Ayer escribí esta carta a un diario porque habían matado en un hecho de inseguridad a mi chofer. Hoy vivimos incrédulos el asalto e intento de asesinato al matrimonio Schlosser.
La inseguridad no elige cargo, profesión, raza ni religión. Nos invade a todos.
«Bolillero de la muerte»
La llamada me sorprendió por la hora. Del otro lado, Victorino me dice que mataron a Jorge. El silencio dejó lugar al dolor más agudo. Jorge Cuervo fue mi chofer por seis años, teníamos una relación construida sobre la base de la confianza. Cumplió 59 años el lunes 20 del actual, y su hija mayor le había anunciado que iba a ser abuelo. A las 21 del viernes siguiente nos despedimos y a las 22 lo asesinaron cuatro desconocidos que fueron a robarle.
La vida no se juega en los titulares de los diarios, ni en las estadísticas. Se celebra en una cena familiar, en el abrazo con los hijos, en el tiempo compartido con el ser amado, en el encuentro con amigos y en los sueños. Convivimos con la inseguridad ante la ausencia de una toma de posición, que imposibilita a algunos incluso a llamarla por su nombre. Cada uno de nosotros somos números en un bolillero. Es sólo cuestión de suerte hasta que alguien ponga la mano y nos diga quién vivirá y quién morirá. Ese alguien no es sólo el que dispara, sino también el Estado indolente y ausente.
Todos los que tenemos cargos públicos debemos aprender a trabajar anteponiendo la sensibilidad al conocimiento. No se puede pensar un país sin sentir que el otro soy yo y que sus urgencias no pueden quedar neutralizadas por posturas que ponen en evidencia la insensibilidad e incapacidad. Sé que escribo con lágrimas y no me avergüenza. Escribo para homenajear a Jorge y a todos los muertos por la inseguridad y porque quiero que nuestros hijos vivan en un país sano.
Lic. Claudio B. Avruj
Subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires
Fuente: Diario La Naciòn


