Ilana Gritzewsky, una ciudadana mexicana liberada del cautiverio en Gaza, pide que devuelvan con vida a Matan Zangauker, aún secuestrado por Hamás.
La joven mexicana llegó a Israel en 2009. Ingresó por un período corto al ejército donde fue paramédica y condujo una ambulancia. Posteriormente, trabajó siete años como jefa de seguridad de una planta de desarrollo de CBD (Cannabidiol), incluso llegó a ser directora. Hace tres años conoció a su novio, Matan, y año y medio después comenzaron a vivir juntos en el kibutz Nir Oz, uno de los lugares donde los terroristas de Hamás cometieron la masacre el 7 de octubre de 2023.
Ilana y Matan fueron secuestrados. Los terroristas la liberaron en noviembre del año pasado. Él sigue cautivo, y Hamás publicó una señal de vida a principios de mes.
Ilana Gritzewsky, una ciudadana mexicana de 30 años, fue secuestrada por el grupo Hamás el 7 de octubre de 2023 durante un ataque en el kibutz Nir Oz, ubicado cerca de la Franja de Gaza. En ese momento, se encontraba con su novio, Matan Zangauker, de 24 años, quien continua… pic.twitter.com/hj6fCIe7Fo
— SissiEmperatriz 🇮🇱 (@GabyLob) December 30, 2024
Ilana afirmó: «Estoy destrozada, incompleta, cansada. Yo les juré a todos mis amigos que dejé en los túneles, que yo iba a hacer todo y que iba a levantar mi voz y contar mi historia para que todo el mundo sepa lo que ese grupo terrorista nos hizo y lo que siguen pasando 101 secuestrados».
«No son historias, es gente que está sufriendo, familias enteras que esperan que sus hijos, hermanos, madres, padres sean regresados. Están viviendo un infierno. No se lo deseo a nadie», agregó.
Además, dijo: «Ese recuerdo no se puede olvidar. En los túneles no tenía aire, no podía respirar, no me daban de comer. Bajé 12 kilos. Sufro de colitis, de anemia, de gastritis. Vomitaba y me desmayaba. Me levantaban a medianoche nada más para hacerme interrogatorios de qué hacía en el ejército o qué estaba haciendo o si era soldada, cuando yo les dije que era mexicana y que lo único que estaba haciendo en ese país era trabajar para ayudar a mi familia en México. Y no les importó. Me secuestraron, me rompieron mi cadera, me destrozaron el oído izquierdo, me quemaron, me dejaron toda la pierna con cicatrices, me destrozaron la mandíbula con golpes a armas, me manosearon. Y nada les importó. No importa lo que dije o hice. Me convertí en su sirvienta, limpiándoles cocinas y baños y haciendo lo que me decían».
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«Uno me venía y me abrazaba diciéndome que me iba a casar con él y a tener hijos, y que esa era mi nueva casa. Me pasaba su arma para que yo jugara y me convirtiera en uno de ellos», relató.
A su vez, la mujer de 30 años aseveró: «Estuve encerrada en un cuarto, en un piso, con cucarachas, sin nada que comer. Se reían de mí. Me llevaron a un hospital, donde cerraron todo un piso para ellos usando civiles palestinos y a nosotros, a los secuestrados, como escudo humano».
«El 7 de octubre a las 6.30 yo estaba en mi sala tomando mi café para sacar a pasear a mi perro. Cuando empezaron las alarmas llegaron a mi casa, me rompieron todo. Dispararon por todas partes, dispararon a la manija donde mi novio la estaba agarrando con todas sus fuerzas para que no entraran. Lograron abrir la puerta y romperla. Y eso fue cuando mi novio me gritó que brincara por la ventana para salvarme. Brinqué por mi ventana y mi novio también brincó. Y cuando brinqué y llegué al patio trasero de mis vecinos, entendí que no iba a servir a donde corriera porque todo mi kibutz se estaba quemando. Todos los terroristas estaban corriendo por todas partes y disparando por todos lados. Había cuerpos por todos lados», contó.
También añadió que la «subieron a una moto. Me aventaron contra una pared primero, me golpearon con armas, me manosearon. Intentaron grabarme, no pudieron. Me arrastraron por el suelo hasta subirme a una moto. Un terrorista iba adelante y otro atrás. Me iban manoseando, ahorcando y poniéndome un plástico en la cabeza para no poder respirar ni ver. Y sin saber dónde estaba mi novio porque cada uno había corrido en diferente dirección para salvar su vida y no sirvió»
«No voy a bajar mi voz y voy a alzar mi voz contra quien sea para poder regresar a mi novio y a los secuestrados que siguen siendo violados y maltratados bajo un grupo terrorista», sentenció.
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Sobre el final del relato, manifestó: «Solamente cuando el mundo entienda que si nos unimos y no ponemos política y religiones ni colores, vamos a poder acabar contra el terrorismo. Ahorita fuimos nosotros. Pero les recuerdo que hubo un ataque en Atocha (11 de marzo de 2004) por un grupo terrorista. El 11 de septiembre fue en Estados Unidos. Y si el mundo se calla, va a llegar a todos»
«No tengo día y no tengo noche. No duermo, no como. Lo único que hago es contar mi historia vez tras vez para regresar a mi novio y poder volver a respirar. Porque a lo mejor ustedes podrán ver mi cuerpo aquí, pero mi alma sigue enterrada en los túneles. Estuve 55 días y no vino la Cruz Roja. No recibí tratamientos médicos, no recibí medicamentos, no recibí comida, no recibí agua, no recibí higiene», concluyó.
Video: @GabyLob

