Llega Pésaj y hay alegría. Se volverá a reunir la familia y amigos.
Se leerá la Hagadá y participarán todos en su lectura.
Llega Pésaj y comienzan a rondar las preocupaciones del menú.
Las mujeres se inquietan con los preparativos.
Las viejas recetas salen a la luz.
Se añoran los sabores heredados.
Ir al mercado de ayer y super de hoy fue y es una aventura.
Las mezclas de los pescados molidos son prioritarios.
Las mujeres judías universalizaron el guefilte fish.
También a ellas les desean “Felices Pascuas Judías” sus abastecedores.
A mejai los changuitos cargados de pollos, verduras, matzemeil,
las mesadas llenas, la heladera repleta y las ollas humeantes.
Nuevamente a sacar los manteles y la vajilla..
El aroma de la cocina perfumará la casa y la de los vecinos.
La keará volverá a rellenarse con los símbolos tradicionales
Habrá que pedir sillas prestadas por sí hay más invitados.
Se harán fotocopias para que cada uno sea la voz del exilio y la redención.
Probar el jrein es fundamental para estimular el paladar.
La matzá esperará ser honrada y craquelada.
El jaroset sellará con su argamasa el relato del desierto.
Las velas esperan, las emociones se acumulan, los abrazos se multiplican.
Pésaj es sinónimo de Libertad, de enseñar a repetir la Historia Judía.
Las mujeres de la casa esa noche usarán zapatos cómodos.
Todos deberán recorrer el camino hacia la Tierra Prometida.
Pésaj, una mesa servida y una Hagadá leída, es igual a infinita felicidad.
Al despedirse cada uno piensa: ¡Qué el año que viene podamos repetir este ritual!
Estas son las cosas simples que amamos y que mamamos…¡Jag Sameaj!
Martha Wolff-
Periodista- Escritora

