Tras la muerte de su hijo, Paula Schapiro y su esposo transformaron la tristeza en servicio a los demás; crearon la ONG El Leoncito Dan.
«Aunque un tren te pase por encima o un tsunami te arrase, se pueden llevar todo, pero la esencia queda», asegura Paula Schapiro mientras se emociona al mostrar las fotos de su hijo Dan, que falleció en 2009 por un cáncer cuando tenía 22 años. Familiares y amigos sintieron el deseo de continuar lo que Dan más disfrutaba: ayudar a los demás y comprometerse con esa realidad.
«Cuando te pasa algo así, cambia tu sistema de creencias. Yo pensé: frente a un dolor tan grande, igual es el tamaño del desafío. La esencia de nuestra familia siempre fue la creatividad, la alegría, la comunicación. Quisimos encontrar una forma creativa de trascender la memoria de Dan y devolver el amor que él nos había dado», cuenta Paula mientras ordena cajas llenas de juguetes con Gabriel, su marido.
Son donaciones para uno de los proyectos de El Leoncito Dan, que impulsaron para crear centros comunitarios en distintos lugares del país. Desean generar vínculos con poblaciones en situación vulnerable. El nombre esconde una de las pasiones de Dan. Fiel hincha fanático de Estudiantes, siempre elegía el títere del símbolo del club, el león, para animar a los chicos que ayudaba.
La organización trabaja en red y con el apoyo de cientos de voluntarios que se acercan a comunidades en contextos desfavorecidos y ponen su entusiasmo para mejorar la calidad de vida de los habitantes.
«Nos encontramos con una herencia no pensada, no querida, que recibe un padre de un hijo, proveniente de unos ahorros que Dan tenía y del seguro de vida -dice el padre-. Un día, Paula me dijo: «Ya sé qué vamos a hacer con esta plata: llevarla adonde Dan hacía su trabajo social».»
Así nació el Centro Cultural de Claypole, uno de los primeros proyectos. Amigos y jóvenes acondicionaron el espacio. Con la generosidad de la gente, juntaron juguetes, libros, material didáctico y una computadora. Esa jornada concluyó con un leoncito dibujado en la pared. «Transformamos energía negativa y devastadora en algo bueno, que nos hizo erguirnos y ponernos de pie», explica Gabriel en el estudio de danzas de Villa Crespo donde Paula enseña baile y funciona como sede de la entidad.
Luego de esa experiencia, decidieron avanzar en un camino solidario. Construyeron un merendero en el barrio La Católica de Santiago del Estero, en alianza con la Red Solidaria y el Banco Nacional de Alimentos. Viajaron 50 voluntarios, que con 300 niños del lugar vivieron tres días de emociones y juegos. Hoy, el merendero es un lugar cálido para jugar, leer, tomar la merienda y mejorar la comunicación y contención entre las familias.
También en Rosario del Tala, en Entre Ríos, construyeron una plaza para la comunidad con las miles de tapitas que juntaron junto con los vecinos y que canjearon con una empresa por juegos de plaza. Un ingeniero y un arquitecto, ambos voluntarios, viajaron para enseñarles a los jóvenes a hacer los bancos de cemento y pintarlos.
La ONG también festeja los cumpleaños infantiles del barrio San José, de Alejandro Korn, con propuestas educativas, juegos, tortas, velitas y regalos para que cada chico pueda celebrar.
Hoy El Leoncito Dan está trabajando para construir un centro comunitario en Weisburd, Santiago del Estero para que sus habitantes cuenten con un espacio artístico, talleres de oficios y un playón de deportes. Para lograrlo está realizando una campaña de recaudación de fondos y de donaciones: como elementos deportivos (pelotas y camisetas), dvds para la videoteca, una computadora y elementos de vajilla. Quienes quieran colaborar puede contactarse con Paula al (011) 1554540658 o por mail a [email protected].
Por Teresa Zolezzi – La Nación



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