Trump indemniza a Irán, ¿y quién indemniza a Israel? Por Martha Wolff

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Al leer las noticias a diario sobre antisemitismo y antisionismo creo que el tiempo no ha pasado para mejorar a la sociedad. Siento un retroceso histórico. Creo que vuelvo a ser esa hija de inmigrantes ucranianos, rusos y polacos escuchando a mi familia hablar de la guerra y sobre los parientes en Europa. Se hablaba de vida y de muerte, se leían cartas, se lloraba a puertas cerradas, se ponían las fotos en medio de la mesa de los que quedaron allá. Eran veladas de gran tristeza y duelo. Como en un cuento con sus tres pasos: presentación, desarrollo y desenlace terminó la guerra, casi nadie sobrevivió, la pena de los que se salvaron quedó en sus rostros, miradas, suspiros y heridas que nunca cerraron. Con la creación del Estado de Israel hubo alegría y melancolía. Pasaron los años y nos sentimos protegidos y yo me crié con esa frase que me hizo sentir segura. “Nunca más”…

Pasaron los años, las décadas y las guerras de defensa hasta la invasión del 7 de octubre del 2022 al sur de Israel respuesta inmediata. Fue un volver a vivir el odio asesino. Lo que pasó fue un ataque sorpresa ideado para matar y quebrar a un país burlando su fortaleza atacando cobardemente el deseo de paz. Y a partir de allí Israel se defendió y lo hizo como ejército de un país contra los terroristas de Hamás conformado por bárbaros adiestrados a destruir a sus enemigos cual fieras sedientas de sangre. Fue un ataque sobre tierra y desde los túneles aguantadores de hombres y armas. La lucha contra el antisemitismo fue y es un discurso vacuo amasado a base discursos encubiertos de entendimiento. La fría capa de tolerancia se derritió y el oso salvaje de las estepas anitijudías volvió para satisfacer su fobia engendrada como perturbador de todo.

A partir del 7 de octubre el antisemitismo se dispersó por el mundo como una rotura del dique de contención antisemita y cada odiador a su manera se plegó al terrorismo individualmente a su manera. La anarquía antisemita no respetó ni respeta a nadie ni a nada. Las organizaciones y tribunales internacionales no tienen poder. Cada individuo actúa según la ley de la selva. Desde lo académico a lo callejero, desde el hombre culto al ignorante. Una pandemia de desprecio y culpabilidad al mejor estilo de la caza de brujas es noticia a diario. Esta locura colectiva se suma a todas las manifestaciones políticas, sociales y económicas en busca del judío como chivo emisario de todos los males, más viejo que el tiempo para señalar y condenar.

El pacto de entendimiento recién firmado entre Estados Unidos e Irán es un certificado de defunción al progreso hacia la paz. También lo es para las víctimas de la reciente guerra de Medio Oriente. También para Gaza a pesar de la ayuda prometida internacionalmente, triste ejemplo de un pueblo palestino sometido a Hamás que no le dio nada y lo usó para sus objetivos. Un pueblo que fue cueva para atacar y destruir a Israel siendo el aguantadero de armas, de usar a la gente desprotegida y sobornada. El pago que le dará Trump a Irán, autor y fogonero del accionar de Hamás, Hezbolla, hutíes y otras alianzas terroristas abre una pregunta: ¿Acaso al mundo se le ocurrió indemnizar a Israel por la tragedia del 7 de octubre, no solo en vidas, rehenes, torturas, violaciones, sino también en infraestructura del sur y del norte? ¿A nadie se le ocurrió reparar las pérdidas morales y materiales, las familias desmembradas, el costo de la masacre, los desplazamientos? El mundo tiene ojos para Gaz y no para Israel por esa guerra desatada por Hamás, porque para el mundo los israelíes siguieron comiendo y una vida casi normal mientras caía lluvia de cohetes, drones, misiles; porque tiene refugios, hospitales donde no se esconden terroristas ni se guardan armas, porque se siguió dando clases y porque seguir es un verbo fundamental del pueblo del Israel. No se pensó en ninguna ayuda para Israel para rehacer lo dañado porque según el pensamiento antisemita los judíos no lo necesitan porque son judíos, pero sí el pueblo palestino porque son palestinos. Qué pena que los palestinos no se rebelaron a Hamás ni lucharon para tener una Gaza civilizada aprovechando la vecindad de Israel para tomarla como ejemplo.

Israel ante el acuerdo solo será su propia defensa. Trump es un artista de mal gusto y a esta comedia grotesca los judíos abucheamos su actuación.

Martha Wolff

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