Los judíos pueden ser categorizados en los siguientes términos, tal como lo hace Jean- Claude Milner:
A. Los judíos de afirmación, son aquellos que viven de acuerdo a sus valores y tradiciones, que regulan todas las acciones de su vida cotidiana (observancia de rituales, festividades, circuncisión, alimentación Kosher etc.). Éstos anclan su pertenencia étnico-cultural en un axioma crucial: el estudio de los textos fundacionales con el consiguiente cumplimiento de todos los preceptos de la Ley Judía (Halajá) y su transmisión de generación en generación.
Estos judíos despiertan un excesivo rechazo por parte de todos aquellos que pretenden desprenderse vanamente de su condición, dado que con estas conductas y actitudes los judíos de afirmación, visibilizan la propia identidad renegada. Pareciera que los judíos de afirmación se constituyen como una molesta presencia, dado que nos recuerdan a cada uno de nosotros nuestra propia filiación y la deuda simbólica que nos liga con nuestros ancestros.
Existen empero, crecientes y numerosos grupos de judíos de afirmación, que mantienen sólidos vínculos con la tradición, alejados de la ortodoxia clásica, pero genuinamente asentados en el respeto de los valores y el cuidado de los principios rectores del judaísmo.
La mayor flexibilidad en la observancia de los preceptos, facilita la adhesión de muchos integrantes de nuestra comunidad, que se identifican como judíos de afirmación, sin que haga obstáculo a la asunción de su condición, lo que ellos consideran posturas extremadamente dogmáticas, alejada del espíritu de los tiempos.
B. Los judíos de interrogación, son los que carecen de algún contenido positivo de su “identidad” étnico-cultural, sin pensamientos ni conductas que los sindiquen como tales ante las compactas mayorías. Muestran marcadas dudas y ambivalencias hacia el judaísmo, habitualmente racionalizadas con argumentos ideológicos y/o políticos, al servicio de debilitar los lazos con su comunidad.
Se hallan enfrascados en dilemas indecidibles, que dan cuenta de un fuerte desgarramiento subjetivo, entre sus fuertes deseos de asimilarse al medio y las sólidas corrientes emocionales inconscientes que los habitan desde la infancia y los ligan al pasado inmemorial.
En la actualidad los judíos de interrogación suelen postular que el judaísmo debe revisar sus fundamentos, y con la intensión genuina de adaptarlo a los tiempos, suelen poner en cuestión las bases mismas que lo singularizan como cultura.
Así, y a modo de ejemplo, se sostiene que el discurso judío se debe asentar en preguntas más que en respuestas, lo que deriva en la transmisión de significantes vacíos, que no se resuelven en ninguna posición comprometida con los valores irrenunciables de la “identidad” judía.
Recordemos que las preguntas dejan las cuestiones existenciales centrales “abiertas”, sin referencias definidas que otorguen un sentido positivo a los interrogantes esenciales que plantean las nuevas generaciones, las que quedan así arrojadas a una perpetua indeterminación, sin algún orden de respuestas, que ofrece la rica tradición judía. Estas por el contrario, no clausuran de ningún modo la cultura judía, sino que muestran una renovada potencialidad, que ha permitido recrear con originalidad el potente pensamiento judío a lo largo de los siglos.
Si de lo que se trata es de construir un universo judaico sin ritos ni dogmas de fe, se debe considerar que aún esta posición “aperturista y renovadora” requiere de fundamentos sólidos e irrenunciables que reconozcan el valor de la ética judía, asentada en el Pacto con la Palabra, en la hegemonía de la Ley simbólica, en la transmisión del discurso bíblico, y en el respeto por la diferencia generacional y sexual.
Resulta imposible construir una comunidad de pertenencia étnico-cultural sin “valores de referencia” consistentes, cuya disolución en nombre del cambio, termina finalmente atacando los fundamentos mismos que sostienen la continuidad del pueblo judío.
Una transmisión basada exclusivamente en preguntas sin respuestas, deriva en un caos identificatorio, y en confusiones existenciales que suelen ser resueltas de modo imaginario, que siempre debilitan los vínculos de pertenencia grupal.
La transmisión requiere de convicciones sólidas sobre el judaísmo, que sostengan el cambio en el interior de una permanencia.
Sostengo que el cuestionamiento excesivo de la tradición no apunta a su renovación, sino lisa y llanamente a su revisión radical, verdadero “parricidio” simbólico, que aspira a un judaísmo sin otro contenido que meros interrogantes, que no sólo no resuelven nada, sino que sirven a los efectos de eludir cualquier compromiso judaico.
Recordemos que el judaísmo configura una cosmovisión asentada en la fidelidad a las escrituras, y en el sostenimiento de una práctica de transmisión articulada en torno al estudio de los Textos y la fidelidad a la letra de la Ley y a ritos y mitos de altos gradiente simbólico, que expresan una religiosidad –religión y una mesianidad –mesianismo, que aspira a la redención del mundo a través de su reparación merced a indisoluble ligazón entre las buena acciones (mitzvot) y la oración.
La deconstrucción crítica del judaísmo debe realizarse hasta el límite mismo que imponen sus valores y sus principios fundacionales, dado que si se ponen en cuestión los fundamentos, no queda sino un discurso residual, asentado exclusivamente en endebles vínculos emocionales, que signa a un grupo sin destino, tal como lo evidencia la creciente asimilación del pueblo judío.
C. Los judíos de negación, son aquellos que postulan un universalismo extremo, que descree de las singularidades y particularismos nacionales y étnicos, y aún carecen de solidaridad con los judíos que son objeto de persecución, como si a ellos mismos no les concerniera el antijudaísmo, y se arrogan por ende el derecho de considerarse en tanto judíos, impunemente antijudíos.
La comprensión de esta dinámica entre las distintas expresiones de la conciencia judía nos permite una mayor comprensión de la vida comunitaria y quizás un mejor enfoque de las complejas cuestiones de la vida judía.
Por Dr. José Milmaniene



What a stuff of un-ambiguity and preserveness of valuable know-how about unexpected
feelings.