Como mujer judía y periodista al ver la obra de teatro “Los Nacimientos” reviví la eterna búsqueda de los dispersos del pueblo judío al escuchar a once mujeres de pueblos originarios de América disgregados, aniquilados y sometidos.
Vivimos en un mundo en el que el dinero, la belleza, las diversiones, los medios de comunicación y los pasatiempos en general son las vías de inversión de tiempo y plata. Lo que pasa a nivel universal es mirado como eso que le pasa al otro ya sea inundaciones, terremotos, guerras o revoluciones. Hay una barrera defensiva entre lo que nos pasa y lo que pasa. Excepto cuando lo que sucede es cercano a nosotros y es entonces donde todo cambia. Y lo que te puede pasar depende y no depende de vos. Depende si te importa o si participas para salvar, ayudar o mejorar al otro, pero hay algo que sí es importante dentro de la graduación de hechos, y es el tiempo de escucha, mirada o actitud.
Esta introducción la hago porque fui como espectadora a ver la obra de teatro “os Nacimientos”, escrita y dirigida por Carlos Canale y Javier Swedsky, en el Teatro Nacional Cervantes. Las dos horas que dura el desarrollo de la misma es un antes y un después de la ubicación que tenemos como ciudadanos. La vorágine cotidiana de este mundo moderno de repente se desacelera para escuchar a tus vecinos desconocidos sobre su historia de marginalidad. Once mujeres de la Villa 31, a un paso de la Gran Ciudad de Buenos Aires, se prestaron a salir de su encierro para abrir sus testimonios históricos y actual.
Esas once mujeres dejaron el escenario de su cotidianeidad para subir al de la actuación, para contar el libreto de sus desarraigos, de su precariedad, de violencia interna y de la política de turno contra los que afean la urbe con sus precarias instalaciones urbanas llamadas villas miserias.
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La oferta que le hizo Marco Canale para que trasplanten a un teatro sus recuerdos y sus sueños, sus verdades y sus dramas, sus búsquedas de familiares perdidos y de asesinados, de su falta de educación entre el analfabetismo y tecnología, de sus nostalgias encubiertas de horas de trabajo para ganarse el pan y poder volver a ver en un viaje imaginario a los suyos tan lejanos.
Once mujeres que despliegan sus idiomas originales, sus cantos, su folklore, sus costumbres y el amasado del pan como medio de revivir a los muertos a través de un culto ancestral. Once mujeres entre el amor y el humor dejan a través de sus palabras sus penas, sus lutos y sus añoranzas.
Esas once mujeres lejos de sus tierras las tienen en sus rostros, vestimentas, lenguajes que invitan a conocerlas a través de sus reales actuaciones en las que entre lágrimas y sonrisas avanzan en sus relatos.
América conquistada ha matado a millones de sus originarios quefueron diezmados, dispersados y sojuzgados. En el caso de las once mujeres vemos un muestrario de disgregación familiar para las que ha dejado la tribu, la aldea, el poblado… para ir a buscar trabajo, para enviárselas luego para que sobrevivan y en la mayor parte para que sus madres les críen los hijos concebidos por amor, por violaciones o por los que Dios manda. Y el servicio doméstico ha sido siempre uno de los empleos en los que más se ha conocido todo esto.
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Los Nacimientos es un volver a nacer para contar y para ser escuchadas estas once mujeres que potencialmente millones que caminan entre nosotras ante oídos sordos y ojos ciegos. Estar dos horas para escucharlas es salir con otro compromiso ante la sociedad.
Por Martha Wolff


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