
La presidenta del Keren Kayemet Leisrael (KKL) en Argentina, Jessica Souss, dialogó con Vis á Vis sobre lo que representa para ella presidir la organización en un contexto tan complejo, el impacto de la guerra, el antisemitismo global, el desafío de fortalecer la identidad judía y la necesidad de “dejar los egos de lado” para trabajar unidos.
«Presidir hoy el KKL Argentina no es solamente conducir una institución histórica»
Para Jessica Souss implica liderar en uno de los momentos más sensibles que atraviesa el pueblo judío en las últimas décadas. La Presidenta del KKL en Argentina habló sobre el antes y el después del 7 de octubre, el crecimiento del antisemitismo, el rol de la juventud, la relación entre Argentina e Israel y los proyectos que impulsa actualmente el KKL tanto en el país como en Israel. También dejó reflexiones personales atravesadas por su historia familiar y su vínculo profundo con el Estado de Israel.
—¿Qué significa para vos hoy presidir el KKL Argentina en un contexto tan complejo?
—Primero, es un honor. Más allá del contexto complejo, presidir una institución con la trayectoria y la envergadura del KKL representa una enorme responsabilidad. Y justamente esa complejidad nos obliga a asumir más desafíos para poder llevar adelante la tarea y la misión que tenemos.
—Asumiste hace pocos meses, aunque venís trabajando hace años dentro del KKL. ¿Cómo cambió el trabajo institucional después del 7 de octubre?
—Después del 7 de octubre toda la comunidad judía sufrió un impacto muy fuerte. Eso nos obligó a recalcular no la misión, porque la misión sigue siendo la misma, sino la manera de llevarla adelante. Se despertó un escenario que siempre estuvo latente y que tiene que ver con el trabajo de hasbará, tanto hacia adentro como hacia afuera.
Tuvimos que fortalecernos como comunidad y generar herramientas para enfrentar lo que viene, tanto comunitariamente como hacia el exterior, porque el contexto es muy adverso para todo lo relacionado con Israel y el judaísmo en general.

—¿Qué impronta personal buscás darle a tu gestión?
—En lo institucional estamos haciendo un trabajo muy profundo para que todos los miembros de comisión directiva sean protagonistas de los proyectos que llevan adelante. Dividimos la comisión en subcomisiones porque es imposible que una sola persona abarque todo el universo de trabajo del KKL.
—Eso implica delegar.
—Sí, totalmente. Delegar es parte de la impronta que quiero profundizar. Es algo que ya se venía trabajando en la institución, pero nos damos cuenta de que ese es el camino.
Y además, quiero una gestión con mucha presencia comunitaria, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en las provincias, generando alianzas institucionales. Creo que los dirigentes tenemos la responsabilidad de dejar los egos de lado y trabajar en conjunto. Lo importante es el fortalecimiento comunitario e institucional. Hoy me toca estar en este cargo durante un tiempo, pero el KKL tiene 125 años de historia y seguirá existiendo mucho después de nosotros.

—Mucha gente asocia al KKL únicamente con los árboles. ¿Qué es hoy realmente el Keren Kayemet?
—Los árboles son una parte fundamental y muy simbólica. Son una marca de identidad del KKL, igual que la pushke. Pero el trabajo del Keren Kayemet es muchísimo más amplio.
En Israel no hay rincón donde no haya presencia del KKL. Está en el desarrollo educativo, en infraestructura, en proyectos ambientales y comunitarios. Y acá, en Argentina, uno de nuestros grandes campos de acción es la educación.
—¿Cómo impacta la guerra en las prioridades de la institución?
—No sé si cambia las prioridades, porque históricamente el KKL siempre tuvo como objetivo la construcción del Estado de Israel y el fortalecimiento comunitario. Pero sí se agrega algo muy importante: la reconstrucción.
Hoy tenemos el desafío de reconstruir, de mantener la fortaleza institucional y comunitaria y de seguir sosteniendo a Israel en un contexto extremadamente difícil.
—¿Cuáles son hoy los principales proyectos del KKL Argentina?
—Este año tenemos dos proyectos muy importantes y muy emotivos. Uno es la inauguración del Monumento Shalom en Plaza Israel, que representa un mensaje de paz y también un agradecimiento a la Ciudad de Buenos Aires. Nosotros podemos vivir plenamente nuestra identidad judía en este país y queríamos dejar un símbolo visible de eso.
El otro gran proyecto es el Bosque Nova en la Ciudad de Mendoza, que se inaugurará cerca del aniversario del 7 de octubre. Tiene que ver con sembrar memoria y mostrarle a toda la sociedad qué fue lo que pasó. También buscamos transmitir un mensaje de paz y de vida.
Y además estamos impulsando fuertemente proyectos educativos por los 125 años del KKL. Abrimos convocatorias para que las escuelas presenten proyectos de identidad sionista y recibimos muchísimas propuestas.
—Hablabas de educación y juventud. ¿Cómo se conecta hoy a los jóvenes con Israel?
—Israel tiene muchísimo para ofrecerles. Hoy todos los jóvenes buscan innovación, tecnología, inteligencia artificial, e Israel es todo eso, pero además con raíces milenarias.
Creo que el 7 de octubre también generó una renovación del vínculo emocional con Israel. Nos recordó que lo que pasa allá repercute en nosotros y lo que pasa acá repercute en Israel. Estamos íntimamente ligados.
Además, desde el KKL trabajamos mucho en formación de liderazgo joven. Tenemos programas como la Academia Sionista, que reúne jóvenes de distintas partes del mundo para capacitarlos como futuros dirigentes comunitarios.
También estamos intentando llegar a esa franja de jóvenes universitarios o que están comenzando su vida laboral y muchas veces quedan alejados de la comunidad. Queremos darles un marco de pertenencia y referencia comunitaria.
—¿Cómo se combate la desinformación en redes sociales?
—Es uno de los grandes desafíos que tenemos. Más que combatirla, primero tenemos que fortalecer lo comunitario y lo institucional para que cada persona tenga herramientas para enfrentarla.
Las instituciones pueden hacer un trabajo global, pero también cada uno de nosotros tiene que convertirse en un “soldado de la palabra”.
—¿Sentís que después del 7 de octubre hubo una legitimación de discursos extremos?
—Parecería que sí. No sé si la palabra exacta es legitimación, pero sí siento que mucha gente cree que tiene derecho a decir cualquier cosa impunemente.
—¿Te preocupa el crecimiento del antisemitismo en el mundo?
—Muchísimo. Mi generación creció siendo hija o nieta de sobrevivientes de la Shoá. Escuchamos esos relatos muy de cerca y creíamos que eso pertenecía al pasado.
Pero lo que pasó el 7 de octubre y todo lo que ocurrió después nos reconfiguró completamente como comunidad y como pueblo. Nos obliga a pensar cómo nos posicionamos frente a esta nueva realidad.

—¿Qué momento de tu vida te acercó más profundamente a Israel?
—Yo siempre digo que nací cerca de Israel porque crecí en una familia muy sionista. Cuando tenía 12 años hicimos aliá y viví dos años en un kibutz. Ahí quedó marcada mi conexión para siempre.
Tengo dos hijos que hicieron aliá y uno de ellos estuvo en el frente el 7 de octubre. Israel y yo somos prácticamente la misma cosa.
—¿Qué experiencia vivida dentro del KKL fue la que más te marcó?
—En enero de 2024 hicimos un viaje a Israel después del 7 de octubre. Yo ya había estado allá durante los primeros meses de la guerra porque viajé cuando mi hijo entró en combate.
Recorrer los kibutzim atacados y recorrer Nova fue una experiencia muy shockeante. Pero también fui viendo cómo la sociedad israelí se levantaba y empezaba a recomponerse.
—¿Cómo se mantiene el optimismo en estos tiempos?
—Porque, pese a todo, este también es un gran momento para el pueblo de Israel. Israel es una potencia científica, tecnológica y militar. Y nosotros seguimos manteniendo viva la llama desde hace miles de años. Tenemos la intención de seguir haciéndolo por muchísimo tiempo más.
—¿Cómo ves el vínculo actual entre Argentina e Israel?
—Creo que estamos viviendo un momento histórico. Es la primera vez que Argentina está tan alineada con Israel y que además toma decisiones tan claras frente al terrorismo.
Más allá de que a veces se puedan cuestionar algunas formas, me parece que tenemos que aprovechar esta coyuntura histórica. Y también creo que Argentina tiene algo muy valioso: una buena legislación y una convivencia que hace que el antisemitismo no se viva acá con la intensidad que hoy se ve en Europa o en otras partes del mundo.

—¿Cuál es la mejor manera de ayudar hoy a Israel desde la diáspora?
—Siendo un judío orgulloso de su identidad y defensor de los valores de Israel. Uno puede tener diferencias políticas o cuestionamientos hacia un gobierno, pero el Estado de Israel está por encima de eso.
—¿Qué te gustaría que quede escrito como legado de tu presidencia?
—Me gustaría que quede la idea de trabajar en red, de democratizar la institución y de que todos seamos protagonistas.
Y sobre todo, que como comunidad podamos dejar los egos personales de lado y trabajar en pos del bien común, enfocándonos en lo que nos une y no en nuestras diferencias

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