falta bases de datos
Otro frente en el que Israel busca posicionarse es el de la infraestructura digital. Empresas como Ramon Space trabajan en sistemas de procesamiento capaces de operar en condiciones extremas, con la vista puesta en trasladar al espacio parte de la creciente demanda de capacidad de cómputo e inteligencia artificial, en momentos en que la industria tecnológica global enfrenta crecientes restricciones energéticas y de espacio físico en la Tierra.
La propia NASA plantea a la Luna como una plataforma para misiones más ambiciosas. Artemis tiene como objetivo construir una presencia sostenida en la superficie lunar y utilizarla como base de prueba para futuros viajes tripulados a Marte, un escenario en el que tecnologías como la producción local de oxígeno y combustible adquieren un valor estratégico aún mayor.
Aunque «la comprensión que se impuso es que llegar a Marte, en esta etapa, sigue siendo muy difícil», la Luna «es un vecino cercano donde pueden probarse tecnologías para misiones tripuladas que luego sirvan en el camino» hacia el planeta rojo, explicó a Globes el profesor Oded Aharonson, del Instituto Weizmann.
De cualquier manera, el ecosistema israelí apuesta a una nueva etapa de inserción en la carrera espacial: ya no a través de una misión emblemática como Bereishit, sino mediante la ocupación de nichos tecnológicos capaces de transformarse en piezas críticas de la futura economía lunar y, eventualmente, de la expansión humana más allá de la Luna.


